La validez de un mensajero
- Por Julio Bermúdez Valdés
El manto de Turín es una delicada pieza de lino de tres pies siete pulgadas de ancho, por 14 pies tres pulgadas de largo, sobre la cual habrían quedado grabadas las huellas del torturado cuerpo de Jesús, una vez fue bajado de la cruz. Reposa en Turín, Italia desde 1578, y ha sido llamado indistintamente: “El Santo Manto”, “La Sábana Santa”, “El Santo Sudario” o “ El Manto de Turín” o Síndone.
En 1980 sin embargo el papa Juan Pablo II honró el Manto en una visita que hiciera a la Catedral de Turín, dando validez a la fe de millones de cristianos en esta reliquia milenaria.
Habían pasado dos años desde que en su exhibición generacional en 1978, más de tres millones de peregrinos viajaran hasta Turín para ver el misterioso Manto.
El Reverendo Manolo Blanquer recuerda la carta de S. Pablo en la que le dice a los Filipenses: "se rebajó haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, por lo que Dios lo resucitó y le dio el nombre ante el cual se dobla toda rodilla".
Y añade, refiriéndose al manto, que en sí mismos no son ni pueden ser objeto de adoración. Sólo son símbolos que tienen su valor en cuanto que refieren a lo significado. Aquien se adora es a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador.
En general la posición de la Iglesia trasciende estos objetos. Si ayudan a encauzar la fe del creyente hacia el Hijo de Dios que se entregó por nosotros en fidelidad a su misión y "fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucito de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre", bienvenidos sean, como todo aquello de que el Señor se sirve para que "a través de lo visible trascendamos hacia lo invisible", señala Blanquer.
Un examen a los orígenes del tema revelan, no sólo una ausencia de conclusión final, sino explicaciones distintas, investigaciones continuas, y además del Manto de Turín la existencia también del Manto de Ovideo, y la posibilidad de que el primero no cubriera el cuerpo de Jesús sino el de otra persona.
Lo que llama la atención sin embargo es, entre otras cosas, el sostenimiento de la fe en el Manto, y en el mensaje que parece proyectar y que ha hecho sobrevivir al paso del tiempo. La reliquia, el medio; la evidencia del dolor y el sufrimiento, su mensaje, contra un mundo de injusticia, envidia y manipulación.
Pero si bien la fe le ha mantenido a través de los siglos, persiste la búsqueda de su autenticidad, como lo revelan 32 mil fotografías tomadas del lienzo, mil investigaciones científicas que se realizan desde el siglo XIX, y en las que se han utilizado inclusive tecnología de punta.
Una delicada pieza de lino de tres pies siete pulgadas de ancho, por 14 pies tres pulgadas de largo, sobre la cual habrían quedado grabadas las huellas del torturado cuerpo de Jesús, una vez fue bajado de la cruz.
Reposa en Turín, Italia desde 1578, y ha sido llamado indistintamente: “El Santo Manto”, “La Sábana Santa”, “El Santo Sudario” o “ El Manto de Turín” o Síndone.
Aun cuando los evangelios identifican el sudario de Cristo desde el primer siglo después de su muerte como plegado, las primeras evidencias de una reliquia de esa naturaleza y con esas características son ubicadas por los estudiosos del tema en el siglo II D.C. en la localidad de Edessa, hoy Urfa en Turquía, sin mayores precisiones.
Pero en 525 D.C. “Durante la restauración de la Iglesia de Santa Sofía de Edessa se registra el descubrimiento de una imagen de Jesús llamada acheropita (no hecha por mano humana) llamada Mandylion (pañuelo)”, según indica una cronología de la Agencia Católica de Información.
De allí el Mandylion , que es en realidad la Síndone plegada ocho veces de modo que sólo se viera el rostro de Cristo, es llevado por los ejércitos bizantinos de Odessa a Constantinopla el 16 de agosto de 944. Allí la venera en 1147 Luis VII Rey de Francia, y en 1171 Manuel I la muestra a Almarico, Rey de los Latinos de Jerusalén.
Según Robert Clary, un cronista de la IV Cruzada, la Síndone desparece en Constantinopla en 1204 y se vuelve a tener información de ella en 1356 cuando uno de los líderes de la Orden de Los Templarios, Geoffroy de Charny, entregó el Sudario a los canónigos de Lirey, en Francia. Charny explicó entonces que había poseído el sudario en los últimos tres años.
La Palinología, es decir la ciencia que estudia el polen y el residuo de las flores, coincide con esa ruta.
Max Frei un criminólogo suizo, botánico y palinólogo hizo estudios de muestras de polen que se encontraban sobre el Manto de Turín y confirmó que por lo menos 33 esporas procedían de Palestina o Turquía.
“Lo más peculiar es que las especie de polen recogidas en la tela coincidían con gran precisión con el camino que la tradición señalaba para la síndone: de Tierra Santa a Turquía, de esta a Francia vía los países bálticos y el norte de Italia y finalmente de Francia a Turín.”, según la investigación de Frei.
