Panamá
El congreso que inventó el futuro de la diplomacia
- Cristabel Escala
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A dos siglos de la cita en Panamá, el proyecto de "Unión y Liga" se enfrenta al espejo del siglo XXI: un escenario de marcadas divisiones.
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El eco de las espadas de la emancipación americana aún resonaba en el continente cuando, en junio de 1826, el Istmo de Panamá se transformó en el epicentro de una utopía. Simón Bolívar no buscaba simplemente trazar fronteras; aspiraba a fundar una confederación de repúblicas capaces de protegerse política y militarmente, blindando su naciente soberanía ante cualquier amenaza externa. Doscientos años después de aquella cita histórica, convocada originalmente para celebrar el Congreso Anfictiónico, el proyecto de "Unión y Liga" se enfrenta al espejo del siglo XXI: un escenario de divisiones que condena a la región a la irrelevancia internacional. A las puertas de este bicentenario, la gran interrogante sigue abierta: en una región tan fragmentada, ¿cuánto nos separa hoy del ideal político de Bolívar?
Para descifrar este distanciamiento, el profesor e historiador Rommel Escarreola sostiene que el proyecto unificador tropezó, en primera instancia, con la inmadurez estructural de las naciones recién emancipadas. Tras la independencia, los países latinoamericanos carecían de una consolidación política y social básica, atrapados en dinámicas opresivas como las tendencias esclavistas y la sumisión de poblaciones indígenas y afrocoloniales.
"En esa fase era imposible integrar una sola sociedad en un determinado país porque las diferencias sociales y políticas fueron las que más conspiraron", argumenta el docente, sumando a este complejo panorama el factor geográfico y el severo aislamiento de la época.
Asimismo, Escarreola destaca que el recelo internacional operó en contra del sueño integrador, apuntando a la postura distante que mantuvieron los Estados Unidos debido a su temor a que surgiera un bloque político y económico único en el sur del continente. A este adverso escenario exterior se suma el caudillismo regional, donde los liderazgos personalistas de cada subregión antepusieron sus propios intereses fiscales y territoriales por encima de la unidad común.
Este arraigo de los poderes locales, junto a la falta de una definición clara posterior al congreso sobre la división de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, terminó imponiendo la creación de Estados nacionales fragmentados.
A pesar de las deudas del presente, el experto afirma que el legado del pensamiento bolivariano aún pervive en el imaginario político de los pueblos como una tarea pendiente. Para Escarreola, la gloria de Bolívar no reside en haber sido el único en vislumbrar la unificación, sino en que el gran mérito de 1826 fue plasmar en resoluciones formales el primer gran ensayo de diplomacia multilateral del mundo moderno.
Por su parte, el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá, Euclides Tapia, manifiesta que el Congreso de Panamá de 1826 representó una idea profundamente visionaria y estratégica.
En el ámbito global, este encuentro es reconocido mundialmente como el hito primigenio en el proceso de organización internacional y derecho multilateral, sirviendo de antecedente directo para entidades como la ONU y la OEA.
Tras haber superado la etapa histórica de consolidación de los Estados nacionales, el experto considera que la región se encuentra hoy en un nivel de maduración idóneo para replantearse y cristalizar la unión bolivariana.
El catedrático advierte que la visión originaria de Bolívar iba mucho más allá de una simple infraestructura de tránsito comercial. Al proyectar en el istmo una función semejante a la del histórico canal de Corinto, el Libertador no solo buscaba enlazar los mares para el comercio global, sino erigir un centro neurálgico donde convergieran con fuerza las economías de toda la región de manera integrada.
Al analizar las barreras actuales que impiden a América Latina actuar como el bloque consolidado que se planificó hace dos siglos, Tapia denuncia que un factor crítico es la severa deficiencia educativa y cultural respecto a nuestra propia historia.
El internacionalista señala que existe un desconocimiento absoluto de la figura de Simón Bolívar en zonas como el Cono Sur, e incluso una desfiguración histórica de su personalidad motivada por ciertos celos nacionales que la educación formal no ha sabido subsanar.
Mientras el Istmo sigue esperando el día en que la integración regional deje de ser un eco del pasado para convertirse en realidad.

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