Ayer, las distintas naciones que conforman el planeta Tierra hicieron un alto para festejar a la danza, un arte que desde el origen de la humanidad ha estado presente cuando ha estado el “Homo sapiens” viviendo momentos de gloria, cuando ha experimentado derrotas, cuando la muerte le ha arrebatado la sonrisa y las ganas de seguir bregando en este valle de lágrimas, cuando ha conquistado sus miedos, cuando ha emprendido grandes batallas por fama, dinero, territorio o algún otro elemento símbolo de poder, cuando anuncia vida y también cuando ¡guerra!
Además de ser un medio de expresión de estado anímico (celos, alegría, tristeza, ansiedad, miedo) o con el que se demuestra supremacía o sumisión, coquetería, garbo, amor, odio... la danza es un vehículo para transmitir valores, tradiciones, apego a las raíces.

En Panamá nos sentimos orgullosos de contar con el Ballet Nacional, academias de danza, grupos de baile, coreógrafas y coreógrafos que en las obras teatrales se lucen con los diseños coreográficos, agrupaciones como La Tribu, danzas autóctonas como las de los Guna Yala, Ngäbe Bugle y Emberá Wounan.
¡Ah y no podemos dejar de mencionar a las agrupaciones que mantienen vivas las danzas afroantillanas, de las que panameños y turistas pueden disfrutar cada dos años en el Festival de Diablos y Congos en Portobelo.

Los folcloristas, que contribuyen a preservar nuestro folclore merecen también reconocimiento en una fecha como ésta.
No menos importante es resaltar el aporte de los que optan por promover las danzas contemporáneas.

El baile, de hecho, está demostrado que es una catarsis, así que, suele usársele también como terapia. Eso sin mencionar que ayuda a quemar calorías y a sentirse súper bien.
Un aplauso para todos aquellos que aportan su granito de arena para enriquecer la danza, esa especial manera de comunicarse sin palabras, solo con el movimiento del cuerpo, con o sin música.