Estudios contemporáneos coinciden por lo menos en el orígen y las distintas rutas que recorrió la Sábana Santa, pero sirven esos argumentos para afirmar que fue el lienzo que cubrió a Jesús?
Entre el 25 y el 28 de mayo de 1898 el abogado Secondo Pía tomó la primera fotografía del Santo Sudario y con ello inició los estudios-médico legales que perduran hasta hoy, y en lo que han intervenido un número plural de hombres de fe y de ciencia.
¿Qué se ha buscado? ¿Cómo probar lo que hasta ahora ha sido sustentado por una fe inquebrantable de millones de cristianos?
Secondo Pia relata: "Mi preocupación era intensa y profunda, especialmente porque tenía que fotografiar un objeto que nunca antes había visto. Según quienes le habían visto en anteriores exposiciones, la Santa Sábana presentaba apenas unas débiles imágenes. Más temores me producían los problemas de la iluminación y las condiciones en las que debería operar".
" Expuse dos placas de 50 x 60 centímetro, una con una exposición de 14 minutos y la otra con una exposición de 20 minutos utilizando un lente Voigtlander con un diafragma de dos milímetros. Puse delante del lente un filtro amarillo muy leve usando placas ortocromáticas de la firma Edward, reveladas con una solución normal de oxalato ferroso sin ninguna preparación química especial que pudiese alterar de laguna manera el resultado usual del revelado".
"Encerrado en el cuarto oscuro, concentrado sobre mi trabajo, sentí una gran emoción cuando, durante el revelado, vi aparecer primero el Santo Rostro en la placa con tal resolución que me sorprendí y alegré pues desde ese momento pude estar seguro del buen resultado de mi obra de arte".
Lo que Secondo Pía descubrió fue que la imagen de la sábana era el negativo de un hombre difunto.
Los estudios realizados revelan que desde esa primera fotografía se pudo comprobar que el Manto de Turín correspondía a un hombre muerto en una cruz y tras una pasión brutal.
El cartílago de la nariz aparece roto y desviado a la derecha. Podría deberse a una caída, pues se han encontrado restos microscópicos de tierra de las mismas características físicas que la de Jerusalén en ella, así como en la rodilla izquierda y las plantas de los pies.
En el lado derecho del rostro aparece una gran contusión. Los especialistas afirman que sería producto por el golpe de una barra corta y redonda de entre 4 y 5 centímetros de diámetro
En el resto de la cara aparecen diversas excoriaciones especialmente en la mejilla derecha y la frente.
En las regiones que rodean los ojos y cejas, hay llagas y contusiones iguales a las que producirían puñetazos o palos. El la ceja derecha está claramente inflamada.
La frente muestra más de 50 pequeñas y profundas heridas que evidencian la aplicación de una corona de espinas. Las manchas más grandes coinciden exactamente con venas y arterias reales, cuando en la Edad Media se desconocía la circulación de la sangre.
A lo largo de todo el cuerpo, con especial claridad en la espalda pueden verse marcas idénticas a las que dejaría el instrumento que utilizaban los romanos para flagelar a un reo: el Flagrum taxillatum (objeto que no se usaba en la edad media y que se conoce en nuestros días por haber sido encontrado en excavaciones arqueológicas). El profesor Bollone ha podido contar más de 600 contusiones y heridas en todo el cuerpo y se cuentan las marcas de los azotes en unos 120. (Al estilo romano, pues los judíos no daban más de 40).
La herida del costado tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza romana: 4.4 cm x 1.4 cm. (según expertos en historia de Roma, el hecho de estar en el costado derecho se explicaría por la práctica romana de dar este golpe a un enemigo que protege su corazón con el escudo que lleva en la izquierda).
El Dr. Judica Cordiglia, en base al tipo de rastro dejado por el flujo de sangre, ha demostrado que todas las heridas fueron producidas en vida del sujeto excepto la del costado, que se infirió post mortem.
Desde el punto de vista anatómico y teniendo en cuenta que los principales antropólogos coinciden en que la imagen corresponde a la de un semita, "el Hombre de la Sábana Santa", es la única imagen que se ajusta 100% a lo que la Medicina legal considera que fue la muerte de Cristo.
Otra de las pruebas efectuada es la del carbono 14 realizada el 21 de abril de 1988, que ubica el origen de la tela por el año de 1200, y que ha sido cuestionada por científicos independientes. La propia iglesia la ha recusado. Es un señalamiento que parece coincidir con otro ángulo de las investigaciones, y en la que aparece:
La profecía de Bereshit Rabbati afirmaba que en el año 1210 d.C. nacería en el Gran Mar de Roma el Mesías que regresaría a Israel. En 1244 nació en Francia Jaques De Molay , quien a los 21 años ingresó en la Orden de los Templarios y el 19 de marzo de 1314 fue quemado vivo en la isla Sena por orden de Felipe IV “El Hermoso” y del papa Clemente V.
