Encerrados por seguridad
Publicado 2000/04/02 00:00:00
- Carlos Acebedo
Hay quienes han dejado sus casas en barrios exclusivos para mudarse a lujosos condominios, o quienes han optado por darle a su hogar una imagen parecida a una cárcel de máxima seguridad.
Y ese es precisamente el punto: la seguridad. En Panamá han crecido tanto los índices de delincuencia en los últimos años, que la ciudadanía ha recurrido a su propio ingenio para proteger su vida y su honra. Ya no basta con el perro y su letrerito de "cuidado, perro bravo".
Las verjas de hierro han constituido la panacea para mantener alejados a los amigos de lo ajeno, especialmente en los barrios residenciales de clase media y trabajadora.
Los guardias de seguridad, los sistemas de alarma y hasta la mudanza a condominios ha sido el remedio para este mal entre la clase económicamente más acomodada.
Y es que entrar con la intención de robar en un edificio que además de portero eléctrico y sistema de alarma, cuenta con garita de seguridad con su guardia incluido, es más difícil, aunque la experiencia ha demostrado que no es imposible.
Por tanto, los barrotes de hierro siguen siendo los más seguros. Sin embargo, para que los delincuentes desistan de sus intenciones ilícitas, ya no se colocan las verjas en las ventanas y puertas de la manera tradicional: introduciendo sus extremos en un hueco en la pared, que luego es rellenado con cemento.
Ahora, en cada esquina de las verjas, así como en sus laterales se colocan barras largas que traspasan las paredes y luego son atornilladas desde adentro de la vivienda. De esta forma, los ladrones no pueden utilizar las conocidas patas de cabra para sacarlas de la pared.
Pero ya no es suficiente con las verjas en puertas y ventanas. Ahora también las terrazas semejan una grande y cómoda celda con hamacas y muebles confortables. Ya no son aquellos portales cómodos, frescos y al aire libre de hace unas décadas. Ni siquiera en las áreas periféricas de la capital o en el interior del país.
El panameño ha decidido protegerse a tal punto que su casa la tiene cercada con alambre de ciclón coronada con resortes de alambre de púas en la parte superior. El frente de las viviendas, está cercado con verjas de hierro y portones que cuentan con las cerraduras más seguras (y caras) del mercado.
Pero ni siquiera esto es suficiente. Los ladrones siguen haciendo de la suyas, si bien una fuente de Relaciones Públicas de la Policía Nacional señaló que ha bajado el índice de robos en residencias en los primeros meses del 2000 debido a la puesta en práctica del programa "Vecinos vigilantes" que adelanta esta entidad y que tiene como objetivo garantizar un ambiente de paz y tranquilidad, mediante la orientación a los ciudadanos para que desarrollen nuevos métodos que les permitan proteger sus vidas y sus bienes.
El programa se inició en junio de 1996, aunque dejó de funcionar por unos años, para reactivarse durante la presente administración.
El programa es coordinado por Marieta Díaz, quien se especializó en Canadá y se desarrolla a través de la Dirección de Asuntos Comunitarios, dirigida por el comisionado Luis Gordón.
Para activar el programa en una comunidad, los pobladores se reúnen previamente para decidir si desean aplicarlo en su sector. Una vez decididos, deben solicitar una cita con los coordinadores de "Vecinos vigilantes" a los teléfonos 315-0679 y 315-0657.
Posteriormente se inicia la etapa de orientación sobre cómo protegerse unos a otros, mediante charlas dictadas por personal capacitado para tal fin.
En la capital, lo aplican actualmente unas ocho barriadas y edificios, mientras que en el interior, se han sumado seis barriadas.
Además de las verjas de hierro y "Vecinos vigilantes", los ciudadanos han recurrido a las alarmas residenciales, especialmente en sectores como Chanis, Altos del Golf, San Antonio y en barriadas nuevas donde los ladrones saben que por estar poco pobladas, pueden actuar a sus anchas.
