Casinos en Panamá
Publicado 1999/07/14 23:00:00
La privatización de los casinos estatales ha generado la proliferación de salas de juegos, tanto de mesa como de tragamonedas. Ya Panamá no cuenta con casinos estratégicamente ubicados para atraer exclusivamente a turistas extranjeros sino también con establecimientos para atraer al jugador nacional.
Cuando el Estado mantenía el monopolio directo sobre los casinos, incluyendo los juegos de mesa y las máquinas monederas, las salas estaban ubicadas casi exclusivamente en hoteles, con especial énfasis en aquéllos que alojaban a turistas extranjeros. Se trataba de lo que se denomina en esa industria "casinos de destino". Ahora, sin embargo, se han multiplicado las salas de juego de máquinas monederas ubicadas en puntos seleccionados para atraer al turista internacional así como otros puntos escogidos para que la población nacional en sus actividades diarias encuentre locales de juego. Estos son denominados salas de juego o casinos de "conveniencia" toda vez que buscan atraer al público apostador durante sus quehaceres cotidianos.
Es indiscutible que la privatización de los Casinos Nacionales ha generado una ola de inversiones privadas por empresas extranjeras (entre ellas españolas y norteamericanas) especialistas en el sector. Dichas inversiones son bienvenidas ya que han generado empleos (directa e indirectamente) y sin duda producirán importantes ingresos para el Estado. Sin embargo, ya se sabe que desde el último año que estuvieron en manos del Estado las apuestas en juegos de mesa se han duplicado y en las monederas se ha cuadriplicado. En vista de que la visita de turistas extranjeros no ha aumentado proporcionalmente, hay que concluir que gran parte del incremento en apuestas proviene de los mismos panameños.
Estamos de acuerdo en promover la actividad dirigiéndola a los que tienen capacidad económica para costearla. Sin embargo, nos preocupa su fomento en el panameño de escasos y medianos recursos. Además, no se pueden ignorar los problemas colaterales a los juegos de azar y suerte, tales como la quiebra, divorcio, suicidio, crimen, violencia doméstica, alcoholismo, etc. La Junta de Control de Juegos no debe ser exclusivamente un regulador técnico y debe asumir la responsabilidad de asegurarse que el sector se concentre en los que pueden afrontar las pérdidas y riesgos inherentes a los juegos y las apuestas.
Cuando el Estado mantenía el monopolio directo sobre los casinos, incluyendo los juegos de mesa y las máquinas monederas, las salas estaban ubicadas casi exclusivamente en hoteles, con especial énfasis en aquéllos que alojaban a turistas extranjeros. Se trataba de lo que se denomina en esa industria "casinos de destino". Ahora, sin embargo, se han multiplicado las salas de juego de máquinas monederas ubicadas en puntos seleccionados para atraer al turista internacional así como otros puntos escogidos para que la población nacional en sus actividades diarias encuentre locales de juego. Estos son denominados salas de juego o casinos de "conveniencia" toda vez que buscan atraer al público apostador durante sus quehaceres cotidianos.
Es indiscutible que la privatización de los Casinos Nacionales ha generado una ola de inversiones privadas por empresas extranjeras (entre ellas españolas y norteamericanas) especialistas en el sector. Dichas inversiones son bienvenidas ya que han generado empleos (directa e indirectamente) y sin duda producirán importantes ingresos para el Estado. Sin embargo, ya se sabe que desde el último año que estuvieron en manos del Estado las apuestas en juegos de mesa se han duplicado y en las monederas se ha cuadriplicado. En vista de que la visita de turistas extranjeros no ha aumentado proporcionalmente, hay que concluir que gran parte del incremento en apuestas proviene de los mismos panameños.
Estamos de acuerdo en promover la actividad dirigiéndola a los que tienen capacidad económica para costearla. Sin embargo, nos preocupa su fomento en el panameño de escasos y medianos recursos. Además, no se pueden ignorar los problemas colaterales a los juegos de azar y suerte, tales como la quiebra, divorcio, suicidio, crimen, violencia doméstica, alcoholismo, etc. La Junta de Control de Juegos no debe ser exclusivamente un regulador técnico y debe asumir la responsabilidad de asegurarse que el sector se concentre en los que pueden afrontar las pérdidas y riesgos inherentes a los juegos y las apuestas.

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