De un paraíso llamado Coiba y de unos diablos llamados panameños
Publicado 2003/06/05 23:00:00
- San Juan
Tuve la oportunidad hace como tres años, de viajar a Ecuador, al archipiélago de las Galápagos. Dedicándome durante una semana a conocer uno de los pocos paraísos que permanecen intactos en la tierra. Las Galápagos heredan su nombre de las tortugas gigantes que la habitan, así como su fama se la deben a Charles Darwin, quien en un viaje por las islas el siglo pasado notó cómo una misma especie había evolucionado de diferente manera para poder adaptarse a su medio ambiente. La observación de Darwin llegó desde un parque jurásico, en una época controversial. Un mundo victoriano, el cual se movía no por la velocidad de sus científicos, sino por las ansias de querer despertar del snobismo galopante que imperaba en un mundo monárquico y totalitario.
El barco donde estuve era propiedad de la Linblad Expedition, compañía que se dedica a observar aves, animales y a estudiar la naturaleza en todo su esplendor.
Durante siete días caminé por el archipiélago en senderos estrictamente delineados por sus autoridades, sin que se me permitiese deambular por ninguna otra parte (para proteger a los nidos), practiqué el buceo alrededor de cientos de focas, delfines, tiburones y miles de peces de todos los colores. Caminé alrededor de tortugas, pingüinos y toda clase de pájaros y animales salvajes. Nunca durante todo este tiempo, ¡nunca!, vi a un animal huir o intentar alejarse de un turista (imagínate el terror de los animales en Panamá), ni vi una colilla de cigarrillos, mucho menos basura en sus parques. La naturaleza era respetada por el hombre y el hombre era respetado por la naturaleza. Un baile simbiótico, el cual le daba beneficios tanto a unos como a otros.
La confusión y el desorden que imperan en Panamá con respecto al medio ambiente no es producto de falta de leyes, ni de los indios cortando tucas para hacerse de una canoa. El país ya ha perdido el 63% de sus bosques, escúchalo bien y llora, escúchalo bien y prepárate para la venganza iracunda de la naturaleza sobre Panamá, pues el equilibrio ya ha sido alterado. Esto no fuese un problema si nos detuviésemos en este momento y dijésemos: ¡ya basta! No cortemos más árboles en Darién para beneficiar a nuestros políticos. ¡Ya basta! No demos más permisos de caza a cada barrigón con escopeta que quiere cazar en el Parque Nacional de Chiriquí.
Todo este suicidio colectivo no debería de ocurrir en un lugar que, debido a su belleza, podría ingeniárselas en hacer caminos por sus bosques para volver locos de felicidad a la sociedad AUDOBON y crear aventuras tan hermosas que harían que "Cocodrile Dundee" pensase en mudarse a Panamá en vez de vivir en la selvita gay de Australia.Tenemos sólo un problema, la misma cantidad de animales no parlantes que nos regaló Dios, es proporcional a la cantidad de animales parlantes que quiere destruir su propia tierra.
De nada sirve el pensar que el panameño dejará de tirar basura o de usar bombas para atrapar pescados, o que dejará de capturar sus preciosos tucanes para que adornen el patio de unos cuantos imbéciles que aún no entienden que la naturaleza no puede ser dominada a base de jaulas y celdas en sus casas. Hombres cegados por su ego que se rehúsan a comprender que la naturaleza sólo es bella si es salvaje y libre.
Si no fortalecemos a la ANAM con todas las fuerzas que tengamos, y ésta no se separa del negocio del dame que yo te doy, la orgía de destrucción continuará y cuatro miembros de este gobierno se encargarán o ya se están haciendo cargo de negociar el bello santuario de Coiba, un lugar tan especial y salvaje que podría ser nuestro segundo Canal de Panamá en concepto de ingresos. Coiba podría hacer ricos (si respetamos su belleza) a todos los habitantes de Herrera y Los Santos en sólo cuatro años (corta palos profesionales). Coiba tiene hasta ballenas en sus alrededores, pero de qué sirve este bello espectáculo, si hasta panameños poderosos y educados como José Miguel Alemán, ex ministro y candidato a la presidencia, encompinchados con el gobierno japonés desean matarlas bajo el pretexto del sushi o del sashimi.
