EPASA lanza nuevo diario
Publicado 2003/03/06 00:00:00
- Buenos Aires/
La Editora Panamá América, S.A. (EPASA), que edita los populares diarios El Panamá América y Crítica Libre, el de mayor circulación en el país, lanzó ayer el periódico "Día a Día", el tercero de la corporación.
Día a Día, de formato tabloide, tiene como director al periodista Eduardo Soto, hasta el mes pasado subdirector de Crítica Libre.
"Se trata de una publicación popular y familiar hecha a la medida del exigente lector panameño", dijo el nuevo diario en su primer número, el cual fue distribuido masivamente en la capital como parte de una estrategia de introducción en el mercado local.
En Panamá se editan los diarios La Prensa, Crítica Libre, El Panamá América, El Siglo y La Estrella de Panamá, decano de la prensa panameña, que la semana pasada cumplió 150 años.
Era una experiencia rejuvenecedora. El clima fresco agregaba un ingrediente particular. "El aire que se respira acá penetra en los pulmones", confesó Villarreal.
Los minutos transcurren de prisa una vez dentro. El paisaje es el mejor relajante para los altibajos del camino.
En medio de la acalorada polémica del sí y el no de una carretera en este sector, la vegetación del sendero no ha perdido el verde intenso en las hojas de sus frondosos árboles. El sonido del río cada vez más cerca y de los quetzales atravesando los parajes apenas irrumpían en la tranquilidad del lugar.
A pocos metros de la caseta de la ANAM se realizaban las mediciones del terreno que ocuparía la carretera.
Pero las labores no impedían el paso de varios turistas que fueron apareciendo a lo largo del sendero.
Son alrededor de ocho kilómetros en los que el medio ambiente se convierte en el mejor aliado al momento de ignorar el cansancio que se acrecienta con el pasar de las horas.
El tramo dispone de escaleras de madera que ayudan en los puntos sensibles de las empinadas lomas y los espacios más densos del bosque.
"Al amanecer se siente mucho más el frío y el lugar es aún más hermoso", nos dijo entusiasmado Ezequiel Miranda, un boqueteño que sirvió de guía y para quien el ir y venir por estos trechos se ha hecho cuestión rutinaria. "Uno se acostumbra y después ya no cuesta".
Un estrecho trillo va bordeando la zona. La plática sobre las especies que allí habitan y la diversidad de la flora habían reemplazado la fatiga, sin embargo, era necesaria una pausa para el almuerzo.
Y es que la charla imprimía amenidad a una ruta cargada de aventura. Para Alleyna hasta el susurro de las ramas al moverse y la variedad del bosque que se deja ver a lo lejos, eran motivo de fotografía.
Delgada y en buena forma, el sendero no representaba mayores impedimentos. "Camino mucho en mi pueblo y eso me fascina", relató en inglés, dejando escapar una que otra palabra en español con dificultad.
Sus seis meses de vacaciones a las que se acogió desde octubre los ha dedicado a explorar sitios ecológicos con la sola información que le facilita el Internet.
Al terminar esta gira por Boquete viajaría a Bocas del Toro "que me han dicho que es precioso".
En medio de aquella grandeza natural un comedor ha sido instalado estratégicamente en una planicie. Estábamos cerca, nos aseguró Ezequiel, pero antes un mirador desde donde se aprecian majestuosamente ambos océanos no podía pasar desapercibido.
Varias mesas de madera nos recibieron luego. Arribamos pasado el mediodía. Más de la mitad de la travesía hacía falta aún, pero recuperar fuerzas con una comida ligera se había convertido en prioridad unos minutos antes.
Fue entonces cuando se acercó una pareja de holandeses que iban rumbo a Boquete. "Nos gusta mucho este lugar porque te hace olvidarte del ajetreo de la ciudad", manifestó de inmediato la dama, mientras su esposo mencionó casi de inmediato que no han viajado siquiera a la capital porque "prefieren la naturaleza".
Minutos más tarde se emprendió nuevamente la caminata. Ahora, con baterías recargadas, se apreciaba una vegetación más abundante y el silbido de los quetzales nos avisaba que estaban cerca, al menos eso parecía.
Poco después de las 2:00 de la tarde penetramos "un bosque nuboso", como lo describió Ezequiel. El sitio se distingue de lo que hasta ahora se había observado. El espesor de las hojas de los árboles lo hacía diferente.
La tarde avanzaba y el sendero continuaba ofreciendo lo mejor de la naturaleza muy cerca del modernismo citadino.
Precisamente al humo de los autobuses y la congestión vehicular le huyó un australiano que encontramos antes de finalizar.
"Vine buscando la tranquilidad de la naturaleza y este es el lugar ideal", precisó antes de avanzar y de perder el ritmo alcanzado hasta entonces.
Aún nos faltaba mucho por ver. Casi a las 5:00 de la tarde fuimos recogidos en el sector de Bajo Mono de Boquete.
