La chica mala del pop, Lily Allen, quiere cambiar y dejar atrás su vida de escándalos, excesos y enemistades y coronarse como "La estrella más brillante del pop", y todo indica que lo logrará con su nuevo trabajo musical: 'It's Not Me, It's You'.
Lily acaba de confesar que al principio de su carrera cometió muchos errores, porque no tenía ni idea de cómo lidiar con la fama.
La cantante de Smile tenía tan solo 21 años de edad cuando saltó a la fama y se encontró con miles de atenciones en fiestas y eventos, con bebida gratis y drogas también, por lo que siempre era retratada por la prensa en mal estado: "Si hubieras venido a mi casa hace dos años, no me habría levantado antes de las once de la mañana. Habría botellas de vodka vacías por todas partes, drogas y lo que fuera. Todo esto pasaba cuando tenía 21 años. Ser famosa da mucho miedo, y es muy extraño. Yo no tenía ni idea de cómo controlarla... Así que lo que haces es caer en la bebida. Te invitan a fiestas y hay bebida y drogas gratis", señaló la artista.
Pero Allen está convencida de haber dejado atrás su estilo de vida fiestero, y ahora se niega a hacer ninguna fiesta salvaje en su casa de Londres: "No quiero que venga nadie a altas horas de la madrugada. No quiero drogas en este apartamento".
Ahora, a los 23 años, Lily Rose está harta de ser blanco de un buen número de medios de comunicación más interesados en su vida privada que en su carrera, por lo que ha dejado de nadar topless, beber y ha aceptado públicamente que de adolescente vendió éxtasis (droga) en Ibiza y que ya no quiere hablar de eso.
"No me gusta que escriban de mi personalidad cuando en realidad no me conocen. Muchas veces los reporteros escriben rumores como si fueran hechos, eso me molesta mucho porque el público tiene una idea errónea de quién soy. Por eso ya no escribo mucho en mi blog, ni hablo de mi vida privada, ya no me dejo fotografiar con una bebida en la mano aunque sea agua porque van a inventar que es otra cosa".