Panamá
La gran importancia de la cultura
- Mons. Rómulo Emiliani cmf
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Las tradiciones de un pueblo, de una nación, configuran parte de la personalidad de un individuo. Son como la referencia singular a la que nos enfocamos cuando necesitamos conocernos mejor. En ese fenómeno llamado cultura están nuestras danzas y comidas, los dichos más comunes, la forma de vestir y nuestros héroes, las historias épicas y trágicas de nuestro pueblo, pero sobre todo la manera como normalmente reaccionamos ante las vicisitudes de la vida. Cómo enfocamos un hecho, un acontecimiento bueno o malo, el cómo lo procesamos en nuestro interior y la manera como respondemos al asunto, determina parte de lo que somos. Es más, la manera como vemos y actuamos ante lo negativo nos hace ver quiénes somos.
Un detalle que hace a un pueblo valeroso es el de sentirse "uno" cuando vienen las crisis, sean económicas, pandemias, catástrofes naturales y que afectan a todo un pueblo o nación. La solidaridad es un dato que sobresale en los pueblos dignos. La compasión activa, la del buen samaritano, la del preocuparse por el vecino, la de defender todo el cuerpo social, la comunidad, hace de esas naciones gente especial. Pongo un ejemplo bonito en medio de la tragedia: el terremoto de Lisboa en 1755 con magnitud casi 9 grados acompañado de un tsunami e incendios destruyó la ciudad. Murieron unas 50 mil personas. Las personas abrieron sus casas a los damnificados. Se cocinaba para todo el que necesitaba. Los vecinos sacaban a la gente con sus manos de los escombros. Los médicos sin cobrar atendían a la gente en la calle. Se ordenó al ejército a reconstruir. No hubo saqueos masivos. Para eso hay toda una cultura en el alma del pueblo donde valores como la compasión, la generosidad, el respeto a la vida, la solidaridad, el heroísmo se han ido cultivando. Eso no se da en todas partes. Eso toma mucho tiempo, varias generaciones en gestarse y transmitirlo.
Pongo otro ejemplo singular: Numancia, pueblo español, en el 133 antes de Cristo; los romanos liderados por Escipión la rodearon por ocho meses, con un gran ejército. Los numantinos aguantaron hambre, sed, epidemias, gente que moría todos los días por eso. Pero nunca se rindieron. Terminaron comiéndose a sus caballos, perros, ratas, cualquier animal que veían. El hambre los fue matando. Al final, los pocos sobrevivientes quemaron la ciudad. Cuando los romanos entraron solo encontraron cenizas y cadáveres. Para que se dé eso se necesitan valores como el coraje, la valentía, la fidelidad, la dignidad, la conciencia de pertenecer a una nación. Eso se gesta, se cultiva por varias generaciones. Se practica de mil maneras y cuando viene la gran prueba se demuestra con hechos. Yo solamente pregunto: ¿tenemos hoy en nuestra cultura reinante esos valores?

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