Opinión
A Panamá ya no le basta con competir
- Juan Carlos Mas
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El paso de Panamá por el Mundial dejó una lección de cruda realidad: en la élite, competir con dignidad ya no es suficiente.
"La Roja" firmó su segundo mundial y, aunque los números fríos dictan una eliminación en fase de grupos con tres derrotas consecutivas ante Ghana, Croacia e Inglaterra, el análisis debe ir mucho más allá de la simple estadística.
Esta participación fue el reflejo fiel de un equipo que ha madurado en su orden táctico, pero que sigue arrastrando el eterno pecado de la inocencia ofensiva.
Lo verdaderamente rescatable de este proceso fue la solidez defensiva y el respeto internacional que se ganó a pulso. Atrás quedaron los tiempos de Rusia 2018, donde el equipo era víctima de goleadas escandalosas por pura ingenuidad. En esta ocasión, ante potencias consolidadas, se plantó cara con un bloque compacto inquebrantable.
Ver cómo el planteamiento maniató a las estrellas británicas de Inglaterra durante todo el primer tiempo en el MetLife Stadium demostró que el futbolista panameño ha asimilado conceptos de rigor físico y disciplina europea. En esa línea, las actuaciones imperiales del arquero Orlando Mosquera, la jerarquía de Michael Amir Murillo y la solvencia del central José Córdoba confirman que el país exporta talento de primer nivel.
Párrafo aparte merece la soberbia labor de Cristian Martínez, quien se erigió como el motor del mediocampo, destacando por su entrega incondicional, su capacidad para dar equilibrio al equipo y una constante vocación ofensiva que rompió líneas cuando el panorama lucía más oscuro.
Sin embargo, su gran drama en el mundial fue la alarmante sequía goleadora. Despedirse de un torneo de este calibre con el casillero de anotaciones completamente en blanco es una condena inapelable. A Panamá le faltó rebeldía, creatividad en tres cuartos de cancha y, sobre todo, la contundencia que distingue a los equipos grandes. Las transiciones fueron predecibles y la falta de pegada evidenció que la brecha con el primer mundo futbolístico sigue estando en las áreas.
Aquí es donde recae la principal responsabilidad de Thomas Christiansen. Más allá de su rigidez táctica, el pecado capital del DT estuvo en la confección de la lista de convocados al incluir a los lesionados Adalberto Carrasquilla y Aníbal Godoy.
Esta mala planificación obligó a Panamá a encarar el Mundial con una base real de apenas 16 jugadores. Christiansen, además, demostró una total falta de confianza en la "banca", lo que terminó asfixiando físicamente a los titulares.
Con el Mundial finalizado y las elecciones de la FPF a la vuelta de la esquina, el ciclo de Christiansen parece haber tocado su techo natural.
Panamá demostró en 2026 que ya sabe defenderse; ahora, de cara al proceso de 2030, la dirigencia deberá decidir si el actual timonel o un nuevo estratega es el indicado para ampliar la plantilla y enseñarle a este equipo cómo dar el golpe final.

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