Con anterioridad, bajo una serie de injuriosas acusaciones, De Molay fue severamente torturado por el Gran Inquisidor francés Guillermo Imbert, para que aceptara como propias acusaciones que le eran ajenas:
Las escenas se desencadenan en su mente y ya tiene un plan de tortura para de Molay, despojado el prisionero de sus hábitos cubierto solo por la capa de un hereje, con un nudo corredizo en la garganta, le propone ahorrarse el castigo y confesar sus crímenes, de Molay se niega, y se da principio a la cita de los evangelios, mientras De Molay es sujetado por los brazos en lo alto de un muro y la capa echada sobre su cabeza, Dos asistentes le azotan la espalda con látigos para caballos con canicas de metal dobles en las puntas. Laceraron su espalda y sus piernas pero no los antebrazos. Acto seguido le ponen con firmeza una corona de espinas que desgarra su frente y cuero cabelludo.
El Gran Maestre es atado a una burda cruz, le clavan las muñecas y los pies con clavos de contorno cuadrado, su muñeca derecha se disloca causando que su pulgar gire violentamente encajándose en su propia palma de la mano. Los pies fueron clavados colocando el clavo primero sobre el pie izquierdo que colocado sobre el pie derecho es finalmente clavado en la cruz.
Su cuerpo pende de tres puntos de dolor ardiente, la perdida de sangre es mínima, él permanece totalmente consciente. El peso de su cuerpo trabaja en su contra, el dolor es indescriptible, se produce la presión traumática en brazos, hombros y pecho, la caja toráxica es empujada hacia arriba impidiendo la exhalación del aire, sin mas alternativa el Gran Maestre se empuja sobre los pies elevando el cuerpo para permitir que sus pulmones exhalen y obtener otra bocanada de aire; esto ocurre varias veces mientras el pánico de no respirar se intercambia con el dolor de la carne atravesada, su consecuencia es el efecto conocido como anoxia (falta de oxigeno) lo cual induce terribles calambres y un incremento acelerado del ritmo metabólico.
Las horas pasan, sin embargo Imbert sigue fiel al patrón bíblico, ahora clava una daga en el costado de Molay, pero no tan profundo como para matarle, reproduciendo la misma agonía de Jesús,(……), la presión sanguínea desciende y De Molay es bajado de la cruz unos pocos minutos antes de llegar a la muerte.
Finalizada su obra Imbert recordó un pasaje de la Pasión: “Y cuando José se llevó el cuerpo, lo envolvió en un sudario de lino limpio” , tras lo cual, dándole palmadas a De Molay le sugirió que intentara levantarse “si es que se siente tan poderoso como el verdadero Cristo”.
Recientemente con motivo de la película de Mel Gibson, La Pasión de Cristo, el Centro Español de Sindología afirmó que el director estadounidense “basa acertadamente muchas de sus escenas en estudios realizados sobre la propia tela” aunque, “la crudeza de la crucifixión del cuerpo reflejado en la Sábana supera las más duras escenas del film”.
Según el vicepresidente del Centro de Sindonología, Jorge Manuel Rodríguez Rodríguez, los estudios llevados a cabo por médicos forenses sobre la Sábana Santa han determinado que “cerca del 50 por ciento de la piel del cuerpo que envolvió la tela estuvo herida, por lo que las lesiones que se muestran en la película son acordes con la realidad”.
Igualmente, “la escena final de la Resurrección del film se ajusta del todo a las últimas investigaciones sobre la Sábana Santa que constatan que la tela se deshinchó, como aparece en la película, y el cuerpo salió del lienzo sin deshacer el envoltorio”, añadió Rodríguez, quien ha pronunciado más de 600 ponencias y conferencias sobre la Sábana Santa en los últimos diez años.
Sin embargo, estudiosos de la Síndone de Turín afirman que “la realidad de los hechos supera en dureza las imágenes que muestra ‘La Pasión’ por más violentas que aparezcan. Así, la corona que rodea la cabeza de Jesucristo en la película “le produce muchas menos incisiones que las que refleja la Sábana en la que se contabilizan hasta 60 heridas punzantes que rodean toda la cabeza y cuero cabelludo”, precisó el especialista.
Tras recordar que en la película Jesucristo es clavado en la Cruz con clavos que le traspasan las palmas de las manos, el vicepresidente del Centro de Sindonología declaró, sin embargo, que “las investigaciones sobre la Sábana Santa reflejan que los clavos fueron colocados al crucificado en el carpo, es decir, en los huesos de la muñeca, con lo que se provocaba un dolor muy superior”.
Se da la circunstancia de que la colocación del clavo sobre el carpo toca el nervio mediano y “produce el movimiento del pulgar hacia dentro de la palma”. Por ello, “en la tela de la Sábana Santa no aparecen los dedos pulgares y sólo muestra la forma de cuatro dedos por cada mano”.
Finalmente, el experto señaló que “en la película aparece Jesucristo con las manos atadas con cuerdas y, sin embargo, esto no se refleja en la Sábana Santa porque, en ese supuesto, la tela hubiera mostrado algún signo de desgarro en la piel donde se fijaron las ataduras”, precisó.

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