Al pintor cubano Carlos Quintana no le gusta hablar de su obra. Prefiere que ella misma se presente. Que apele al viandante.
Y eso, precisamente es lo que está ocurriendo en galería Habitante, donde exhibe una individual con el tema de los caballos. Pero, hay otros caballos que trotan dentro de esas cuatro paredes.
En la sala contigua, la primera al trasponer el umbral, cerca de una decena de caballos, pero del pintor panameño Eduardo Navarro, reciben a los apasionados del arte pictórico. Son caballos rojos, negros, anaranjados, blancos, cremas, azules, que parecieran unos danzar, otros volar y otros coquetear con quien los mira.
Los de Navarro son caballos con esa chispa propia de todo lo del trópico, rebosantes de energía, saltarines. Están solos. Sin amos. Libres.
Los de Quintana parecen más apacibles y son una invitación a una introspección, son cuadros que están cargados de interrogantes sobre la dualidad hombre-animal.
Familia roja, St. Cristóbal, Esclavo de la virtud, Llegó la sopa, Juego de caballitos, Los caballos y un faro de flores, Toda la familia huyendo, Cuadro costumbrista español de principio de siglo, Caballo chiquito (centauro), Dianita Fuentes montando a caballo son algunas de las obras del pintor cubano Carlos Quintana, en la cual Gloria Lorenzo, pintora y escultora, puede ver la naturaleza del hombre, en la que coexisten el bien y el mal.
Opina que Quintana es “un conocedor porque es una obra bien fuerte”.
Le llama, asimismo, la atención en este arte figurativo cómo el pintor cubano se las arregla para lograr una yuxtaposición de lo real y lo fantástico (el animal con el ser humano en uno de los cuadros en los que hay un centauro).
Entre tanto, Mercedes Palomo, productora comercial de TV, considera que la de Quintana es una “obra muy fuerte porque es una obra muy simbólica que cuando usted la mira tiene mucho trasfondo”. También le impacta el conjunto animal-hombre.
En lo que a los caballos del panameño Eduardo Navarro respecta, el joven pintor Juan Raúl Díaz Fábrega, opina que ahora la obra de Navarro es más figurativa y con más movimiento. Antes le parecían caballos más estáticos.
Por su parte, Sigfrido Ibarra nos dijo: “Eduardo Navarro utiliza el lienzo para descargar toda su fuerza interior. Todo un mundo lleno de movimiento, ritmo y color”.
Añade que “es una obra que le permite a él poder expresar fuerza”. Y, aludiendo al hecho de que son cuadros de gran tamaño, expresa que “no sería igual en obras pequeñas”.
Sigfrido Ibarra considera que dentro de lo contemporáneo Navarro está entre los primeros pintores panameños y resalta de las obras que exhibe en Habitante “la monocromía sobre telas vírgenes”.