Sólo soy un escritor enamorado de los colores de la tierra en donde vivo y no pretendo añadir más leyes de las miles que tenemos, y que únicamente sirven de papel higiénico. Pero sí me gustaría, si me lo permitieses, crear en ti un estímulo para que dentro de este caos del medio ambiente comiences a pensar por ti mismo y a tener dentro de tu propia conciencia ganas de descubrir cuál es la raíz de que tantos panameños quieran destruir todo aquello que es bello y sagrado. ¿La ignorancia? ¿La estupidez? ¿La ambición? Lo que quemaste, que talaste, que mataste será el regalo que les dejes a tu pueblo y a tus hijos, ¿no te importa? ¿No te duele?
Coiba perecerá, no sólo por el hecho de que cualquier turismo de alta densidad destruirá su balance ecológico, sino que perecerá porque al igual que cada piedra o palo que es robada por los políticos de turno es convertida en dinero familiar, no en riqueza cultural o en belleza ambiental para los panameños. ¡Dinero por ballenas! ¡Dinero por Coiba! ¡Dinero por belleza! ¡Dinero por tu alma!
Cuando ya no haya peces, ni aves, ni animales, ni mares limpios; entonces nos tendremos que comer salcochados todos los papeles que en nuestra avaricia hemos acumulado en el banco.
Hoy día nuestros jóvenes miran en la Bahía de Panamá una cloaca inmunda en vez de poder pescar y bañarse en ella como lo hicieron sus padres. Igualmente las futuras generaciones verán en televisión y en paquines, retratos de aquello que un día fue un pedazo de paraíso llamado Panamá. ¿No te importa? ¿No te duele?
Posterior a la encuesta, la fundación desarrolló una gran conferencia donde atendieron a 600 maestros por día y se les enseñó cómo motivar al niño en el salón de clases. La asistencia fue alta.
Cardoze considera que esta capacitación es una ayuda al Ministerio de Educación del cual destacó el respaldo, como también de la empresa privada, de la Universidad Santa María La Antigua (USMA), el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) y de legisladores como Francisco Alemán, José Blandón Figueroa y José Luis Varela, de los circuitos donde hay centros educativos con este programa. En el mes de abril se capacitaron a 300 educadores y en mayo a otros 300.
Martha Lewis de Cardoze explica que este proceso ha permitido el desarrollo del uso de nuevas tecnologías en cinco escuelas. Las escuelas Sara Sotillo (Panamá Viejo), Francisco Arias Paredes (Pueblo Nuevo), Gran Bretaña (Pedregal), José Agustín Arango (Bethania) y Omar Torrijos (Concepción) son ejemplos de este avance. En cada uno de estos planteles la fundación tiene un técnico con una estrategia de mantenimiento preventivo y conectivo y un reglamento para el uso del lugar.
Por su parte, el Ministerio de Educación colabora con un maestro de Informática que se hace responsable del equipo en el local. Explica Cardoze que el año pasado ganaron el Premio Educo de COSPAE, por su contribución a la educación.
Fue creada en 1996 en memoria de Gabriel Lewis Galindo, diplomático, negociador de los tratados del Canal de Panamá y empresario involucrado con la misión de contribuir al fortalecimiento del sistema educativo panameño.
Con la visión de Gabriel Lewis Galindo: "Si queremos progresar, nos tenemos que educar", la fundación ha creado el programa "El Educador del Siglo XXI", dirigido a capacitar con nuevas estrategias de enseñanza y metodologías necesarias para el éxito de los docentes de enseñanza primaria.
