Colaboradora del Padre Fernando recuerda su vida y legado
Actualizado 2014/07/06 17:56:56
- Abdiel Bonilla/Especial para la Web
A solo horas de la confirmación de su muerte, y sensible partida para quienes le conocieron, Panamá América conversó con Brenda Pitti, directora ejecutiva del IPER y una de las colaboradoras más cercanas del Padre Fernando, como cariñosamente todos le decían.
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A solo horas de la confirmación de su muerte, y sensible partida para quienes le conocieron, Panamá América conversó con Brenda Pitti, directora ejecutiva del IPER y una de las colaboradoras más cercanas del Padre Fernando, como cariñosamente todos le decían.
El octogenario jesuíta Fernando Guardia Jaén era un sacerdote siempre alegre. Y esa alegría la complementó con iniciativas de corte social. Su último gran legado fue la creación del Instituto Panameño de Educación por Radio (IPER).
A solo horas de la confirmación de su muerte, y sensible partida para quienes le conocieron, Panamá América conversó con Brenda Pitti, directora ejecutiva del IPER y una de las colaboradoras más cercanas del Padre Fernando, como cariñosamente todos le decían.
¿Qué representaba el IPER para el Padre Fernando?
Era una institución que amaba. Desde que conoció el programa del Maestro en Casa, trabajó para traerlo a Panamá. Comenzó con 164 personas, pero hoy en día ya son 5 oficinas distribuidas en el país (Chiriquí, Darién, Azuero, Coclé, y Panamá), y la matrícula del primer semestre de 2014 fue de 2,000 estudiantes, con programas de educación desde alfabetización, primaria y premedia. Recientemente se incluyó también bachillerato. Todo es por radio. Contamos con una red de 15 emisoras que nos apoyan y nos transmiten las clases por radio.
¿Cómo refleja este programa su personalidad?
Todo lo que él hacía era pensando en la gente, sobre todo en los menos favorecidos. Siempre hablaba de los dos Panamá: el de rascacielo, y el de los pueblos a los que hay que llegar en piraguas, en donde no hay escuelas.
¿Queda también como parte de su legado?
Sí. Siempre nos animó a que nos dejáramos de seguir llevando educación a todos los que no han podido estudiar. Me siento muy afortunada de haberlo conocido y haber trabajado con el Padre Fernando en este proyecto. Como dato curioso, a pesar de que él se sentía confiado de que yo continuaría con el instituto, no dejaba de participar en todas las juntas y en todas las actividades.
¿Cuándo fue la última vez que le vio?
El jueves. Y ese día cumplió su rutina de siempre. Llegó a la oficina a eso de las 10:00 a.m., dio la misa en la capilla del Arzobispado a las 12:00 m.d., luego compartió el almuerzo y subió a la oficina, donde estuvo hasta eso de las 3:00 p.m.
¿Cómo se dan los acontecimientos finales?
Había viajado a su residencia de Penonomé, para participar de una actividad el fin de semana. Lo último que sabemos es que tuvo una caída y se descompensó.
¿Qué tenían preparado para su cumpleaños, esta semana?
Le teníamos planeado una paella. Él estaba muy feliz, esperando su cumpleaños 88. Curiosamente para esta fecha siempre hacíamos una actividad de colecta de fondos, pero este año ya habíamos decidido que la haríamos el próximo 17 de agosto. ¡Y así se hará! El Padre Fernando era del pensamiento de que pase lo que pase. las actividades programadas hay que continuarlas porque -decía- “uno no trabaja para una persona, sino para miles, y para el bien común”.

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