Gran Bretaña y el IRA quedaron ayer bajo intensa presión para revelar detalles sobre el último acto de desarme del grupo armado, luego que un nuevo intento de llevar la paz final a Irlanda del Norte acabase en un fiasco.
El principal líder protestante de la provincia británica, David Trimble, se encontraba en Londres para conversaciones con ministros, un día después de haber rechazado la mayor concesión de renuncia de su arsenal de armas del Ejército Republicano Irlandés por ser demasiado hermético.
"Una recuperación sería muy simple: que el primer ministro (Tony Blair) haga pública la información que tiene", indicó Trimble a la BBC.
"Que los republicanos retiren las limitaciones que han impedido a (el interventor de armamento John) Chastelain dar un informe completo, para que lo haga", aseguró el principal luchador para mantener al Ulster como provincia británica.
Trimble tuvo un breve encuentro el martes por la noche con Gerry Adams, líder del Sinn Fein, aliado político del IRA, y se planean nuevas entrevistas en los próximos días.
Blair y el primer ministro irlandés Bertie Ahern, que acudieron a Belfast el martes esperando sellar el avance más significativo desde los acuerdos de paz de Viernes Santo en 1998, se encontraron con que el acuerdo se venía abajo.
El primer ministro, claramente defraudado por el fiasco, prometió "intentar, intentar e intentar de nuevo" reavivar el proceso de paz, pero los analistas afirmaron que las opciones de que las cosas vuelvan pronto a encarrilarse eran reducidas.
De vuelta en Londres ayer, Blair dijo que si los detalles sobre la destrucción última de armas del IRA se hicieran públicos, todos los bandos de la provincia quedarían convencidos por la actitud del grupo guerrillero.
De Chastelain, el general canadiense retirado y encargado de supervisar el desarme guerrillero, confirmó el martes que el IRA había destruido rifles automáticos, explosivos y otras armas, pero bajo los términos de su función no pudo dar más detalles.
El gobierno británico había esperado que el paso dado el martes por el IRA fuera suficiente para persuadir a los unionistas a volver a una coalición protestante/católica y así, salvaguardar el acuerdo de paz de Viernes Santo de 1998, que pretende acabar con la violencia.