Panamá
Constitución y credibilidad social
- Silvio Guerra Morales
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Una sociedad, como han advertido ya los sociólogos y estudiosos de las ciencias sociales, deben presentar ciertas características propias de la comunidad: Cohesión y unidad de grupo, catálogo de principios y valores, un esquema de identificación espiritual o religiosa y de su inclinación a las cosas sagradas, un sistema de fe y de esperanzas, claridad respecto a los propósitos que como sociedad son perseguidos, formas propias de vida, sentido de pertenencia y adscripción a una identidad nacional, normas de respeto que hacen al equilibrio social y la sana convivencia entre los ciudadanos, sus apetencias culturales y defensa del folclore, cuidado y preservación de la identidad nacional, el orgullo nacional o sentido de "lo nuestro". En fin, podríamos registrar éstas y tantas otras más características, pero lo que sí es cierto es que la idea de la sociedad está íntima y estrechamente relacionada con el sentido de Patria y de Nación. Y éstos, a su vez, con el concepto de Estado. La nación y las nacionalidades devienen en la base sociológica del Estado. No se concibe el Estado sin esa necesaria base sociológica a la que nos referimos. De allí que una sociedad cohesionada en sus principios y propósitos, es una sociedad fuerte y, por consiguiente, de ella aflora un Estado delimitado por los conceptos e instituciones que hacen a esa base de estricto raigambre social y espiritual. Las sociedades en descomposición: Aquellas que se desmoronan o fraccionan ante la aparición de conductas y comportamientos que desdicen mucho del sentido de identidad nacional, terminan siendo sociedades amorfas y desmembradas, en las que se introduce, con mucha facilidad, un espíritu de "poco me importa" o de "frialdad en indiferencia" ante lo que ocurre o deja de ocurrir a lo interno del Estado o fuera de él, pero que repercute, negativamente, en lo interno del Estado.
La ausencia de un espíritu o de un juicio crítico solo nos encamina a la destrucción y al caos. Lejos de una sociedad moralmente sólida solo tendremos una sociedad castrada de poder operar con un sentido de objetividad y termina perdiendo la clara concepción que debe existir de sus derechos, garantías y libertades. Los pueblos, en toda civilización o historia de los pueblos, solo alcanzaron un sistema de derechos y libertades, reconocimiento de ellos, cuando entendieron que ante el avasallamiento o la represión social, ante la marginación, la única alternativa posible no era otra que oponerse ante toda forma de discriminación o de vasallaje. Afloró así la independencia de las naciones y ello permitió que viejos paradigmas, tras la aparición de los nuevos, fueran destruidos o simplemente extinguidos. La aparición del constitucionalismo demo liberal y de estricto arraigo social, como lo fueron la Constitución de Querétaro de 1917, y luego la de Weimar de 1919, vienen a dar fe inobjetable de lo dicho . Un constitucionalismo que avance hacia la preservación del sistema de derechos, libertades y garantías, sin que erosione la base sociológica y espiritual sobre la cual se constituyó el Estado y la Nación, sería siempre bienvenido y para ello se debe tener claro que toca a la misma sociedad el derecho de debatir la conveniencia o no de nuevas formas para hacer la ingeniería y la arquitectura del nuevo Estado de Derecho Panameño. De otra manera, imponiendo y dando malos ejemplos de gobernanza, no veo futuro a ninguna nueva forma del constitucionalismo patrio. El voto castigo también suele darse cuando se abordan propuestas que, aunque se estimen como buenas, el gobierno que las impulsa ha perdido credibilidad social. ¡Dios bendiga a la Patria!

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