El nacimiento de Jesús atrae a muchos turistas a una loma Inca de Quito
- Roberto Acuña
El nacimiento de Jesús atrae a muchos turistas al Panecillo, una loma Inca en el centro de Quito donde se ha construido un pesebre enorme y colorido, que domina la ciudad durante la época navideña.
Hileras de coches suben por las empinadas callejuelas del Panecillo, en cuya cima se levanta el pesebre, adornado con decenas de miles de pequeños focos de colores, que alumbran las frías noches quiteñas en esta época.
Las figuras de José, el Niño Jesús, los tres Reyes Magos, una vaca y un burro, elaboradas en estructuras metálicas, brillan con más de 60.000 bombillas eléctricas pequeñas de colores, mientras que María es el único personaje que permanece siempre, es decir que trasciende a la época navideña.
Y es que el pesebre se completa con la gran estatua de la Virgen María instalada en la loma del Panecillo y que corresponde a una réplica gigante de la Virgen Alada, esculpida por el maestro quiteño Bernardo de Legarda en el siglo XVIII, de tan sólo 30 centímetros de alto.
Esa estatua, en aluminio, fue realizada en 1976 por el artista español Agustín de la Herrán Matorras, y posteriormente donada a Quito.
La Virgen de Legarda se erige sobre una atalaya Inca, instalada en la cima del Panecillo, conocida por los indígenas como "Shungo-loma", o loma del corazón.
Esa atalaya, según los historiadores, sirvió a los Incas, antes de la conquista, como centro ceremonial en honor a la Luna, aunque también el cerro fue utilizado para distribuir el agua en la ciudad, pues cerca de la cima se encuentra la conocida "Olla", un sofisticado depósito de agua construido por los aborígenes quiteños.
Por ello que ese pequeño cerro, parecido a un pan pequeño, al cual debe su nombre, atraiga a miles de turistas en la época navideña, ya que sintetiza el sincretismo entre la religiosidad católica y la cosmovisión indígena.
El pesebre de Quito, uno de los más altos del mundo, porque se encuentra a casi 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, es un orgullo para los capitalinos, porque, además, se puede divisar desde cualquier parte de la ciudad.
El resplandor que causa los casi 60.000 focos de colores, también provoca un juego de sombras y luces con el cielo capitalino, que se tiñe de diversos matices.
El pesebre del Panecillo, que cumplió en esta temporada cinco años, se mantendrá encendido durante varios días más, para luego ser desconectado hasta el próximo diciembre.

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