El príncipe Enrique de Inglaterra, tercero en la línea de sucesión, vuelve a dar de qué hablar a los tabloides británicos por su afición a la juerga.
Tras presenciar el partido de fútbol de Portugal contra Brasil en el estadio londinense del Arsenal, en compañía de sesenta soldados del cuartel de Windsor, el nieto de Isabel II se dirigió a una discoteca, donde se unió a la cantante Madonna y a su esposo, Guy Ritchie.
Según el diario "The Sun", que parece haber seguido todos sus pasos, Enrique se tomó con ellos varios cócteles de ron y vodka y fue luego testigo del estallido de una pelea en la pista de baile, lo que motivó que sus guardaespaldas le ofrecieran inmediatamente protección.
El periódico relata el testimonio de un compañero de juerga según el cual, en un determinado momento, Harry llegó a lamer de una mesa el champán que se había derramado de una botella y no pareció importarle que uno de sus compañeros de juerga vertiera un coctel sobre su chaqueta.
La discoteca Mahiki, de ambiente tropical, es uno de los locales nocturnos favoritos de Enrique y de su hermano mayor, Guillermo, desde que abrió sus puertas el pasado octubre.
Doña Letizia, embarazada de seis meses, estuvo al frente de la despedida de su hermana arropando con una fuerza tremenda a la familia; cumpliendo estrictamente con el protocolo "no se olvidó de hacer la reverencia al Rey cuando salió a la puerta del tanatorio para despedirlo- y estando a la altura de las circunstancias cuando, en un momento que no es difícil imaginar como terriblemente doloroso, sacó fuerzas para dirigirse a los españoles a través de las cámaras dando las gracias en nombre de todos.
Erika Ortiz trabajó el viernes pasado "normalmente" (luego tenía algunos días libres) en la productora de televisión Globomedia. Sus compañeros no habían notado cambios en el carácter de Erika, cuya muerta fue toda una sorpresa. Según relató una vecina de Erika a los periodistas concentrados a las puertas de la vivienda, por las mañanas solía oir hablar a la fallecida con su hija, pero ayer no sintió nada. "Era una persona muy sencilla, hacía vida normal, la veíamos mucho por el barrio, pero estos días no habíamos visto nada extraño en ella", dijo la mujer.