En el corazón de las emblemáticas mezquitas de Estambul
La mezquita del Sultán Ahmed y Santa Sofía atraen a cientos de visitantes, que forman largas filas para experimentar la mística del lugar.
La capacidad de la mezquita Azul es de más de 7 mil personas y la entrada es gratuita. PEXELS
Empezar el día visitando la mezquita Azul o mezquita del Sultán Ahmed debe estar en el top de tu lista cuando te encuentras en Estambul. Aunque las enormes filas pueden asustarte a simple vista, no hay nada que temer. Las filas de turistas ávidos por ingresar avanzan con rapidez.
Eso sí, no deja de ser importante que lleves un pañuelo para cubrirle la cabeza si eres mujer, además de portar una vestimenta adecuada. Aunque si por las premuras de andar del timbo al tambo no las tienes, antes de ingresar te proporcionarán uno y en el caso de los hombres una funda para cubrir las piernas si has ido en short. La entrada es gratuita.
Adentro las palabras son difíciles de hallar para describir las sensaciones. Cientos de personas contemplan la majestuosidad del templo, como lo experimentó Panamá América en su reciente viaje tras invitación de Turkish Airlines.
Sus entrañas están revestidas por más de 20,000 azulejos de cerámica de Iznik hechos a mano, donde predominan los tonos azules, verdes y turquesas con intrincados diseños de tulipanes, flores y árboles.
La guía de turismo Gamze Askin recuerda que en el islam no se permite dibujar imágenes. No se verán allí rostros humanos, solo diseños florales y geométricos.
"La flor nacional es el tulipán porque tiene forma de W. En árabe, W es Alá. Por eso las mezquitas y palacios tienen ornamentos de tulipán. Todo el mundo al venir aquí a rezar debe mirar hacia el sureste que es donde se encuentra La Meca", expuso.
La capacidad de la mezquita Azul es de más de 7 mil personas y en promedio rezan más de 300 por día.
Esta mezquita se construyó a principios del siglo XVII, frente a la gran Santa Sofía. Tardó siete años en erigirse. El sueño del arquitecto era superar la cúpula de Santa Sofía, aunque no pudo lograrlo.
Precisamente a pocos pasos se levanta Santa Sofía, que por estos días es objeto de trabajos de rehabilitación, por lo que no podrás apreciar en todo su esplendor su cúpula desde afuera.
No obstante, lo que te espera en su interior lo recompensa. Para acceder debes comprar un boleto. Hay una zona especial para visitantes, desde la que podrás observar su magnificencia.
Allí conviven los místicos mosaicos bizantinos de pan de oro que retratan a la Virgen y a Cristo, junto a los gigantescos medallones caligráficos otomanos con los nombres de Alá y el profeta Mahoma.
Fue construida el siglo VI por orden del emperador bizantino Justiniano I. En sus orígenes era la catedral cristiana más grande del Imperio Bizantino, pero luego de la conquista otomana en 1453, se transformó en mezquita, más tarde en museo en el siglo XX, y recientemente, en 2020, reabrió sus puertas como templo islámico activo.
Hoy en día también es una parada obligatoria para miles de viajeros, porque ir a Estambul y no visitar Santa Sofía, es como no haber ido.
Ver esta publicación en InstagramUna publicación compartida por Panamá América (@panamaamerica)