Aullido de Loba
La historia y el perdón de los pecados
Qué cosas tiene la vida, el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, y a veces nos parece que todo tiempo pasado fue mejor y más inocente.
Qué cosas tiene la vida, el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, y a veces nos parece que todo tiempo pasado fue mejor y más inocente.
Vemos la serie Mad Men y creemos que la sociedad antes era más ingenua y más limpia. ¡Qué equivocados estamos!
Nos desayunamos con una fotografía en primera plana de un periódico gringo donde un hombre es atropellado por un subterráneo mientras nadie hace nada por él y creemos que antes esas cosas no pasaban. ¡Qué ternura me da tal candor!
Nos estremecemos con un video en el que un niño decapita a un hombre maniatado y clamamos a los cielos, gritando que los infantes no deben ser usados en las guerras, y me pregunto si alguien se habrá percatado de la etimología de la palabra ‘infantería’, y su significado de carne de cañón.
La memoria es una cosa extraña, selecciona lo que desea mantener y borra lo que no le va interesando, la memoria trastoca los hechos y no existe tal cosa como la historia objetiva. Nos vemos a nosotros mismos distorsionados por mil y una influencias, nuestra sociedad está hecha a imagen y semejanza de nuestras contradicciones. Y no sabemos aceptarlas. Nadie quiere aceptar la obscuridad que se oculta en cada rincón de este mundo de plástico y oropel.
Queremos ser buenos y nobles. O creer que lo somos. Pero la verdad es que todos tenemos nuestra agenda oculta. Queremos que los demás nos vean límpidos y sin tacha de modo que somos los que más donamos en la Teletón, anunciando con bombo y platillo lo que hacemos, mientras tratamos de esconder la coima debajo de la licencia cuando se la damos al policía, por si acaso hay alguna cámara grabando.
La memoria se distorsiona, el monstruo de ayer ya no es tan malo cuando lo vemos viejo e indefenso y entonces todos pedimos que le den casa por cárcel y para que muera en su cama rodeado del cariño de sus familiares y entregando su alma al Creador, que todo lo perdona. El trauma y la fractura que provocó en la sociedad se olvidan en pro de la concordia y la amistad, así que podemos ser generosos y concederle lo que él no concedió.
Los panameños son buena gente, eso nadie lo discute, las ofensas se diluyen con el tiempo, los enfados no duran más allá de un par de semanas y eso, que en el día a día puede ser de agradecer, en política se convierte en una espada de Damocles, cuando los que eligen no recuerdan el daño.
En este país la gente no recuerda o no quiere recordar, la amargura se convierte en chanza y el miedo es un chiste. En las protestas blancas se cuelan los que antes vestían de verde y se arrastraban por el suelo y desde los carros te observan los ojos del que era el coco para asustar a los niños que no se querían acabar la sopa.
El mundo es malo, la gente es cruel y la bondad no abunda. Los niños siempre han sido soldados y generalmente nadie echa una mano para ayudarte cuando el tren amenaza con llevarte. Los dictadores no deberían poder borrar su pasado cubriéndolo de arrugas. Los malos no lo son menos por tener la voz cascada y las piernas débiles. La sangre no se borra con lágrimas y no cualquier tiempo pasado fue mejor. Sería bueno que mantuviéramos eso en mente antes de pensar que los monstruos tienen redención. La vida real no es una película de Disney.

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