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Responsabilidad y culpa del general Omar Torrijos y de la gesta del 11 de octubre


Las osamentas humanas, descubiertas en el patio del antiguo Batallón de los Pumas de Tocumen, han brindado a los bufones que defienden los intereses de los eternos enemigos políticos del General Omar Torrijos una nueva oportunidad para escupir la bilis de sus malicias. No es casualidad del destino que acercándose la hora en que su figura se agiganta, en que transcurre el calendario regresivo del siglo y las estacas colonialistas desaparecen paulatinamente, echen lodo y descréditos a su memoria y a su obra, pues para ellos, y para quienes tienen a sus servicios sus plumas mercenarias, recordar a Torrijos es como evocar al general Bonaparte a los Borbones.
Omar Torrijos se matriculó, a favor de las grandes transformaciones sociales de nuestro pueblo, a favor de la lucha anticolonial y a favor de la participación política de los sectores populares y de clase media de nuestro país. Se dice que la obra cumbre del general Torrijos fue haber logrado los tratados y haber cambiado la fisonomía nacional con obras modernizadoras de infraestructuras. Pero tan importante como ello, importante fue la transformación política que impulsó y que rompió con el monopolio político y la práctica política de la oligarquía; poder que le parecía a esa oligarquía otorgado por derecho divino. Esa clase social controló los resortes del poder político en la vida nacional durante más de sesenta años, poniéndolo a favor de sus familiares y grupos económicos.
Y, cuando ese poder estuvo en peligro, a consecuencia de acciones de quienes se le oponían, recurrían al aparato armado y, cuando la situación desbordaba a la fuerza pública, solicitaban la intervención de su aliado principal, al gobierno y las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
El gran pecado de Omar Torrijos para estos pelechadores consuetudinarios fue haber terminado con el andamiaje que sostenía el poder de esas estructuras oligárquicas. Por eso el odio que le tienen a su obra y a su memoria; por eso las falsas acusaciones que hacen involucrándolo en hechos lamentables que les fueron ajenos.
Son los mismos que ahora, tras máscaras de dolor y de compasión, reivindican a jóvenes que cayeron luchando en defensa de sus ideales; como Floyd Britton, el padre Héctor Gallego, Dorita Moreno y otras connotadas figuras de nuestras luchas populares, a quienes ayer condenaban, perseguían y mandaban a matar por esas mismas ideas, utilizando a la Guardia Nacional como instrumento para mantener su espurio poder oligárquico. Desmemoriados de hoy que no quieren recordar cuando acudían a los cuarteles para solicitarle al General Torrijos que le quitaran de encima al cura comunista Carlos Velarde, porque organizaba cooperativas y ligas campesinas en los predios de Playa Coronado, bajo el argumento de que afectaban los sacrosantos derechos de la empresa privada.
Y en medio de esta canalla campaña contra el general Torrijos, nos parecen fuera de lugar las declaraciones que, a la defensiva, hacen algunos militares al calor de la aparición de las osamentas humanas en el antiguo cuartel de Panamá Viejo. Flaco favor hace a la memoria del general Torrijos los que tuvieron el honor de ser sus compañeros de armas que hablan de responsabilidades y culpas del general Torrijos por las trágicas muertes y desapariciones de hombres y mujeres que lo adversaron al inicio de su régimen. Pareciera que cargando toda la responsabilidad y culpas al desaparecido general Torrijos, todos estuvieran liberándose de acusaciones y persecuciones que los sedientos de revanchas pudiesen usar para pasarle la cuenta, no por los muertos, que no le interesan, sino por la osadía de haber participado en la revolución torrijista que le arrebató el poder.
Nadie espera que impongan un código de silencio ni que encubran a culpables, pero tampoco se espera que acusen falsamente a compañeros de armas (entre ellos al propio general Torrijos) con los que hayan tenido diferencias en antaño, como bochornosamente hicieron después del 20 de diciembre, ya que con esas acciones adornan el escenario que los detractores del general Torrijos quieren montar, irresponsablemente, para sus ocultos propósitos. Las cualidades humanas y la sensibilidad social del general Torrijos eran conocidas por todos sus compañeros y por la mayoría del pueblo panameño, razón por la que les es imposible pensar que Omar Torrijos fuese un criminal y un asesino, como ahora quieren hacerlo aparecer los que siempre lo han odiado. Pero es que, además, no puede señalarse de responsabilidad a nadie por la muerte y las desapariciones que se le achacan como jefe máximo de la institución militar, porque no era la política de la Guardia Nacional de los tiempos del gobierno del General, ni incluso de los tiempos de la "Patria Boba", matar o hacer desaparecer a sus adversarios políticos. Si hay culpables que se le juzgue y condene, pero no se presten ingenuamente a las canallas diatribas que hacen contra el general. Tenemos un país distinto al de antes de 1968. Para lograrlo hemos tenido que pasar por momentos terribles, pero hoy tenemos un país democrático, no existe un régimen oligárquico ni dictaduras y, como prueba de ello, hay en todas las instancias de poder mujeres y hombres que rompen con el monopolio de los apellidos tradicionales que detentaban los cargos públicos y de elección. ¿Acaso los apellidos Endara, Pérez Balladares y Moscoso, no lo testimonian?
No cometamos el error de evocar con revanchismo el pasado. No nos dejemos llevar por las pasiones y rencores de unos pocos que desean vernos enfrentados para dividirnos en los momentos en que el sentimiento nacional más requiere de la unidad de todos los panameños. No caigamos en el juego de los desfasados históricos, versión de los Borbones panameños, que se resisten a aceptar las nuevas realidades que Omar Torrijos nos legó en su gesta octubrina, junto a sus dignos compañeros civiles y militares.

101 años de Panamá América

 
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