Anoche teníamos programado un gran baile en Aitatica, en La Chorrera, una presentación que esperábamos con entusiasmo junto a todo nuestro equipo.
Sin embargo, la noche dio un giro inesperado cuando nos sorprendió el temblor con el epicentro registrado acá, un evento que nos tomó por sorpresa a todos.
Obviamente, la situación nos dejó con mucho miedo y asustados por la magnitud de lo ocurrido, aunque inicialmente mantuvimos la firme intención de asistir.
Tomar la decisión de ir no era solo por cumplir un compromiso laboral de Doralis y Cajo, sino pensando profundamente en el bienestar de nuestros músicos.
La gran mayoría de ellos proceden de lugares lejanos como Azuero, Coclé y otras regiones, y muchos también han resultado afectados de una u otra forma por este terremoto.
Mucha gente podrá pensar y decir que no estamos en momentos propicios para fiestas, y en el fondo tienen toda la razón ante la gravedad de la situación.
Créeme que yo misma no tengo ninguna gana en este momento de pararme en una tarima a brincar, bailar y saltar como lo hacemos habitualmente.
Pero la cruda realidad es que tenemos que trabajar porque hay que comer, y una empresa o un negocio nunca se compone de una sola persona.
Somos más de once familias involucradas, incluyendo a nuestro sonidista y a los compañeros que trabajan con nosotros desde Santiago de Veragua, quienes también han sufrido afectaciones.
Aunque anoche el baile no pudo llevarse a cabo por el miedo generalizado y la incertidumbre, aquí seguimos firmes, esperando que el 2027 nos traiga mejores tiempos y confiando siempre en Dios en que todo va a cambiar para bien.