Atrás habían quedado "la loma de los lamentos" (una empinada que hace honor a su nombre) y el resto de aquel camino que seguía siendo atravesado por propios y extranjeros en busca del secreto ecológico que oxigena las grandes ciudades.
Día a Día, de formato tabloide, tiene como director al periodista Eduardo Soto, hasta el mes pasado subdirector de Crítica Libre.
"Se trata de una publicación popular y familiar hecha a la medida del exigente lector panameño", dijo el nuevo diario en su primer número, el cual fue distribuido masivamente en la capital como parte de una estrategia de introducción en el mercado local.
En Panamá se editan los diarios La Prensa, Crítica Libre, El Panamá América, El Siglo y La Estrella de Panamá, decano de la prensa panameña, que la semana pasada cumplió 150 años.
Era una experiencia rejuvenecedora. El clima fresco agregaba un ingrediente particular. "El aire que se respira acá penetra en los pulmones", confesó Villarreal.
Los minutos transcurren de prisa una vez dentro. El paisaje es el mejor relajante para los altibajos del camino.
En medio de la acalorada polémica del sí y el no de una carretera en este sector, la vegetación del sendero no ha perdido el verde intenso en las hojas de sus frondosos árboles. El sonido del río cada vez más cerca y de los quetzales atravesando los parajes apenas irrumpían en la tranquilidad del lugar.
A pocos metros de la caseta de la ANAM se realizaban las mediciones del terreno que ocuparía la carretera.
Pero las labores no impedían el paso de varios turistas que fueron apareciendo a lo largo del sendero.
Son alrededor de ocho kilómetros en los que el medio ambiente se convierte en el mejor aliado al momento de ignorar el cansancio que se acrecienta con el pasar de las horas.
El tramo dispone de escaleras de madera que ayudan en los puntos sensibles de las empinadas lomas y los espacios más densos del bosque.
"Al amanecer se siente mucho más el frío y el lugar es aún más hermoso", nos dijo entusiasmado Ezequiel Miranda, un boqueteño que sirvió de guía y para quien el ir y venir por estos trechos se ha hecho cuestión rutinaria. "Uno se acostumbra y después ya no cuesta".
Un estrecho trillo va bordeando la zona. La plática sobre las especies que allí habitan y la diversidad de la flora habían reemplazado la fatiga, sin embargo, era necesaria una pausa para el almuerzo.
Y es que la charla imprimía amenidad a una ruta cargada de aventura. Para Alleyna hasta el susurro de las ramas al moverse y la variedad del bosque que se deja ver a lo lejos, eran motivo de fotografía.
Delgada y en buena forma, el sendero no representaba mayores impedimentos. "Camino mucho en mi pueblo y eso me fascina", relató en inglés, dejando escapar una que otra palabra en español con dificultad.
Sus seis meses de vacaciones a las que se acogió desde octubre los ha dedicado a explorar sitios ecológicos con la sola información que le facilita el Internet.
Al terminar esta gira por Boquete viajaría a Bocas del Toro "que me han dicho que es precioso".
En medio de aquella grandeza natural un comedor ha sido instalado estratégicamente en una planicie. Estábamos cerca, nos aseguró Ezequiel, pero antes un mirador desde donde se aprecian majestuosamente ambos océanos no podía pasar desapercibido.
Varias mesas de madera nos recibieron luego. Arribamos pasado el mediodía. Más de la mitad de la travesía hacía falta aún, pero recuperar fuerzas con una comida ligera se había convertido en prioridad unos minutos antes.
Fue entonces cuando se acercó una pareja de holandeses que iban rumbo a Boquete. "Nos gusta mucho este lugar porque te hace olvidarte del ajetreo de la ciudad", manifestó de inmediato la dama, mientras su esposo mencionó casi de inmediato que no han viajado siquiera a la capital porque "prefieren la naturaleza".
Minutos más tarde se emprendió nuevamente la caminata. Ahora, con baterías recargadas, se apreciaba una vegetación más abundante y el silbido de los quetzales nos avisaba que estaban cerca, al menos eso parecía.
Poco después de las 2:00 de la tarde penetramos "un bosque nuboso", como lo describió Ezequiel. El sitio se distingue de lo que hasta ahora se había observado. El espesor de las hojas de los árboles lo hacía diferente.
La tarde avanzaba y el sendero continuaba ofreciendo lo mejor de la naturaleza muy cerca del modernismo citadino.
Precisamente al humo de los autobuses y la congestión vehicular le huyó un australiano que encontramos antes de finalizar.
"Vine buscando la tranquilidad de la naturaleza y este es el lugar ideal", precisó antes de avanzar y de perder el ritmo alcanzado hasta entonces.
Aún nos faltaba mucho por ver. Casi a las 5:00 de la tarde fuimos recogidos en el sector de Bajo Mono de Boquete.
Atrás habían quedado "la loma de los lamentos" (una empinada que hace honor a su nombre) y el resto de aquel camino que seguía siendo atravesado por propios y extranjeros en busca del secreto ecológico que oxigena las grandes ciudades.

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