¿Alianzas Estratégicas o Robos Estratégicos?
¿Alianzas Estratégicas o Robos Estratégicos?
Está evidenciado que, en el ámbito académico y científico, las alianzas estratégicas son fundamentales para la consecución de metas comunes, siendo un ganar-ganar para todos los que participan si se hace de la manera correcta, con ética y responsabilidad. Sin embargo, con decepción y vergüenza ajena, no es extraño observar con cierta frecuencia que se den casos en los cuales, una supuesta colaboración entre profesionales de diferentes entidades, termine en malos entendidos y disputas.
Lo irónico de la situación es que, en muchas ocasiones la(s) persona(s) que generaron la idea, bien pudieron haberla ejecutado satisfactoriamente sin necesidad de estos "aliados". No obstante, presiones recibidas en diferentes niveles (principalmente por parte de algunos entes financieros), como la inclusión social, enfoque de género, extensión, vinculación con la academia y otros actores, etc., fuerzan a los profesionales a tener que "sumar" a estos "colaboradores".
Lo preocupante de esta situación es que, valores como la ética, la honestidad, el respeto por la propiedad intelectual, entre otros, son violentados por estas aves de rapiña (con el respeto que se merecen los gallinazos), que apenas perciben el potencial de una buena idea, sobrevuelan esperando la oportunidad para ejecutar el robo estratégico. Posiblemente, estaríamos frente a personas que, mediante el engaño y la deshonestidad, procuran perpetuarse en posiciones de élite inmerecidas (que en muchos casos pasaron de ser incentivos a convertirse en instrumentos de discriminación).
Las personas que en algún momento de su carrera profesional han confrontado estas situaciones indignas en las cuales, de manera flagrante, otro presenta la idea o trabajo como suyos (sin siquiera tener el decoro de reconocer el aporte del autor original), podrían preguntarse: ¿Qué se puede hacer para evitar estos problemas? A continuación, basado tanto en la experiencia del autor como lo vivido por amigos y conocidos sobre la materia, me permitiría dar estas recomendaciones:
- Documente formalmente sus trabajos. Existen diversos medios especializados en los cuales un profesional puede hacer públicos sus logros o labor. Para ello, es importante honrar los procedimientos establecidos por las entidades donde se labora, así como las directrices para autores que suelen declarar las revistas científicas o medios para presentar trabajos. De esta manera, al publicarse los resultados o hallazgos se puede prevenir un posible robo intelectual.
- Escoja bien a sus colaboradores. La confianza y la lealtad son dos valores fundamentales para poder avanzar como científico y se ganan con el tiempo y la experiencia. Por ello, en la medida en que se trabaja y se va conociendo a las personas que nos rodean, podemos en propiedad saber con quienes resulta mejor trabajar y con quienes no. Hay personas que no soportan ser el actor de reparto y siempre quieren los reflectores encima de ellas, por lo que es mejor evitarlas.
- Defina las reglas del juego desde el primer día. Esto quizás debiese ser el primer punto, pero los otros dos mencionados son igual de importantes. Aunque parezca molesto o inclusive pudiese "ofender" a la otra parte, es mejor pasar un malestar de 5 minutos que tener que lidiar con toda una serie de situaciones incómodas a posterior. Definiendo las reglas del juego desde el inicio y por escrito, se previene cualquier posible mala acción y le brinda un tenor más serio al acuerdo.
- No dude en señalar a su "aliado" la falta cometida. Independientemente que sea parte del acuerdo de cooperación o no, si se percibe que una acción atenta contra la ética y los valores, no se puede ser cómplice por omisión. Se debe confrontar lo ocurrido, porque el desconocimiento no es excusa válida. En síntesis, es necesario evitar que estas malas prácticas profesionales persistan, en aras del desarrollo sostenible de la ciencia, tecnología e innovación (CTI).