Como nómadas en busca de alimentos, miles de campesinos desocupados de las haciendas de café del norte de Nicaragua detuvieron temporalmente su marcha hacia Managua abatidos por el cansancio, las enfermedades y el hambre, pero esperanzados en que el gobierno responda a sus demandas.
Con los pies inflamados y los rostros quemados por el intenso sol, los campesinos acamparon tras varios días de camino en la comarca Las Tunas, 80 kms al norte de la capital, en improvisadas y pequeñas carpas de bolsas de plástico que se extienden a lo largo de los márgenes de la carretera.
"Ya no podemos caminar, estamos cansados, tenemos los pies llenos de llagas porque los zapatos se hacen tucos (deshacen) de tanto caminar", contó Bentura González, una enflaquecida campesina de 54 años que descansaba debajo de una carpa junto a un grupo de mujeres y niños.
Sentada sobre la yerba, González dice que decidieron tomar un poco de aliento debido a las enfermedades que aquejan a la mayoría de los 3,000 campesinos que participaran en esta marcha que inició el pasado miércoles en la ciudad de Matagalpa, 127 kms al norte de la capital.
Entre los manifestantes se encuentran numerosos niños, ancianos y mujeres, que decidieron abandonar sus comunidades por temor a morir de hambre, abandonados en medio de las montañas o pidiendo limosna sobre la carretera, como venían haciendo desde hace tres años cuando fueron expulsados de las fincas de café que les daba trabajo y un techo para vivir.
Tras tres años de migrar sin rumbo fijo, los colonos emprendieron la caminata con sus bultos a cuestas, casi semi descalzos, unos cargando niños en brazos y otros porras y leña para hacer comida en fogoneros improvisados de piedra.
"No tenemos salida, si regresamos nos morimos de hambre, es mejor morir sobre la carretera que solos allá (en sus comunidades) donde no hay nada", dijo Julia Orozco, de 55 años, mientras mostraba sus pies inflamados y enrojecidos por los piquetes de zancudos.