Juramento a la Patria
Publicado 2004/11/05 00:00:00
- Silvio y Ramiro Guerra Morales
Teorizar sobre la Patria no es tarea fácil para quienes la vivimos, pensamos y sufrimos. Por eso en su mes queremos ofrecerle a ella nuestro canto y nuestra oda; nuestra poesía y nuestra tragedia. Las siguientes líneas son pensadas, emanan del alma y ojalá puedan ellas producir produzcan la reflexión, en nuestros lectores, de que se hace tarea impostergable la enmienda de la Patria.
Patria: Hoy queremos decirte que somos dos hijos que te amamos, te manifestamos profundo amor y también queremos expresarte que nos sentimos orgullosos de ti por lo cual nos profesamos fieles creyentes de un patriotismo que no se entrega ni se vende al mejor postor.
Patria: Eres un gran vocablo; cual dulce miel al paladar es saborear tu esencia y nunca de ella nos empalagamos, porque sentimos que tributo y honra hay para los hijos que, permanentemente, vivimos reverenciando tu nombre.
Patria: Eres una palabra que golpea a los que dicen ser tus hijos; sin embargo, son esos mismos los que acaban con tus bienes y el patrimonio de nuestro pueblo. Cuales barrabás viven arropándose con el manto de la sagrada bandera para ocultar la cara de delincuentes mayores. Miran el escudo y sienten complacencia porque consideran que son ellos los que merecen todas las estrellas de nuestra geografía nacional. Qué tristeza profunda embarga nuestros corazones al saber que en ti, Patria, en tu vientre, subyace la miseria y el dolor porque tus buenos hijos no tienen qué comer o qué darle a sus pequeños. Todo se lo han llevado los malos hijos: han despilfarrado millones a montón; falsearon la verdad; hicieron grandes negocios y todo se configura con un "cheque al portador". Estos son antipatriotas: han endosado el erario público a la traición; se han enriquecido y han vilipendiado el honor de nuestra República.
"Tres de Noviembre" suena a independencia no lograda; y en el "Día de la Bandera" flamean el luto y el dolor; rampante el desempleo, la pobreza, el hambre y mil penurias.
Vengan todos, hombres y mujeres del mundo, a conocer un Panamá que gime entre la desidia y la corrupción a la que la han subsumido los malos patriotas.
No queremos "ni millones ni limosnas", gritó un día Remón y un ex Canciller dice ahora que no es delito "recibir un millón" porque, al final y al cabo, quien viste mejor, al decir de una señora "es ponerse un lujoso vestido de marca Coco Chanel o lucir un extravagante abrigo Gianni Versace".
Por favor, mercenarios de la Patria, apartaos y dejad el camino para que pasen los que sí creemos en sueños de libertad: esa libertad que es para el hambriento un pedazo o mendrugo de pan y no las migajas que caen de la mesa de quien, al igual que todos, es de carne y hueso y que vino de la propia casa hurtando el pan y la carne a la que tenemos derechos todos por igual. Son esos, los que se hacen millonarios de la noche a la mañana.
La Dama de la Justicia pronto, muy pronto, tendrá que ponerlos en su balanza para encontrarlos culpables de alta traición a la Patria.
"Esto es persecución política", dicen ahora los que se prostituyeron en el poder: vida palaciega; lujos a granel. Hoy nuestro pueblo gime, llora y censura esas travesuras que dan al traste con la nación y por eso es que exigimos rendición de cuentas ahora. Mañana será tarde: nadie quiere creer en el "mañana".
Feliz mentira es aquella que se brinda a la necesidad diciéndole "venga mañana; será mañana, hasta mañana". Nuestro pueblo quiere vivir sus sueños de libertad, pan y trabajo con dignidad. Dignidad, ¡oh Patria amada¡, dicen también tener los que han dejado tu casa en nada. Desgreño y despilfarro son los grandes resabios que nos heredaron quienes se pasearon por los pasillos de la Presidencia y en sus recámaras negocios ilícitos trataron para envilecer la Patria y la libertad.
Patria, cumple tus años: que ante ti un juramento sagrado haremos. Patria, ante tu altar juramos que no descansaremos hasta lograr que en nuestro suelo, los panameños, todos podamos disfrutar de tu amparo y sin que se hable de que los hijos de Juan Pueblo son distintos a los hijos del templo de Pluto o de los Aristos. Patria en fervor devoto te prometemos que no desmayaremos y que por ti lucharemos hasta que se cumpla nuestro sueño de libertad.
Libertad, palabra rancia, se ríen de ellas los déspotas y tiranos. Cuánto padece ella en manos de los arbitrarios. Y es que la libertad no tan sólo es deambular o caminar por la geografía nacional: no puede haber libertad cuando golpea el hambre a nuestro pueblo y nuestros hermanos están a punto de colapsar ante la miseria, las enfermedades y los páramos que pasan los hijos de la cocinera en terrible afán.
