Lunares: atractivos, llamativos y ¿peligrosos?
Publicado 2003/10/01 23:00:00
- Daschenka Chong
Con el correr de las épocas los lunares han tenido diferentes connotaciones, en un tiempo se creía que los grandes eran marcas que hacía el maligno a sus siervos, en otro eran símbolo de sofisticación y nobleza; alguna vez también fueron etiquetados como vulgares o provocadores. Lo cierto es que un lunar si es bien llevado, hace más bien que mal, si no recuerden a Marilyn Monroe y a la top model Cindy Crawford. Los lunares son una acumulación de tejidos o células de un mismo tipo, fue la definición nada sexy que nos dio el Dr. Ernesto González Pujol, dermatólogo, cosmiatra y director del Centro de Dermo Cirugía y Transplante del Cabello.
Por lo general, los lunares son hereditarios, nacemos con la programación del lunar de la mejilla de nuestra madre o el del brazo de nuestro padre. Sin embargo, la edad en la que suelen salir es desde la niñez hasta la etapa adulta joven.
Los lunares más frecuentes son los pigmentados o los que tienen color, que pueden inclusive crecer con la persona. Están localizados en capas profundas de la piel y tienen células que los hacen crecer y cambiar. Los lunares tienen un ciclo de vida: nacen, crecen y envejecen. El dermatólogo nos explicó que si una persona llega a vivir 100 años sus lunares desaparecen o se caen.
El Dr. González Pujol nos advirtió acerca de la necesidad de hacer la diferencia entre los lunares y las lesiones. Los léntigos son lesiones que aparecen por el daño solar, tienen forma de lenteja y se parecen a las pecas.
Cuando se es adulto mayor (50-60 años) pueden aparecer las queratosis seborreica, los pacientes los ven como simples lunares. Hay que revisarlos.
Las señales que le advierten que su lunar se está convirtiendo en algo peligroso o los signos de malignización son:
Las “tetitas de carne” o “verrugas” son lesiones que salen en la cara, cuello, ingles o axilas, su nombre científico es acrocordones. Pueden ser del color de la piel o más oscuros, no son lunares, sino lesiones de piel hereditaria, son benignas y no corren el riesgo de convertirse en nada malo, el problema es puramente estético. En esos casos se queman o se cortan de manera sencilla y pueden seguir saliendo.
Los lunares pueden ser de varios tipos: sebáceo (compuesto por glándulas sebaceas), piloso (de pelo), blancos o acrómicos, de glándulas sudoríparas, entre otros. Los lunares azules tienen una concentración muy alta de melanocitos, las células que producen el color de la piel. Los lunares rojos o nevo rubí no son verdaderos lunares, sino acumulaciones de vasos sanguíneos que generalmente aparecen en una piel que está envejeciendo y que tiene predisposición a éstos.
Algunos niños pueden nacer con lunares muy grandes que ocupan medio rostro, un brazo, toda la espalda o el pecho, son llamados nevos celulares gigantes o lunares en bañador; recibieron este nombre porque en ocasiones ocupaban el área que cubre el vestido de baño. No se deben confundir con las manchas mongólicas con las que nacen y que desaparecen con el pasar del tiempo. Los nevos celulares no se pueden remover, pero el médico recomienda vigilarlos porque dentro de ellos puede haber cambios de células malignas o cáncer de piel.
Carlos Barés, jefe de la Policía Nacional tiene un lunar conocido como nevo de ota. Estos lunares parecen como manchas de mapache e incluso pueden afectar la conjuntiva. Se pueden tratar con láser y son benignos.
Algunos nacen con un lunar en el cuero cabelludo que se desarrolla en la niñez y crece hasta parecer una verruga. Existe una gran posibilidad de que se convierta en cáncer, por eso el Dr. González Pujol señaló que una vez tienen conocimiento de él, los dermatólogos lo extirpan.
Los lunares más peligrosos, de acuerdo con el galeno, son los nevos de unión, que son los que tiene la células de malanocitos en la unión entre la epidermis o capa superficial de la piel y la capa media o dermis. Esa localización hacen que sean muy activos y puedan transformarse en cáncer de piel. Comúnmente se encuentran en la palma de la mano, en la planta del pie, en los labios, en los párpados, áreas que por el roce, traumas o cambios de color pueden degenerar en un melanoma.
Los lunares en la espalda en las mujeres, según las estadísticas, sobre todo en quienes toman sol en la playa, son susceptibles de generar cáncer de piel.
Aunque se trate de un lunar común y corriente los dermatólogos prefieren curarse en salud y quitarlo por medio de cirugía y mandarlo a estudiar. Si el día de mañana el paciente presenta un cáncer de piel no se sabría nunca que ese lunar fue o no el culpable.
