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Matriarcado aprovecha ingresos de turismo sin renunciar a valores


Uno de los matriarcados mejor conservados del mundo, la minoría étnica Mosuo en el suroeste de China, aprovecha ahora los ingresos que le genera el turismo sin por ello renunciar a los valores que rigen esta sociedad de 3.000 miembros y 2.000 años de antigüedad.
Situada a orillas del lago Lugu, en la frontera entre las provincias de Sichuan y Yunnan, se encuentra esta comunidad en la que mandan las mujeres, en concreto las de mayor edad.
El 85 por ciento de su población mantiene aún la estructura familiar de matriarcado en el que las mujeres dominan, protegen a los mayores y a los niños, perpetúan el linaje y distribuyen la riqueza y los recursos con ecuanimidad.
Una de ellas, de once miembros, es la liderada por la madre de Caoshidamu, de 72 años, aunque es ella, de 38, la que se ocupa en realidad de la gestión de las labores cotidianas.
Sociólogos, etnólogos y ecologistas de todo el mundo han prestado una gran atención a este tipo peculiar de estructura familiar y comunitaria, entre cuyas virtudes destaca la unidad, la amistad, la falta de egoísmo y la ayuda mutua.
Los miembros de esta comunidad mantienen tradiciones como la que establece que las parejas vivan separadas durante el día, en la casa de sus respectivas madres, para convivir una vez caída la noche.
De ese modo, ambos se respetan como si de un invitado se tratase, sin que se produzcan roces, contradicciones o los enredos propios de la falta de consenso.
De hecho, los jóvenes no se casan, sino que se mantienen unidos o se separan de forma voluntaria, sobre un fundamento de sentimiento mutuo.
Pero no renuncian a las ventajas de la modernidad, ya que los beneficios que les genera el dar cobijo a los turistas, o pasearlos por el lago en canoa, les sirven para hacerse con televisores, lavadoras o equipos de sonido.
Desde que la zona quedó abierta al exterior por orden de las autoridades en 1988, el lago Lugu, de 50 kilómetros cuadrados, se ha convertido en destino de turistas de todo el mundo que llegan atraídos por esta cultura, por las aguas transparentes y el espectacular entorno natural, coronado por la grandiosa y mística montaña de la diosa Gemu.
Localizada a 2.690 metros sobre el nivel del mar, la comunidad de los Mosuo se ha dedicado tradicionalmente a la pesca, al pastoreo y a los animales de granja, aunque la afluencia de curiosos ha supuesto, además, una oportunidad para conocer el mundo exterior y una nueva fuente de ingresos.
Los invitados conviven con ellos en sus casas y por las noches disfrutan, alrededor de una fogata, de los bailes y canciones populares que interpreta esta minoría étnica en la que se respeta a los viejos, se quiere a los niños y, entre sus miembros, se cuidan unos a otros como si fueran hermanos.
Según la tradición, sólo las mujeres pueden ser las herederas en las familias, por lo que a ellas se dedican las atenciones en materia de formación, estudios y preparación para el futuro, ya que serán dueñas de la propiedad y manejarán la economía familiar.
Se trata, sin duda, de la excepción en un país milenario donde, desde siempre, fueron los hijos varones los que disfrutaron de todos los privilegios, mientras que las mujeres, una vez desposadas, pasaban a pertenecer a la familia del varón y quedaban bajo las órdenes despóticas del marido y de la madre es éste.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América