Panamá
Ser el GOAT
- Rubén D. Collantes G., Ph. D.
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- Investigador, Docente Universitario y Artista Marcial e-mail: rdcg31@hotmail.com
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Con frecuencia escuchamos comparaciones deportivas como Lionel Messi vs. Cristiano Ronaldo, Michael Jordan vs. LeBron James o Roger Federer vs. Rafael Nadal. A principios de la década de 1990 comenzó a popularizarse el término GOAT (Greatest Of All Time) para referirse al máximo exponente de una disciplina, reconocimiento que llegó a asociarse con figuras como Muhammad Ali en el boxeo. A partir de ello surge una pregunta interesante: ¿vale la pena aspirar a ser el GOAT?
Antes de responder, conviene recordar que ningún éxito se alcanza completamente en solitario. Tanto en el deporte como en la vida profesional, siempre existen personas que contribuyen al crecimiento de los demás: entrenadores, familiares, amigos, compañeros de trabajo, mentores o incluso quienes comienzan y aportan nuevas ideas. Detrás de toda trayectoria sobresaliente suele existir un esfuerzo colectivo que muchas veces pasa desapercibido.
Como se comentó anteriormente en este espacio, los reconocimientos deben entenderse como una consecuencia del trabajo bien realizado, nunca como el objetivo principal. Por ello, difícilmente resulta apropiado que una persona se autoproclame el GOAT. Esa valoración corresponde a quienes observan su trayectoria y reconocen, con el paso del tiempo, el impacto real de sus aportes.
Sin embargo, incluso cuando existe un amplio consenso sobre quién puede ser considerado el mejor de todos los tiempos, esa apreciación continúa siendo relativa. Las preferencias personales, las distintas épocas, los estilos y los criterios de evaluación hacen que cada generación tenga sus propios referentes. Esto conduce a una reflexión aún más importante: ¿vale la pena dedicar toda una vida únicamente a perseguir ese reconocimiento?
Alcanzar la excelencia exige sacrificios. Muchas veces implica renunciar a tiempo con la familia, con los amigos o incluso a otros proyectos personales. Cada decisión abre nuevas oportunidades, pero también supone renuncias. Además, ninguna etapa de máximo rendimiento es permanente. En el deporte, como en cualquier profesión, existe un momento en el que se alcanza el mejor desempeño; después, el paso del tiempo, la experiencia y la salud transforman inevitablemente las prioridades.
En disciplinas exigentes como el Karate Do, por ejemplo, existen límites de edad para determinadas competencias con el propósito de preservar la integridad física de los atletas. Conforme avanzan los años, el énfasis deja de estar exclusivamente en competir y pasa a orientarse hacia el perfeccionamiento técnico, la enseñanza y el crecimiento personal. Esa evolución demuestra que la verdadera grandeza no siempre consiste en seguir ganando, sino en seguir aportando.
Precisamente por ello, el fundador del Karate Shotokan, Gichin Funakoshi, promovía la modestia y la humildad como virtudes inseparables de la práctica marcial. En ocasiones se observa que algunos practicantes intentan convencer a los demás de que son los mejores. Sin embargo, el verdadero prestigio rara vez necesita autoproclamarse. Con el tiempo, siempre surgirán nuevos talentos capaces de superar marcas, establecer nuevos referentes o inspirar a otras generaciones. Lo mismo ocurre en el deporte, la ciencia, las profesiones y prácticamente cualquier actividad humana.
En definitiva, ser el GOAT no debe ser una obsesión. La verdadera excelencia nace de la disciplina, la constancia, la humildad y el compromiso por dar siempre lo mejor de uno mismo. El mérito viene de que sean otros quienes, libre y sinceramente, lo reconozcan. ¡Bendiciones para todos!

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