Los analistas financieros, escuchados como oráculos durante los años locos en que la economía asociada a internet permitió hacer fortuna en la bolsa, se han convertido en parias, acusados de haber traicionado la confianza de los inversores para enriquecerse o enriquecer a los bancos que los emplean.
Millones de inversores aficionados creyeron que los analistas daban opiniones basadas únicamente en la evaluación honesta de una empresa y siguieron sus recomendaciones como si fueran textos bíblicos.
Mientras que la bolsa volaba de récord en récord, nadie se interrogó verdaderamente sobre las prácticas de los analistas. Pero tras la explosión de la burbuja de internet en la primavera boreal de 2000, que hizo volatilizarse miles de millones de dólares, los inversores, las autoridades de regulación y la clase política buscan responsables y cuestionan la credibilidad de la profesión.
Ronald Glantz, ex funcionario del banco comercial PaineWebber, cree que el trabajo de los analistas financieros es llevar clientes hacia los bancos de inversión que los emplean y no deben dar consejos de inversión.
Una buena nota de análisis sobre una empresa puede incitar a esta última a escoger al banco del analista para su introducción en bolsa o para realizar fusiones-adquisiciones, explicó Gantz el martes ante un comité de la Cámara de Representantes.
Ese tipo de operación es muy jugoso para los bancos. La recomendación de un analista sobre la acción de una empresa cuya introducción en bolsa es dirigida por su propia casa es siempre positiva, notó Laura Unger, responsable interina de la oficina de regulación de la Bolsa estadounidense (SEC).
"En 1997 un gran banco de inversiones me propuso triplicar mi salario pero no se preocupaba por la calidad de mis recomendaciones. Me presentaron una lista de 15 nombres, preguntándome cuánto tiempo me haría falta para hacer recomendaciones de compra (de acciones) sobre esos clientes potenciales", contó Glatz. Al revés, un análisis negativo puede hacer perder negocios a un banco y dinero al analista.