Formación
La escuela Normal de Santiago, Luz del Llano
No recuerdo si fue mi padre o mi madre, o ambos, quienes me matricularon en “La Normal”. Mis dos primeros años de normalista fueron horribles.
No recuerdo si fue mi padre o mi madre, o ambos, quienes me matricularon en “La Normal”. Mis dos primeros años de normalista fueron horribles. Tenía que caminar sin zapatos porque la carretera era de lodo, en La Normal permanecíamos desde las 7:00 a.m. hasta las 11:45 a.m. Retornábamos a casa caminando, sin zapatos, para almorzar y volver a clases de 1:30 p.m. a 4:30 p.m. Para cuando llegué a IV año, aparece la primera línea de ruta de autobuses de Santiago cuyo pionero fue el maestro normalista Guillermo Velásquez, tío del también normalista y famoso compositor paranacional Omar Enrique Alfanno Velásquez, cuyos padres, el profesor Chichi Alfanno y su distinguida esposa maestra normalista “la mella Velásquez” fueron mis vecinos a fines de la década del sesenta.
Así llegué al VI año y me gradué de Bachiller en Comercio, haciendo esfuerzos y sacrificios y escuchando los consejos de mi padre Waldo Arrocha Graell. La Normal me dio conocimientos, formación, temple, carácter, personalidad, amor por la patria y pasión por las letras, los libros y la política. Permanecerán en mi memoria el recuerdo de aquellos hombres y mujeres que tocaron mi espíritu de superación: Ernesto Martínez Álvarez, Roberto Restrepo, Héctor Peñalba, Julio Alcedo, Elisondo Tejada Flores, Ana Richa de Spiegel, Tito Rodríguez, Tito Del Moral, Abelardo Londoño, Plinio Terreros, Lía Anguizola, Rosa Sagel, Juan Rodríguez, Rosa Palma, Otilia Pinilla Chiari de Restrepo, Gloria Cliford y otros. Todos fueron profesores ejemplares.
Me impactó el estilo de gestión administrativa de la profesora Berta Arango, quien fue la directora de hierro, implacable, fría y estricta al extremo. Luego vino el período de Doña María de la Paz Urriola de Torraza, profesora de excelentes calificaciones y cualidades.
Mis profesores fueron extraordinarios; antes de graduarme ya había leído a Montesquieu, Rousseau, Thomas Hob, Dante, Ingenieros y no pocos autores de renombre mundial que cambiaron la faz política de occidente. Los profesores normalistas era visionarios y apostaron por el futuro del país forjando integralmente a sus discípulos. Recuerdo como si fuese hoy las verbenas normalistas con sus bailes de gala; La banda de música con casi cien instrumentos; la banda de guerra dirigida por la extraordinaria profesora Maty García; al Dr. Luis (Chicho) Fábrega y la enfermera Campos en la enfermería.
La escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena fue hasta 1968 un centro académico de primera línea, fue un semillero en el que germinaron prohombres y mujeres. Resaltan entre otros eventos la lucha por no dejar ir para David el Primer Ciclo de Santiago, encabezado por Héctor Santacoloma y su emisora Ondas Centrales; el movimiento social campesino liderado por Carlos Francisco Chang Marín, Gonzalo Castro, Milciades Amores Collins y otros en contra del latifundismo; el alzamiento en armas de Cerro Tute, encabezado por Polidoro Pinzón, y en el que mueren los normalistas su hermano Rodrigo Pinzón y mi primo Domingo García, ambos aún siendo adolescentes; el movimiento cívico estudiantil promejoramiento de las calles de Santiago que duró 22 días encabezado por Maximiliano Pérez Herrera y su esposa Nelly, Dimas Flores, Joel Ábrego y los normalistas José Santos González, Yolanda Aguilar y Plutarco Arrocha. Y por último, la hazaña de fletar tres buses de 60 pasajeros, llenos de estudiantes y ciudadanos santiagueños dispuestos al sacrificio para respaldar la gesta heroica del 9 de enero de 1964. Encabezamos esta lid, además de quien escribe, Alcibiades Alcedo, Jaime Weslley, Rafael Rodríguez y otros. Fuimos paraceptados por el Ejército norteamericano a la altura de Arraiján. Fue una intención valiente y la volveríamos a hacer.
Así éramos los normalistas. Muchos de ellos han sido prominentes en los diferentes campos del saber y del quehacer. Hay jefes de Gobierno, vicepresidentes de la República, ministros de Estado, magistrados, pintores de renombre paranacional, literatos y poetas, directores de entidades estatales, rectores de universidades, procuradores de la nación, militares y un larguísimo etcétera. Esa era la Luz del Llano, la alegoría del maestro de las letras y del periodismo nacional, el también santiagueño Don Ignacio (Nachito) Valdés hecha realidad.
Somos el producto de su esencia edificante y transformadora. Y un algo que nos impregnó, que no nos deja tranquilos; una inquietud que nos impulsa hacia adelante, que nos hace ver y sentir cosas por hacer; metas nuevas por alcanzar; un algo que llevamos muy dentro de cada uno: ¡La Normal inquieta!

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