No hay quien cierre la puerta…
- Adelita Coriat (opinion@epasa.com)
Así escuché de un entrevistado esta semana, y en realidad no hay frase que se ajuste mejor a la situación.
Todos tienen la cola de paja tan larga que nadie puede cerrar la puerta.
Y esta es una de las razones más frecuentes por las que los diputados en la Asamblea Nacional saltan de tolda, son muy pocos los que no dan su brazo a torcer, o quienes han sido conscientes y consecuentes con sus actos.
Esta situación se repite, en distintos casos, pero a todos los niveles, sucedió con alcaldes, representantes de corregimientos, y funcionarios que prefieren callar a cambio de puestos jugosos, o favoritismos políticos.
¿Cuál es el motivo real de la Sala V en la Corte Suprema de Justicia? Todo apunta a un dominio sobre el órgano judicial.
Vamos a las estadísticas. Un análisis de Alianza Ciudadana Pro Justicia muestra el desempeño del órgano judicial en el año 2010; los casos de Habeas Corpus se resolvieron casi en un 95% y los de Amparo de Garantías de los 432 ingresados se resolvieron 364.
No solo eso, el análisis muestra que el 50% de los casos recae en los jueces de circuito, no en los magistrados de la Corte Suprema de Justicia donde se recibe si acaso el 1% de los miles que se atienden en las otras esferas.
Es decir, este trabajo no ocupa el tiempo de los magistrados, en cambio, la Sala V viene aderezada de otros elementos que prácticamente legalizarían los pinchazos, las incautaciones de bienes y otras formas de doblegar a los incómodos.
Es aquí cuando hablamos de crisis política donde a veces no realizamos el alcance de este término. Es necesario hacer un alto en nuestra agenda nacional.
El país empieza a dividirse no solo en opiniones, sino que las diferencias políticas se profundizan en otro tipo de acciones que están poniendo en riesgo nuestra paz democrática.
La creación de la sala V, las reformas al código electoral que quedan pausadas en el reloj de la Asamblea Nacional de Diputados, la propuesta de reforma a la constitución, son elementos suficientes como para organizar a la sociedad, a grupos políticos opositores.
Es evidente la crisis política que salta a relucir un clima putrefacto que al final puede llevar a una unidad de quienes se oponen o a lanzar al límite a una clase media frustrada ante la camisa de fuerza en la que los ha metido la clase política.
Cualquiera de estos dos escenarios no son sanos para nuestra sociedad o para un país que tiene a su favor un crecimiento económico y pretende posicionarse como punto de inversión internacional.
Periodista.

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