Panamá
Datos, inteligencia artificial y nuevos modelos operativos redefinen el futuro de la función fiscal
- Melvin Saguach
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- Socio de Impuestos de Deloitte
Durante años, la transformación de la función fiscal estuvo asociada principalmente a la automatización de procesos y al cumplimiento de nuevas obligaciones regulatorias. Sin embargo, considero que hoy estamos frente a un cambio mucho más profundo. La acelerada digitalización tributaria, el mayor acceso de las autoridades a la información empresarial, la expansión de la facturación y el reporte electrónicos, la presión por optimizar costos y la escasez de talento especializado están obligando a las organizaciones a replantear la forma en que gestionan sus funciones fiscales.
Lo que hasta hace pocos años se abordaba como un proyecto de automatización, hoy exige rediseñar el modelo operativo tributario.
La tendencia es clara. Deloitte señala que más de 60 países cuentan con algún esquema de facturación electrónica o reporte digital y prevé que, hacia 2030, prácticamente todos los sistemas tributarios habrán incorporado alguna modalidad de reporte electrónico. Para las empresas con operaciones en Costa Rica, Panamá, Guatemala, El Salvador y República Dominicana, esto implica responder a un entorno regulatorio cada vez más digital, donde la calidad de los datos, la trazabilidad y la capacidad de adaptación son factores determinantes para el cumplimiento.
Con frecuencia observamos que las organizaciones entienden la transformación fiscal principalmente como un desafío tecnológico. Sin embargo, desde mi perspectiva, el verdadero cambio pasa por integrar datos, tecnología, procesos y talento dentro de un modelo operativo que permita fortalecer el cumplimiento, mejorar la capacidad de análisis y generar mayor valor para el negocio.
Los hallazgos del estudio global Tax Transformation Trends 2025, elaborado por Deloitte a partir de una encuesta aplicada a 1.000 líderes de impuestos y finanzas, reflejan esta realidad. La gestión de datos, el cumplimiento regulatorio, el control de costos, la automatización y la inteligencia artificial figuran entre las principales prioridades estratégicas de las organizaciones.
Además, el estudio revela que el 81% de las organizaciones ya considera alguna modalidad de outsourcing como parte de su estrategia para optimizar costos y capacidades. Al mismo tiempo, únicamente el 22% considera que su tecnología fiscal es líder o de primer nivel. Esta brecha demuestra que existe una clara intención de avanzar, pero también que aún queda un importante camino por recorrer para transformar las funciones fiscales en verdaderos habilitadores estratégicos del negocio.
Por ello, considero que las organizaciones deben evaluar primero su modelo operativo fiscal antes de expandir la automatización o externalizar procesos. El punto de partida debe ser identificar qué actividades conviene mantener dentro de la función, cuáles pueden industrializarse y qué capacidades tecnológicas resultan indispensables para sostener una transformación que genere valor a largo plazo.
Otro aspecto que suele subestimarse es el origen de la información tributaria. Una parte importante de los datos necesarios para el cumplimiento se genera fuera del departamento fiscal. Procesos como cuentas por pagar, cuentas por cobrar, facturación, cierre financiero y administración de datos maestros producen información crítica para las obligaciones tributarias, convirtiendo a la contabilidad, las áreas financieras y los sistemas ERP en componentes esenciales de una gestión fiscal moderna.
En este contexto, la inteligencia artificial y las nuevas plataformas tecnológicas están comenzando a desempeñar un rol cada vez más relevante. Soluciones como Tax Operate Platform permiten integrar datos provenientes de distintas fuentes, automatizar procesos como el cálculo de impuestos, monitorear obligaciones fiscales, gestionar conciliaciones y fortalecer la capacidad de análisis mediante inteligencia artificial.
Sin embargo, la transformación fiscal no depende únicamente de adoptar nuevas herramientas. Su éxito está determinado por la capacidad de las organizaciones para construir modelos operativos integrados que combinen automatización, inteligencia artificial, datos confiables y talento especializado.
En mi opinión, el futuro de la función fiscal dependerá cada vez menos de incorporar tecnología de forma aislada y más de diseñar estructuras capaces de generar eficiencia, resiliencia y valor estratégico. Las organizaciones que logren hacerlo estarán mejor preparadas para responder a un entorno regulatorio en constante evolución y para convertir la función fiscal en un motor de crecimiento y competitividad.

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