La Patria huele a pobreza, tristeza y miseria. También se siente un leve movimiento de rebeldía. Pero, Patria, como dijera el poeta, "si desde las alturas, desde las nubes, ves que el hado ciego en los istmeños puso cobardía, desciende al Istmo convertida en fuego y extingue con febril desasosiego a los que amaron tu esplendor un día".
Patria: Hoy queremos decirte que somos dos hijos que te amamos, te manifestamos profundo amor y también queremos expresarte que nos sentimos orgullosos de ti por lo cual nos profesamos fieles creyentes de un patriotismo que no se entrega ni se vende al mejor postor.
Patria: Eres un gran vocablo; cual dulce miel al paladar es saborear tu esencia y nunca de ella nos empalagamos, porque sentimos que tributo y honra hay para los hijos que, permanentemente, vivimos reverenciando tu nombre.
Patria: Eres una palabra que golpea a los que dicen ser tus hijos; sin embargo, son esos mismos los que acaban con tus bienes y el patrimonio de nuestro pueblo. Cuales barrabás viven arropándose con el manto de la sagrada bandera para ocultar la cara de delincuentes mayores. Miran el escudo y sienten complacencia porque consideran que son ellos los que merecen todas las estrellas de nuestra geografía nacional. Qué tristeza profunda embarga nuestros corazones al saber que en ti, Patria, en tu vientre, subyace la miseria y el dolor porque tus buenos hijos no tienen qué comer o qué darle a sus pequeños. Todo se lo han llevado los malos hijos: han despilfarrado millones a montón; falsearon la verdad; hicieron grandes negocios y todo se configura con un "cheque al portador". Estos son antipatriotas: han endosado el erario público a la traición; se han enriquecido y han vilipendiado el honor de nuestra República.
"Tres de Noviembre" suena a independencia no lograda; y en el "Día de la Bandera" flamean el luto y el dolor; rampante el desempleo, la pobreza, el hambre y mil penurias.
Vengan todos, hombres y mujeres del mundo, a conocer un Panamá que gime entre la desidia y la corrupción a la que la han subsumido los malos patriotas.
No queremos "ni millones ni limosnas", gritó un día Remón y un ex Canciller dice ahora que no es delito "recibir un millón" porque, al final y al cabo, quien viste mejor, al decir de una señora "es ponerse un lujoso vestido de marca Coco Chanel o lucir un extravagante abrigo Gianni Versace".
Por favor, mercenarios de la Patria, apartaos y dejad el camino para que pasen los que sí creemos en sueños de libertad: esa libertad que es para el hambriento un pedazo o mendrugo de pan y no las migajas que caen de la mesa de quien, al igual que todos, es de carne y hueso y que vino de la propia casa hurtando el pan y la carne a la que tenemos derechos todos por igual. Son esos, los que se hacen millonarios de la noche a la mañana.
La Dama de la Justicia pronto, muy pronto, tendrá que ponerlos en su balanza para encontrarlos culpables de alta traición a la Patria.
"Esto es persecución política", dicen ahora los que se prostituyeron en el poder: vida palaciega; lujos a granel. Hoy nuestro pueblo gime, llora y censura esas travesuras que dan al traste con la nación y por eso es que exigimos rendición de cuentas ahora. Mañana será tarde: nadie quiere creer en el "mañana".
Feliz mentira es aquella que se brinda a la necesidad diciéndole "venga mañana; será mañana, hasta mañana". Nuestro pueblo quiere vivir sus sueños de libertad, pan y trabajo con dignidad. Dignidad, ¡oh Patria amada¡, dicen también tener los que han dejado tu casa en nada. Desgreño y despilfarro son los grandes resabios que nos heredaron quienes se pasearon por los pasillos de la Presidencia y en sus recámaras negocios ilícitos trataron para envilecer la Patria y la libertad.
Patria, cumple tus años: que ante ti un juramento sagrado haremos. Patria, ante tu altar juramos que no descansaremos hasta lograr que en nuestro suelo, los panameños, todos podamos disfrutar de tu amparo y sin que se hable de que los hijos de Juan Pueblo son distintos a los hijos del templo de Pluto o de los Aristos. Patria en fervor devoto te prometemos que no desmayaremos y que por ti lucharemos hasta que se cumpla nuestro sueño de libertad.
Libertad, palabra rancia, se ríen de ellas los déspotas y tiranos. Cuánto padece ella en manos de los arbitrarios. Y es que la libertad no tan sólo es deambular o caminar por la geografía nacional: no puede haber libertad cuando golpea el hambre a nuestro pueblo y nuestros hermanos están a punto de colapsar ante la miseria, las enfermedades y los páramos que pasan los hijos de la cocinera en terrible afán.
La Patria huele a pobreza, tristeza y miseria. También se siente un leve movimiento de rebeldía. Pero, Patria, como dijera el poeta, "si desde las alturas, desde las nubes, ves que el hado ciego en los istmeños puso cobardía, desciende al Istmo convertida en fuego y extingue con febril desasosiego a los que amaron tu esplendor un día".
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