Homenaje

Abogados con alma

10/8/18 - 12:00 AM
¡Oh grandiosa alma de los abogados! ¡Alma de defensor, alma de acusador, alma de fiscal, alma de juzgador! Inteligencia regia y sublime que define los senderos por donde debe transitar el sentido de lo justo, lo recto, lo bueno.

Ayer, jueves 9 de agosto, celebramos el Día de los Abogados.

  • Silvio Guerra Morales | [email protected] |                                             

 

"….El juez es el centinela de nuestra libertad. Cuando todo se ha perdido, cuando todos los derechos han sido conculcados, siempre queda la libertad mantenida por el juez. Pero el día en que el juez tenga miedo, sea pusilánime, dependa de los gobiernos, de las influencias o de sus pasiones, ningún ciudadano podrá dormir tranquilo".

 

Este pensamiento pertenece a quien, sin duda alguna, ha sido uno de los más grandes procesalistas de América y el mundo.

Hablamos de Eduardo J. Couture.

Quienes de Couture habrán leído su obra cumbre "Fundamentos del Derecho Procesal Civil", solo podrán opinar de él que se trataba de una pluma fina, pensamiento coherente, expresivo en sencillez y fructífero en abundancia científica.

A este prolífico jurista uruguayo también debemos "Decálogo del Abogado".

Doy inicio a esta entrega citando al maestro uruguayo, célebre como he dicho, por su pensamiento procesalista.

Sin embargo, como moralista de enjundiosa estirpe dedicó, como lo hicieron Carnelutti Calamandrei y otros grandes, doradas páginas escritas en pro de enaltecer El Alma de la Toga como, de modo ejemplar, la escribiera D. Ángel Osorio.

Ayer, jueves 9 de agosto, celebramos el Día de los Abogados.

Nos llamamos, entre colegas, para expresarnos felicitaciones y nos mantenemos felices solo pensando que somos abogados.

Algún familiar o amigo se acordó de nosotros y también nos felicitó. Es lo que sucede en el Día de los Abogados.

No pocos colegas, grupos de abogados, el gremio, se avistó a una fiesta y se brindó por ese día.

Habrá colegas de quienes nadie se acordó.

Otros recibieron premios y condecoraciones por años de dedicación a la profesión.

¡Bien merecido! Sin embargo, propicia es la ocasión para hacer una pregunta: ¿Quién es abogado? ¿Cómo podemos definirlo? Estas son mis reflexiones: ¡Oh grandiosa alma de los abogados! ¡Alma de defensor, alma de acusador, alma de fiscal, alma de juzgador! Inteligencia regia y sublime que define los senderos por donde debe transitar el sentido de lo justo, lo recto, lo bueno.

¡Vivan las expresiones de los oradores forenses!

Blanden lógica, esgrimen el derecho, se asisten de la ley y hacen de la justicia su diosa.

Abogados que se elevan por encima de la causa que se presenta como una derrota y sin ser milagrosos ruegan al mismo Dios por la causa en la que han creído porque alguien en ellos ha confiado, sin condiciones, sin límites, sin reglas.

Abogados que llevan en sus espíritus el apostolado de los psicólogos, la fe devota de los curas o de los pastores, y que, sin ser médicos, calman el dolor del alma y serenan a los espíritus perturbados ante la amenaza del castigo o de la pena.

Abogados cuya palabra inspiradora es el bálsamo refrescante para las almas que han perdido hasta la misma fe, quedándoles solo la "¡fe en nada!".

Abogados que, cuales eruditos, buscan, incesantes, sin cansancio, entre los libros de la jurisprudencia un argumento, un punto, para levantar, cuales Arquímedes, la palanca de la fe que defenestrará las acusaciones más perversas o injustas.

Abogados que enceguecen de tanto ya leer, de consultar, indagar, investigar.

Abogados que nunca han sido ni ingenieros ni arquitectos, pero construyen, levantan enhiestos, edificios asombrosos de entusiasmo, de fe, de ánimos por la vida y atesoran la paz y la tranquilidad del cliente, cuyo espíritu, plagado de incertidumbres, solo les dice: "Ayúdeme, abogado".

Abogados que son psiquiatras.

Psiquiatras del alma que saben recetar palabras que siembran calma a las almas despavoridas y casi ya sin aliento, despiertan en ellas un hálito de esperanza.

Abogados que entienden, perfectamente, que el derecho es la razón de la ley y no la ley la razón del derecho, pero que, al final de cuentas, la justicia prima sobre ambas razones erigiéndose como la razón más poderosa.

Abogados que ven, en el rostro quebrantado por el perseguido, ya en los estrados de un tribunal o de un despacho fiscal, la cara de quien clama pronto y presto auxilio; de quienes solo ven en la faz o imagen del abogado la misma salvación.

Un abogado es más que un mero letrado.

Es un hombre que merece el respeto de todos y por todos, pues solo él conoce a la ley, tiene amistad con el derecho y a la justicia busca constantemente para conocer de ella sus virtudes y también sus falencias.

Un abogado cree también en los jueces, porque como lo afirmaba también el mismo Couture: "Los ciudadanos no tienen un derecho adquirido a la sabiduría del juez; pero tienen un derecho adquirido a la independencia, a la autoridad y a la responsabilidad del juez".

Abogado.