Según la metodología empleada podemos hablar de cirugía excisional (se extrae el lunar con todo y piel), el “shaving” o afeitado del lunar o el método de las tijeras (se corta sólo la parte superficial del lunar). El experto no está de acuerdo con el uso del láser, porque se quema todo lo que había allí y no hay forma de mandar a estudiar un tejido quemado.” No es una buena idea”, indicó.
Por lo general, los lunares son hereditarios, nacemos con la programación del lunar de la mejilla de nuestra madre o el del brazo de nuestro padre. Sin embargo, la edad en la que suelen salir es desde la niñez hasta la etapa adulta joven.
Los lunares más frecuentes son los pigmentados o los que tienen color, que pueden inclusive crecer con la persona. Están localizados en capas profundas de la piel y tienen células que los hacen crecer y cambiar. Los lunares tienen un ciclo de vida: nacen, crecen y envejecen. El dermatólogo nos explicó que si una persona llega a vivir 100 años sus lunares desaparecen o se caen.
El Dr. González Pujol nos advirtió acerca de la necesidad de hacer la diferencia entre los lunares y las lesiones. Los léntigos son lesiones que aparecen por el daño solar, tienen forma de lenteja y se parecen a las pecas.
Cuando se es adulto mayor (50-60 años) pueden aparecer las queratosis seborreica, los pacientes los ven como simples lunares. Hay que revisarlos.
Las señales que le advierten que su lunar se está convirtiendo en algo peligroso o los signos de malignización son:
- Crecimiento descontrolado.
- Pierde la forma, ya no es redondo ni bonito.
- Le aparecen pintas a los lados, pierde el color o cambia de tono.
- Se enrojece, inflama, pica, duele o sangra.
Las “tetitas de carne” o “verrugas” son lesiones que salen en la cara, cuello, ingles o axilas, su nombre científico es acrocordones. Pueden ser del color de la piel o más oscuros, no son lunares, sino lesiones de piel hereditaria, son benignas y no corren el riesgo de convertirse en nada malo, el problema es puramente estético. En esos casos se queman o se cortan de manera sencilla y pueden seguir saliendo.
Los lunares pueden ser de varios tipos: sebáceo (compuesto por glándulas sebaceas), piloso (de pelo), blancos o acrómicos, de glándulas sudoríparas, entre otros. Los lunares azules tienen una concentración muy alta de melanocitos, las células que producen el color de la piel. Los lunares rojos o nevo rubí no son verdaderos lunares, sino acumulaciones de vasos sanguíneos que generalmente aparecen en una piel que está envejeciendo y que tiene predisposición a éstos.
Algunos niños pueden nacer con lunares muy grandes que ocupan medio rostro, un brazo, toda la espalda o el pecho, son llamados nevos celulares gigantes o lunares en bañador; recibieron este nombre porque en ocasiones ocupaban el área que cubre el vestido de baño. No se deben confundir con las manchas mongólicas con las que nacen y que desaparecen con el pasar del tiempo. Los nevos celulares no se pueden remover, pero el médico recomienda vigilarlos porque dentro de ellos puede haber cambios de células malignas o cáncer de piel.
Carlos Barés, jefe de la Policía Nacional tiene un lunar conocido como nevo de ota. Estos lunares parecen como manchas de mapache e incluso pueden afectar la conjuntiva. Se pueden tratar con láser y son benignos.
Algunos nacen con un lunar en el cuero cabelludo que se desarrolla en la niñez y crece hasta parecer una verruga. Existe una gran posibilidad de que se convierta en cáncer, por eso el Dr. González Pujol señaló que una vez tienen conocimiento de él, los dermatólogos lo extirpan.
Los lunares más peligrosos, de acuerdo con el galeno, son los nevos de unión, que son los que tiene la células de malanocitos en la unión entre la epidermis o capa superficial de la piel y la capa media o dermis. Esa localización hacen que sean muy activos y puedan transformarse en cáncer de piel. Comúnmente se encuentran en la palma de la mano, en la planta del pie, en los labios, en los párpados, áreas que por el roce, traumas o cambios de color pueden degenerar en un melanoma.
Los lunares en la espalda en las mujeres, según las estadísticas, sobre todo en quienes toman sol en la playa, son susceptibles de generar cáncer de piel.
Aunque se trate de un lunar común y corriente los dermatólogos prefieren curarse en salud y quitarlo por medio de cirugía y mandarlo a estudiar. Si el día de mañana el paciente presenta un cáncer de piel no se sabría nunca que ese lunar fue o no el culpable.
Según la metodología empleada podemos hablar de cirugía excisional (se extrae el lunar con todo y piel), el “shaving” o afeitado del lunar o el método de las tijeras (se corta sólo la parte superficial del lunar). El experto no está de acuerdo con el uso del láser, porque se quema todo lo que había allí y no hay forma de mandar a estudiar un tejido quemado.” No es una buena idea”, indicó.

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