Soliloquios
Panameñas calípigas
- Ernesto Endara (Escritor)
“El público tiene apetito crónico de indiscreciones personales” Huxley En 1959 regresaba de México donde tomé un curso rápido de reparación y ajustes de balanzas. En
“El público tiene apetito crónico de indiscreciones personales” Huxley
En 1959 regresaba de México donde tomé un curso rápido de reparación y ajustes de balanzas. En el vuelo coincidí con Pipo Ayala, el décimonoveno conde de Santa Ana y autor de “Consentida”; enseguida hicimos amistad, cómo no hacerla si éramos dos grandes mentirosos de buen humor. Sentamos entre los dos a Leonor, chilena preciosa que se quedaría unos días en Panamá. Prometí buscarla al día siguiente, domingo, a su hotel, el Internacional. Y la busqué, intrépido de mí, con sólo un dólar y cuarenta centavos en el bolsillo. San Antonio me alumbró y la llevé, caminando por supuesto, hasta el Club Santo Domingo en Calle Cuarta. Le gustó el paseo. Por el camino dijo una palabra que me dejó estremecido en mi ignorancia: «¡Qué calípigas son tus paisanas!». Aunque me sonó ofensivo no le contesté. Pero se me quedó la palabra en el coco. Al llegar con ese “pionono” al Club, tuve asegurado tragos y bocadillos. Nando Ochoa, Bayito Sousa y otros se encargaron de la cuenta. Hasta aquí mi indiscreción.
Cincuenta y cinco años después, recibo en mi estudio, la indeseada visita de una colonia de comején. De inmediato preparé el fatídico cóctel de recepción: Clordano con aguarrás al tempo. La batalla fue breve. Les guardé un K.O. (10 segundos) de silencio. Aunque comején, sus muertes me dejan un melancólico pesar. Un solo libro fue atacado: Contrapunto, de Aldous Huxley. Lo revisé para cerciorarme de que todavía era legible. Tenía muchas frases subrayadas. Me detuve en una de ellas: «…por atractiva y calípiga que sea». ¡Brummmp! Oleaje de recuerdos. “Calípiga”, Leonor, la chilena. Esta vez sí que busqué el significado. Ni el diccionario de la RAE, ni la enciclopedia Salvat me despejaron la incógnita. ¿Entonces? Google, qué más. ¡Fuacata! Apareció la Venus calípiga, la del culo bonito. Encontré una cándida historia que Arquelao de Quersoneso relata en versos yámbicos donde dos bellas hijas de granjero discuten a ver quién tiene más hermosas nalgas. Los hijos de un acaudalado se casan con ellas, pues las dos tenían un rotundo “trasero”, como inocentemente lo llama Clemente de Alejandría. Google me regaló varias vistas de la bellísima estatua de Afrodita o Venus (dos nombres, una diosa), donde la sorprendemos admirando por encima de su hombro derecho la perfección calípiga expuesta al final de la espalda.

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