Según afirma, un gran número de ejecutivos entrevistados confesaron sentirse más seguros en la oficina que en su casa, con hijas que les consideraban chapados a la antigua y esposas ajenas a lo que ocurría en su territorio laboral.
Hite razona que esto ocurre porque "la cultura corporativa de las grandes empresas se ha quedado desfasada y aún es muy machista; por ejemplo, todavía se considera que el presidente de una compañía importante debe estar casado y tener hijos, cuando la realidad es que el 50 % de la población de Occidente es soltera. A pesar de que las empresas han avanzado en los asuntos femeninos, son más sensibles hacia las necesidades de sus empleados y se preocupan por los valores, aún subsiste una base muy machista y la mujer no consigue romper ese techo invisible que la mantiene etiquetada en sus funciones tradicionales".
La explicación a estas conductas -expresa Shere Hite- hay que buscarla en la pubertad masculina, que es cuando los hombres son moldeados en la creencia que asocia virilidad con poder, y debilidad con la manifestación de sentimientos o el apego a la madre. Los mensajes a esa edad apuntan a que hay que jugar a ser fuertes, duros y poderosos, y esos mensajes se trasladan después al lugar de trabajo y sirven para relacionarse con las mujeres. "Si los hombres son capaces de reconocer esto, entonces pueden cambiar su actitud en el trabajo, porque son los hombres quienes más deben cambiar".
SOFTWARE MENTAL
"Las mujeres -prosigue- ya han cambiado sus esquemas psicológicos y emocionales, y los hombres se sienten muy incómodos ante ellas porque estos cambios hacen que sientan amenazada su identidad masculina, ya sabes, por tradición el hombre ha probado su hombría en la batalla o... en la oficina". "En este momento -continúa- muchos hombres se preguntan quiénes son, qué son y cómo deben relacionarse con las mujeres, y como no tienen con quién hablar de estas cosas, porque no son asuntos que suelen tratar, se sienten desorientados y desean cambiar".
Hite argumenta que las mujeres han cambiado mucho en los últimos 25 años, "han adaptado sus horarios para poder tener una familia y un empleo, han cambiado su software mental, y están preparadas para trabajar a cualquier edad y a cualquier nivel, pero aún se las culpa por el bajón que sufren entre los 30 y los 40 años, con la crianza de los hijos".
Aunque los horarios a tiempo parcial y el auge de Internet están creando nuevas oportunidades para las mujeres dentro de las empresas, Shere Hite apunta que queda mucho por hacer: "A los 20 años uno cree que se come el mundo, y a los 30 las mujeres sienten que el mundo se las come a ellas. Se preguntan si serán capaces de seguir adelante y tener un hijo, y lo retrasan y retrasan sin que nunca llegue el momento". De hecho, ella no tiene hijos.
EXILIO PERSONAL
Cuando en 1987 se publicó el segundo Hite Report, que versaba sobre las mujeres y el amor, fue calificado como un intento de supervivencia de su autora, que atravesaba problemas económicos. Incluso tuvo que abandonar su suntuoso apartamento en la Quinta Avenida, poner sus muebles en depósito y empezar lo que ella califica como "la vida de una hija en el exilio".
En 1996 renunció a su nacionalidad estadounidense y se estableció en Alemania, el país de su esposo, Friedrich Horicke, un concertista de piano. Su base de operaciones actual es París pero también pasa temporadas largas en Berlín, Inglaterra, España, Italia y Japón. En este país es profesora en la Universidad Nihon de Tokio, donde imparte clases de una disciplina llamada "Estudios sobre los Géneros" y en donde ha sido premiada con un doctorado por sus reportajes sobre la familia. Todo esto le ha dado, según comenta, una perspectiva internacional de la cultura de los negocios.
Shere Hite pasa varios meses al año en un país donde se bromea sobre el sistema, diciendo que los japoneses sólo esperan que sus mujeres trabajen cuando son niñas. Ella cree que en Occidente las cosas no son muy distintas, ya que la mayoría de las grandes corporaciones no tienen mujeres en sus altos niveles, y sí muchos jovencitos con MBA (Master in Business Administration). "Cuando las mujeres cumplen 35, literalmente desaparecen de los altos niveles, y muchas de 40, 50 y 60 años se sienten frustradas y se preguntan por qué no son reconocidas".
PREJUICIOS NO CASUALES
Para la autora no vale la disculpa de que las empresas prefieren contratar a jovencitos y entrenarlos hasta que alcancen las posiciones más altas, y evitar así el patrón de la mujer a mitad de su vida laboral. "Lo que hay son muchos prejuicios, y no precisamente casuales", afirma.
Aquí se llega al punto crítico. "No se trata de que las mujeres desaparezcan de las empresas a los treinta porque deciden tener hijos, sino que desaparecen porque es a esa edad precisamente cuando se considera que declina su atractivo sexual. Eso ha echado a perder muchos talentos".
Su punto de vista es el siguiente: "No creo que las mujeres pierdan su atractivo sexual a los 30, y no hay más que mirarme a mí, que tengo 57, pero creo que las mujeres son quienes deben decidir cómo se las considera socialmente y eso depende también de cómo miren ellas a las demás". Pone como ejemplo lo que le contó una ejecutiva sobre su secretaria: "Siento que me considera su madre y que se comporta como la hija adolescente rebelde, y claro, esto estaría bien si no fuera porque sólo es cinco años más joven que yo".
En este libro, Hite defiende "la tensión sexual entre hombre y mujer en el trabajo es una fuerza positiva que estimula mejores relaciones y mayor creatividad". Añade que "he oído a muchas mujeres quejarse de que no pueden tomarse una copa con sus compañeros después del trabajo o tener una relación más cordial con sus jefes, ya que entonces la cuestión sexual viene a la mente de todos. Muchos hombres consideran esto una provocación sexual, cuando la mujer sólo desea socializar mejor con ellos. Los hombres interpretan mal a veces las señales, y las mujeres cuando quieren se aprovechan de ello".
ALGO NORMAL
Está en contra de las empresas que prohiben relaciones personales entre sus trabajadores, "es una tontería, lo biológico está por encima de lo social, aunque por supuesto de ahí al acoso, a la falta de modales y de respeto hay una gran distancia".
"Es completamente normal que los hombres y mujeres se atraigan en el trabajo y se enamoren, además, la mayoría de la gente está muy involucrada en su trabajo y apenas tiene tiempo de salir y conocer gente nueva. Por eso es lógico que se formen parejas en el trabajo, son personas que comparten muchas horas e intereses. El verdadero amor en el trabajo no debe ser castigado, pero sí la manipulación sexual".
En su libro, el 71 % de los hombres y el 62 % de las mujeres entrevistados confesaron haber tenido alguna relación amorosa en el trabajo. La diferencia es que el 61 % de esos hombres la consideraron algo positivo mientras que el 72% de esas mujeres se arrepentía.
Recuerda una conferencia sobre estos asuntos que dio en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, ante una audiencia de 150 mujeres jóvenes con carrera universitaria y máster. Ella pidió que levantaran la mano las que desearan llegar a presidir una gran empresa y muy pocas lo hicieron, mientras que cuando pidió que la levantaran quienes quisieran formar su propio negocio, se vieron muchas. "Las mujeres pueden cambiar las cosas creando sus propios negocios, pero también deberían cuestionarse sobre la posibilidad de llegar a los puestos más altos en las empresas, eso sí que sería un gran cambio".