Perú: la epifanía de Montesinos
Publicado 1999/05/14 23:00:00
- Jairo Cornejo
En el marco de un reportaje que rememoró la liberación de los rehenes de la residencia del embajador japonés en el Perú tomada por el MRTA, el enigmático asesor presidencial Vladimiro Montesinos decidió, por fin, dar la cara a la opinión pública, en tándem con el presidente Fujimori, a través de una caricatura de entrevista televisiva.
En un programa amigo y con un entrevistador ad hoc (que no hizo una sola repregunta y se limitó a seguir un libreto pre-establecido), el jefe de Estado y su oscuro consiglieri se dedicaron a adularse mutuamente durante los casi 20 minutos que duró el monólogo compartido.
Los entrevistados, vestidos hasta de forma parecida, persiguieron con la entrevista hasta cuatro objetivos. El primero, resaltar que la autoría del rescate, el diseño y su planificación, fue del propio presidente Fujimori y de Vladimiro Montesinos. El ex jefe del Comando Conjunto, Nicolás Hermoza Ríos, que en su libro "Operación Chavín de Huántar" se presentó a sí mismo como uno de los principales responsables del exitoso operativo militar, no fue aludido.
"Quiero aclarar que como Presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Jefe del Comando Operativo del Frente Interno (COFI) asumí personalmente las funciones en todos los niveles de la conducción estratégica de la Operación Chavín de Huántar", afirma el ahora caído en desgracia Hermoza en la página 118 de su opúsculo.
Curiosamente, Montesinos, quien tampoco nombró a Hermoza en la entrevista, asistió a la presentación del citado libro como uno de los invitados de honor. Montesinos y Hermoza exhiben en esta publicación cerca de 10 fotos en las que aparecen juntos en los túneles, versus 5 en la que aparece Fujimori solo con un chaleco antibalas, colgado de un ómnibus.
El presidente del Congreso, Ricardo Marcenaro, a manera de excusa trató de explicar la omisión advirtiendo que el ex comandante general del Ejército no fue nombrado porque el reportero Alamo Pérez-Lúcar simplemente no formuló la pregunta.
No obstante, atribuir la alusión a la incompetencia del entrevistador es tapar el sol con un dedo. No es la primera vez que Fujimori demuestra celos hacia Hermoza. En declaraciones pasadas al diario "El Comercio", Fujimori ya había adelantado que su hijo Kenji había tenido mayor rol protagónico que Hermoza Ríos. Aunque, como ha sostenido el ex presidente Francisco Morales Bermúdez, "es improbable que (Hermoza) sólo haya participado en la parte operativa".
El segundo propósito de la arreglada entrevista era recordarle al electorado -en el inicio del proceso político con miras al 2000- que la pacificación lograda hasta el momento se debe al gobierno de Fujimori.
Montesinos, uno de los ideólogos de la ilegítima tercera postulación, debe haber convencido al presidente de la necesidad de explotar y capitalizar electoralmente el rescate de los rehenes.
La tercera finalidad era proyectar la sensación de que Fujimori manda sobre Montesinos. Fujimori precisó que normalmente no permite la aparición pública de los agentes de Inteligencia, porque su labor es trabajar en silencio. Sin embargo, subrayó que él había "autorizado" la entrevista porque el segundo aniversario del operativo lo ameritaba.
Podemos deducir que esto no es tan exacto. Montesinos ha administrado sus graduales exhibiciones en público sin tener que pedirle permiso a Fujimori.
Incluso, ha llegado a propiciar un escandaloso incidente diplomático que le trajo muchos problemas a Fujimori, cuando, en ausencia del jefe de Estado, se dedicó a trucar videos y usar medios fraudulentos para presentarse ante la opinión pública peruana como el alter ego del zar antidrogas estadounidense Barry McCaffrey.
De otra parte, ¿ya se olvidó el presidente cuando, en setiembre de 1996 en un programa de TV, le pidió públicamente a su asesor que salga al frente de las denuncias que se hacían contra él? Montesinos, sencillamente, no le hizo caso. Se zurró en la solicitud presidencial.
Por último, se ha querido limpiar con detergente la manchada imagen del asesor, como consecuencia de las innumerables acusaciones que se han formulado en su contra en los últimos años. Se quiso transformar a Montesinos en una suerte de rutilante agente 007 o, en su defecto, en una versión chola del Superagente 86.
A Montesinos no solamente se le sindica como el autor intelectual de las masacres de La Cantuta y Barrios Altos, sino que, además, se le señala de ser el responsable directo del espionaje telefónico, del amedrentamiento a la prensa independiente, de impulsar incriminaciones falsas, ordenar torturas, de haberse enriquecido extrañamente en poco tiempo y de haber recibido sobornos del narcotraficante Vaticano. Lo cierto es que ninguno de los objetivos que perseguía la "reveladora entrevista exclusiva" se han alcanzado.
