Juan Meléndez, el hispano que escapó a la pena de muerte
- Internacional
El puertorriqueño Meléndez estuvo 17 años, ocho meses y un día en el corredor de la muerte acusado de un crimen que finalmente se demostró que no había cometido.
El puertorriqueño Juan Meléndez, que pasó diecisiete años, ocho meses y un día en una prisión esperando ser ejecutado por un crimen que no cometió, relató cómo se vive en el corredor de la muerte.
Aunque más que vivir en la prisión estatal de Starke, en Florida, donde Meléndez ingresó en 1984 y de la que salió el 3 de enero de 2002, se sobrevive, si acaso, por el amor fraternal que surge entre los condenados, que se prestan el hombro para llorar y que se cuentan los más íntimos sentimientos.
Pero lo peor de estar ahí dentro es cuando ejecutan a una persona, con la que uno ha estado tantos años y que se ha convertido en un familiar. Primero se siente el zumbido de cuando cargan de electricidad la silla eléctrica y uno sabe el momento preciso de la ejecución porque se apagan y parpadean las luces .
Lo más triste.
También se echa de menos a la familia que no está, especialmente, en estos tiempos de Navidad uno necesita más el calor familiar , recordó Meléndez, hoy con 57 años de edad y que al ser condenado rompió la relación con la compañera con la que tenía tres hijas para que ellas no pasaran por ese sufrimiento .
Meléndez se reencontró con sus hijas cuando eran grandes y no sabían lo que había pasado, y entonces conoció a sus seis nietos. Ahora vive en Nuevo México, dedicado a dar charlas contra la pena de muerte.
Pero si las familias de los condenados sufren, también padecen ese sufrimiento los abogados: yo he tenido más de doce y también es muy duro para un abogado cuando te dice que ya no puede hacer más nada, que te van a ejecutar .
El corredor de la muerte.
Durante su estancia en el corredor de la muerte le permitían salir al patio cuatro horas a la semana si no llovía, pero (los guardias) no necesitan un pretexto para no sacarnos y conque haya una nubecita en el cielo no salimos.
En el interior, uno se comunica sacando los brazos por los barrotes con un espejo, yo no sabía ni escribir ni hablar inglés, ellos (los otros presos) me enseñaron, también aprendí leyes .
Con otro condenado jugaba al ajedrez sin vernos las caras, para mover las piezas nos pasábamos los números del tablero .
Meléndez fue responsabilizado de la muerte de un empresario en base al testimonio de dos testigos que declararon en su contra, todo fue una habladera, a uno le dieron 5,000 dólares de recompensa y otro negoció dos años de probatoria .
Uno de los testigos murió y el otro, según Meléndez, cambio su testimonio 16 años después de la condena para decir que los policías lo obligaron a testificar en su contra, el fiscal había ocultado evidencias exculpatorias y sólo se basó en esos testimonios.
Finalmente, después de tantos años de sufrimiento aparece un vídeo del verdadero culpable confesando el caso y se convocó otro juicio que no llegó a celebrarse porque la fiscalía no presentó cargos, un milagro.

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