Este proyecto, que se desarrolla con el apoyo del Ministerio de Educación, se basa en el modelo de enseñanza VASE, con el cual el docente motiva al estudiante a aprender usando el pensamiento crítico que lo llevará a tomar decisiones razonables y apropiadas en su vida. Cada una de sus siglas promueve que el niño logre: Vivenciar para visualizar; Analizar para aplicar; Sensibilizar para construir, y Evaluar para expresar.
El barco donde estuve era propiedad de la Linblad Expedition, compañía que se dedica a observar aves, animales y a estudiar la naturaleza en todo su esplendor.
Durante siete días caminé por el archipiélago en senderos estrictamente delineados por sus autoridades, sin que se me permitiese deambular por ninguna otra parte (para proteger a los nidos), practiqué el buceo alrededor de cientos de focas, delfines, tiburones y miles de peces de todos los colores. Caminé alrededor de tortugas, pingüinos y toda clase de pájaros y animales salvajes. Nunca durante todo este tiempo, ¡nunca!, vi a un animal huir o intentar alejarse de un turista (imagínate el terror de los animales en Panamá), ni vi una colilla de cigarrillos, mucho menos basura en sus parques. La naturaleza era respetada por el hombre y el hombre era respetado por la naturaleza. Un baile simbiótico, el cual le daba beneficios tanto a unos como a otros.
La confusión y el desorden que imperan en Panamá con respecto al medio ambiente no es producto de falta de leyes, ni de los indios cortando tucas para hacerse de una canoa. El país ya ha perdido el 63% de sus bosques, escúchalo bien y llora, escúchalo bien y prepárate para la venganza iracunda de la naturaleza sobre Panamá, pues el equilibrio ya ha sido alterado. Esto no fuese un problema si nos detuviésemos en este momento y dijésemos: ¡ya basta! No cortemos más árboles en Darién para beneficiar a nuestros políticos. ¡Ya basta! No demos más permisos de caza a cada barrigón con escopeta que quiere cazar en el Parque Nacional de Chiriquí.
Todo este suicidio colectivo no debería de ocurrir en un lugar que, debido a su belleza, podría ingeniárselas en hacer caminos por sus bosques para volver locos de felicidad a la sociedad AUDOBON y crear aventuras tan hermosas que harían que "Cocodrile Dundee" pensase en mudarse a Panamá en vez de vivir en la selvita gay de Australia.Tenemos sólo un problema, la misma cantidad de animales no parlantes que nos regaló Dios, es proporcional a la cantidad de animales parlantes que quiere destruir su propia tierra.
De nada sirve el pensar que el panameño dejará de tirar basura o de usar bombas para atrapar pescados, o que dejará de capturar sus preciosos tucanes para que adornen el patio de unos cuantos imbéciles que aún no entienden que la naturaleza no puede ser dominada a base de jaulas y celdas en sus casas. Hombres cegados por su ego que se rehúsan a comprender que la naturaleza sólo es bella si es salvaje y libre.
Si no fortalecemos a la ANAM con todas las fuerzas que tengamos, y ésta no se separa del negocio del dame que yo te doy, la orgía de destrucción continuará y cuatro miembros de este gobierno se encargarán o ya se están haciendo cargo de negociar el bello santuario de Coiba, un lugar tan especial y salvaje que podría ser nuestro segundo Canal de Panamá en concepto de ingresos. Coiba podría hacer ricos (si respetamos su belleza) a todos los habitantes de Herrera y Los Santos en sólo cuatro años (corta palos profesionales). Coiba tiene hasta ballenas en sus alrededores, pero de qué sirve este bello espectáculo, si hasta panameños poderosos y educados como José Miguel Alemán, ex ministro y candidato a la presidencia, encompinchados con el gobierno japonés desean matarlas bajo el pretexto del sushi o del sashimi.