En un programa amigo y con un entrevistador ad hoc (que no hizo una sola repregunta y se limitó a seguir un libreto pre-establecido), el jefe de Estado y su oscuro consiglieri se dedicaron a adularse mutuamente durante los casi 20 minutos que duró el monólogo compartido.
Los entrevistados, vestidos hasta de forma parecida, persiguieron con la entrevista hasta cuatro objetivos. El primero, resaltar que la autoría del rescate, el diseño y su planificación, fue del propio presidente Fujimori y de Vladimiro Montesinos. El ex jefe del Comando Conjunto, Nicolás Hermoza Ríos, que en su libro "Operación Chavín de Huántar" se presentó a sí mismo como uno de los principales responsables del exitoso operativo militar, no fue aludido.
"Quiero aclarar que como Presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Jefe del Comando Operativo del Frente Interno (COFI) asumí personalmente las funciones en todos los niveles de la conducción estratégica de la Operación Chavín de Huántar", afirma el ahora caído en desgracia Hermoza en la página 118 de su opúsculo.
Curiosamente, Montesinos, quien tampoco nombró a Hermoza en la entrevista, asistió a la presentación del citado libro como uno de los invitados de honor. Montesinos y Hermoza exhiben en esta publicación cerca de 10 fotos en las que aparecen juntos en los túneles, versus 5 en la que aparece Fujimori solo con un chaleco antibalas, colgado de un ómnibus.
El presidente del Congreso, Ricardo Marcenaro, a manera de excusa trató de explicar la omisión advirtiendo que el ex comandante general del Ejército no fue nombrado porque el reportero Alamo Pérez-Lúcar simplemente no formuló la pregunta.
No obstante, atribuir la alusión a la incompetencia del entrevistador es tapar el sol con un dedo. No es la primera vez que Fujimori demuestra celos hacia Hermoza. En declaraciones pasadas al diario "El Comercio", Fujimori ya había adelantado que su hijo Kenji había tenido mayor rol protagónico que Hermoza Ríos. Aunque, como ha sostenido el ex presidente Francisco Morales Bermúdez, "es improbable que (Hermoza) sólo haya participado en la parte operativa".
El segundo propósito de la arreglada entrevista era recordarle al electorado -en el inicio del proceso político con miras al 2000- que la pacificación lograda hasta el momento se debe al gobierno de Fujimori.
Montesinos, uno de los ideólogos de la ilegítima tercera postulación, debe haber convencido al presidente de la necesidad de explotar y capitalizar electoralmente el rescate de los rehenes.
La tercera finalidad era proyectar la sensación de que Fujimori manda sobre Montesinos. Fujimori precisó que normalmente no permite la aparición pública de los agentes de Inteligencia, porque su labor es trabajar en silencio. Sin embargo, subrayó que él había "autorizado" la entrevista porque el segundo aniversario del operativo lo ameritaba.
Podemos deducir que esto no es tan exacto. Montesinos ha administrado sus graduales exhibiciones en público sin tener que pedirle permiso a Fujimori.
Incluso, ha llegado a propiciar un escandaloso incidente diplomático que le trajo muchos problemas a Fujimori, cuando, en ausencia del jefe de Estado, se dedicó a trucar videos y usar medios fraudulentos para presentarse ante la opinión pública peruana como el alter ego del zar antidrogas estadounidense Barry McCaffrey.
De otra parte, ¿ya se olvidó el presidente cuando, en setiembre de 1996 en un programa de TV, le pidió públicamente a su asesor que salga al frente de las denuncias que se hacían contra él? Montesinos, sencillamente, no le hizo caso. Se zurró en la solicitud presidencial.
Por último, se ha querido limpiar con detergente la manchada imagen del asesor, como consecuencia de las innumerables acusaciones que se han formulado en su contra en los últimos años. Se quiso transformar a Montesinos en una suerte de rutilante agente 007 o, en su defecto, en una versión chola del Superagente 86.
A Montesinos no solamente se le sindica como el autor intelectual de las masacres de La Cantuta y Barrios Altos, sino que, además, se le señala de ser el responsable directo del espionaje telefónico, del amedrentamiento a la prensa independiente, de impulsar incriminaciones falsas, ordenar torturas, de haberse enriquecido extrañamente en poco tiempo y de haber recibido sobornos del narcotraficante Vaticano. Lo cierto es que ninguno de los objetivos que perseguía la "reveladora entrevista exclusiva" se han alcanzado.

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