Otorgamiento de licencias de locutor

06/3/18 - 12:00 AM
Universidades estatales, la Asociación de Periodistas de Chiriquí y la Asociación Panameña de Radiodifusión, responsablemente han expresado su preocupación por la proliferación de licencias de locutor a personas que no tienen la más mínima idea de lo que es el arte de expresarse de manera correcta en la radio.

  • Miguel Ángel Sánchez | [email protected] |                                             

En el año 1995, cuando inicié mi carrera como comunicador social, la radio era admitida por la sociedad como el principal medio de comunicación que garantizaba al oyente veracidad en la información que se difundía. Además de contribuir con los principios fundamentales de entretener, educar e informar; brindaba la oportunidad de disfrutar de una programación agradable, sin ningún tipo de ruido, gritos o palabras bruscas, que afectaran la emotividad del oyente que permanentemente escuchaba radio mientras desarrollaban sus oficios cotidianos. No obstante, mucho antes de iniciarme en el mundo de la radio, como asiduo oyente de las programaciones, puedo recordar una radio mucho más pulcra, profesional y educativa que la que escuchamos en los últimos tiempos.

Es muy cierto que la radio ha evolucionado y, por lo tanto, se ha modernizado. Con la implementación de herramientas y programas computarizados, las estaciones radiales han dinamizado su programación que de alguna manera va en concordancia con una animación singular, propia de una cultura transmutada y diferente a la que vivimos en las décadas de los 70, 80 y 90, por ejemplo. Para algunas personas la radio de hoy es más divertida en comparación con la que antes se realizaba. Sin embargo, como ciudadanos es necesario que hagamos una evaluación y valoración crítica y determinar, objetivamente, si la programación musical e informativa y la locución llamativa que realizan muchos de los supuestos locutores en las estaciones de radio en los últimos tiempos es más profesional que la que desarrollaban esos otros locutores en las épocas antes descritas, quienes, algunos con voces de cantantes de ópera, lograban que los oyentes permanecieran muchas horas del día escuchando sus programaciones. Sé que pareciera que fue hace mucho tiempo, pero no es así.

Los saludos a los radioescuchas y los comentarios sobre las canciones que presentaban o sobre la vida de los artistas del momento era lo más notorio en la radio de esos tiempos. Por supuesto, las informaciones sobre algún acontecimiento de relevancia que necesitaba ser de conocimiento público era de vital importancia difundir en la programación. Obviamente, esas noticias o comunicados debían ser verificadas y corroboradas por una autoridad o una fuente informativa de entero crédito. No obstante, los dueños de las estaciones de radio preferían que los periodistas se encargaran de informar y comunicar a la comunidad sobre los hechos o acontecimientos noticiosos del momento. Hoy, con la llegada de las redes sociales, las noticias falsas en las programaciones radiales de los locutores o famosos DJ son el pan de cada día. Muchas veces las informaciones son manejadas de manera irresponsable, provocando confusión en la opinión pública.

Un viejo amigo, locutor de más de 10 décadas en la profesión y que aún se mantiene activo en la radio, sostiene que la locución es un arte. La dicción, el léxico y la tonificación de las oraciones son elementos fundamentales para expresar de forma correcta el mensaje. Por supuesto que el respeto, la ética y la moralidad de la persona al momento de hablarle al oyente es de vital importancia. ¿Será que la radio de hoy no requiere de un locutor profesional con valores cívicos, morales y éticos que contribuya a construir una mejor sociedad?

Universidades estatales, la Asociación de Periodistas de Chiriquí y la Asociación Panameña de Radiodifusión, responsablemente han expresado su preocupación por la proliferación de licencias de locutor a personas que no tienen la más mínima idea de lo que es el arte de expresarse de manera correcta en la radio y sobre la responsabilidad que esto conlleva. En consecuencia, es necesario establecer reglas sobre el uso de los micrófonos en una estación de radio. Claro está, sin coartar la libertad de expresión, derecho del que goza todo ciudadano. Eso es otro asunto. La carrera de radiodifusión o locución debe ser impartida con un adecuado plan académico en las universidades y no a través de un curso de dos meses, donde no se aprenden las particularidades necesarias para desarrollar esta profesión de manera correcta y profesional.