Sólo soy un escritor enamorado de los colores de la tierra en donde vivo y no pretendo añadir más leyes de las miles que tenemos, y que únicamente sirven de papel higiénico. Pero sí me gustaría, si me lo permitieses, crear en ti un estímulo para que dentro de este caos del medio ambiente comiences a pensar por ti mismo y a tener dentro de tu propia conciencia ganas de descubrir cuál es la raíz de que tantos panameños quieran destruir todo aquello que es bello y sagrado. ¿La ignorancia? ¿La estupidez? ¿La ambición? Lo que quemaste, que talaste, que mataste será el regalo que les dejes a tu pueblo y a tus hijos, ¿no te importa? ¿No te duele?
Coiba perecerá, no sólo por el hecho de que cualquier turismo de alta densidad destruirá su balance ecológico, sino que perecerá porque al igual que cada piedra o palo que es robada por los políticos de turno es convertida en dinero familiar, no en riqueza cultural o en belleza ambiental para los panameños. ¡Dinero por ballenas! ¡Dinero por Coiba! ¡Dinero por belleza! ¡Dinero por tu alma!
Cuando ya no haya peces, ni aves, ni animales, ni mares limpios; entonces nos tendremos que comer salcochados todos los papeles que en nuestra avaricia hemos acumulado en el banco.
Hoy día nuestros jóvenes miran en la Bahía de Panamá una cloaca inmunda en vez de poder pescar y bañarse en ella como lo hicieron sus padres. Igualmente las futuras generaciones verán en televisión y en paquines, retratos de aquello que un día fue un pedazo de paraíso llamado Panamá. ¿No te importa? ¿No te duele?
Posterior a la encuesta, la fundación desarrolló una gran conferencia donde atendieron a 600 maestros por día y se les enseñó cómo motivar al niño en el salón de clases. La asistencia fue alta.
Cardoze considera que esta capacitación es una ayuda al Ministerio de Educación del cual destacó el respaldo, como también de la empresa privada, de la Universidad Santa María La Antigua (USMA), el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) y de legisladores como Francisco Alemán, José Blandón Figueroa y José Luis Varela, de los circuitos donde hay centros educativos con este programa. En el mes de abril se capacitaron a 300 educadores y en mayo a otros 300.
Martha Lewis de Cardoze explica que este proceso ha permitido el desarrollo del uso de nuevas tecnologías en cinco escuelas. Las escuelas Sara Sotillo (Panamá Viejo), Francisco Arias Paredes (Pueblo Nuevo), Gran Bretaña (Pedregal), José Agustín Arango (Bethania) y Omar Torrijos (Concepción) son ejemplos de este avance. En cada uno de estos planteles la fundación tiene un técnico con una estrategia de mantenimiento preventivo y conectivo y un reglamento para el uso del lugar.
Por su parte, el Ministerio de Educación colabora con un maestro de Informática que se hace responsable del equipo en el local. Explica Cardoze que el año pasado ganaron el Premio Educo de COSPAE, por su contribución a la educación.
Fue creada en 1996 en memoria de Gabriel Lewis Galindo, diplomático, negociador de los tratados del Canal de Panamá y empresario involucrado con la misión de contribuir al fortalecimiento del sistema educativo panameño.
Con la visión de Gabriel Lewis Galindo: "Si queremos progresar, nos tenemos que educar", la fundación ha creado el programa "El Educador del Siglo XXI", dirigido a capacitar con nuevas estrategias de enseñanza y metodologías necesarias para el éxito de los docentes de enseñanza primaria.
Este proyecto, que se desarrolla con el apoyo del Ministerio de Educación, se basa en el modelo de enseñanza VASE, con el cual el docente motiva al estudiante a aprender usando el pensamiento crítico que lo llevará a tomar decisiones razonables y apropiadas en su vida. Cada una de sus siglas promueve que el niño logre: Vivenciar para visualizar; Analizar para aplicar; Sensibilizar para construir, y Evaluar para expresar.

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