Sobre todo
Cada loco con su tema
- Egbert Lewis (egbert.lewis@pasa.com)
Confieso que nunca me he tomado la tarea de confirmar si aquella frase que todos atribuimos a Benito Juárez es fidedigna. Pero lo cierto es que la
Confieso que nunca me he tomado la tarea de confirmar si aquella frase que todos atribuimos a Benito Juárez es fidedigna. Pero lo cierto es que la repetimos como comodín y señal de advertencia, cuando sentimos que se está asaltando nuestro espacio o apabullando nuestra libertad. Sí, me refiero a eso de que el respeto al derecho ajeno es la paz.
Suena bonito y hasta lógico, pero al igual que muchas sentencias populares, disposiciones legales y reglas de convivencia, este aserto del abogado mexicano se constituye -la mayoría de las veces- en letra muerta.
Un tipo llega a un sitio vestido con pantalón fluorescente, el pelo sin cortar y la barba tupida y enseguida las miradas se clavan como dagas en su humanidad. Después los cuchicheos y la especulación sobre su estado mental, la teoría sobre una posible inclinación hacia sustancias alucinógenas y por ahí se van.
Otro escena: Una mujer decide montarse sobre unos tacones de cuatro pulgadas a las 8:30 a.m. de un lunes cualquiera. Complementa su outfit con un pantalón que define sus contornos, peinado alborotado y un perfume con semejante tufo que permite seguirle el rastro desde la Gran Terminal hasta Arraiján. Nuevamente entran en acción quienes parecen no tener oficio y vuelven las miradas, los comentarios, la censura.
Una última: Se presenta un macho serio y bien acoplado a un lugar cualquiera. Saluda, porque es de rigor hacerlo. Se sumerge en lo suyo. Lee los mensajes de su celular, contesta aquellos que estima importantes y avanza. No le para bolas a nadie. Él sabe que el tiempo literalmente corre, que detenerse y dar vueltas alrededor de nimiedades lo atrasan. Entonces, comienzan las especulaciones. Dicen que se cree la cosota, que no sabe que al final todos vamos al mismo hueco y que con razón tiene pocos amigos, etc.
Así podemos registrar a cada momento situaciones en las que la gente tiende a prejuzgar sin meterse en la cabeza ni el cuerpo del otro. Muchas veces las víctimas de estas agresiones no se dan por enteradas y la cuestión no pasa a mayores. En otras, el agredido siente los ataques y reacciona. Entonces, las historias dejan de ser tan cándidas y, por ende, se acaba la paz, porque no aprendemos a respetar el derecho ajeno. Y, sobre todo, no terminamos de entender que es necesario dejar vivir a cada loco con su tema.

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