Pasar semanas, meses o incluso años sin mantener relaciones sexuales puede generar interrogantes sobre sus consecuencias para el organismo. ¿Afecta el corazón?, ¿cambia el funcionamiento del cuerpo?, ¿puede influir en la salud mental? La respuesta depende de distintos factores, pero hay una aclaración importante: la abstinencia sexual, por sí sola, no es una enfermedad ni significa que una persona vaya a desarrollar problemas de salud.
La actividad sexual puede estar relacionada con beneficios físicos y emocionales. Una investigación publicada en la revista Health Psychology en 2024 encontró asociaciones entre las relaciones sexuales y una mejor calidad del sueño, menor presión arterial y menos estrés durante el periodo posterior al encuentro. Sin embargo, estos resultados no significan que quienes no tienen relaciones sexuales necesariamente experimenten los efectos contrarios.
En el plano emocional, la intimidad puede favorecer la cercanía con la pareja y contribuir a la sensación de bienestar. Durante la actividad sexual intervienen sustancias como la oxitocina y la dopamina, relacionadas con los procesos de placer y vinculación. No obstante, la ausencia de relaciones no produce automáticamente ansiedad, depresión o problemas de autoestima. El impacto depende de si la falta de actividad sexual es una decisión personal o una situación que genera malestar.
También es importante distinguir entre la falta de relaciones sexuales y la disminución del deseo. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) explica que la libido puede cambiar por distintas razones, entre ellas el estrés, la ansiedad, la depresión, los problemas de pareja, determinados medicamentos, la menopausia y algunas enfermedades crónicas. Por eso, una reducción del interés sexual no debe atribuirse automáticamente a la abstinencia.
Uno de los puntos que más dudas genera es la posible relación entre no tener sexo, la diabetes y el colesterol alto. Sin embargo, no hay evidencia suficiente para afirmar que dejar de mantener relaciones sexuales cause estas condiciones. De hecho, la relación médica está bien documentada en sentido contrario: la diabetes y los niveles elevados de colesterol pueden afectar la función sexual.
El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) explica que la diabetes puede provocar alteraciones en los vasos sanguíneos, los nervios y las hormonas, lo que puede dificultar la respuesta sexual. En los hombres puede contribuir a la disfunción eréctil, mientras que en las mujeres puede relacionarse con menor deseo, dificultades de excitación, sequedad vaginal y dolor durante las relaciones. El organismo también identifica el colesterol elevado sin tratar como uno de los factores que pueden aumentar el riesgo de problemas sexuales en personas con diabetes.
La salud cardiovascular también forma parte de esta conversación. La Asociación Americana del Corazón señala que la actividad sexual suele representar un esfuerzo físico moderado y que, en personas con enfermedades cardíacas estables, generalmente puede retomarse tras una valoración médica cuando sea necesaria. Las recomendaciones de cardiología insisten en individualizar la actividad según la condición de cada paciente. Esto no significa que tener relaciones sexuales sea un requisito para proteger el corazón ni que la abstinencia provoque una enfermedad cardiovascular.
En cuanto a los posibles cambios físicos, no existe una regla universal sobre lo que ocurre después de un periodo sin actividad sexual. Algunas personas pueden notar cambios en el deseo o en la respuesta sexual cuando retoman la intimidad, pero factores como la edad, las hormonas, el estado emocional, las enfermedades y los medicamentos también pueden influir. En mujeres después de la menopausia, por ejemplo, la sequedad vaginal puede estar relacionada con cambios hormonales y no simplemente con el tiempo transcurrido sin relaciones.
Por tanto, no existe una frecuencia sexual obligatoria para mantenerse saludable. Lo importante es que cada persona pueda vivir su sexualidad de acuerdo con sus decisiones, necesidades y circunstancias. Si aparecen cambios persistentes en el deseo, dolor, dificultades de erección o molestias que afectan el bienestar, lo recomendable es consultar con un profesional de salud para identificar la causa y recibir orientación.