Existen unas 30 empresas en Panamá dedicadas a este menester, según informaciones suministradas por el propietario de una de estas organizaciones.
Una alarma residencial puede costar unos 600 balboas, si es propia, y alrededor de 35 balboas mensuales, si es alquilada.
Si se alquila, ésta está conectada a un sistema de monitoreo de la empresa que presta el servicio. De sonar, inmediatamente esta empresa llama a la Policía.
Ella funciona mediante alambrado con dispositivos especiales colocados en puertas y ventanas. Esto está conectado a un panel, en el cual se conecta una línea telefónica (que puede ser la misma de la vivienda). Si suena la alarma, ésta alerta la central telefónica computarizada.
Son tan sofisticadas, que al momento en que suenan, se sabe en cuál de las recámaras o piezas de la casa se está introduciendo el ladrón. Si la alarma es propia, entonces se pagan unos 15 balboas adicionales (mensualmente) por este servicio de monitoreo.
Estas son sólo algunas de las formas en que el panameño ha hecho frente a la delincuencia, en especial, a los robos en las residencias. Ahora son métodos más sofisticados. Pero antes, como hoy, el perro sigue siendo el más celoso guardián.
Y ese es precisamente el punto: la seguridad. En Panamá han crecido tanto los índices de delincuencia en los últimos años, que la ciudadanía ha recurrido a su propio ingenio para proteger su vida y su honra. Ya no basta con el perro y su letrerito de "cuidado, perro bravo".
Las verjas de hierro han constituido la panacea para mantener alejados a los amigos de lo ajeno, especialmente en los barrios residenciales de clase media y trabajadora.
Los guardias de seguridad, los sistemas de alarma y hasta la mudanza a condominios ha sido el remedio para este mal entre la clase económicamente más acomodada.
Y es que entrar con la intención de robar en un edificio que además de portero eléctrico y sistema de alarma, cuenta con garita de seguridad con su guardia incluido, es más difícil, aunque la experiencia ha demostrado que no es imposible.
Por tanto, los barrotes de hierro siguen siendo los más seguros. Sin embargo, para que los delincuentes desistan de sus intenciones ilícitas, ya no se colocan las verjas en las ventanas y puertas de la manera tradicional: introduciendo sus extremos en un hueco en la pared, que luego es rellenado con cemento.
Ahora, en cada esquina de las verjas, así como en sus laterales se colocan barras largas que traspasan las paredes y luego son atornilladas desde adentro de la vivienda. De esta forma, los ladrones no pueden utilizar las conocidas patas de cabra para sacarlas de la pared.
Pero ya no es suficiente con las verjas en puertas y ventanas. Ahora también las terrazas semejan una grande y cómoda celda con hamacas y muebles confortables. Ya no son aquellos portales cómodos, frescos y al aire libre de hace unas décadas. Ni siquiera en las áreas periféricas de la capital o en el interior del país.
El panameño ha decidido protegerse a tal punto que su casa la tiene cercada con alambre de ciclón coronada con resortes de alambre de púas en la parte superior. El frente de las viviendas, está cercado con verjas de hierro y portones que cuentan con las cerraduras más seguras (y caras) del mercado.
Pero ni siquiera esto es suficiente. Los ladrones siguen haciendo de la suyas, si bien una fuente de Relaciones Públicas de la Policía Nacional señaló que ha bajado el índice de robos en residencias en los primeros meses del 2000 debido a la puesta en práctica del programa "Vecinos vigilantes" que adelanta esta entidad y que tiene como objetivo garantizar un ambiente de paz y tranquilidad, mediante la orientación a los ciudadanos para que desarrollen nuevos métodos que les permitan proteger sus vidas y sus bienes.
El programa se inició en junio de 1996, aunque dejó de funcionar por unos años, para reactivarse durante la presente administración.
El programa es coordinado por Marieta Díaz, quien se especializó en Canadá y se desarrolla a través de la Dirección de Asuntos Comunitarios, dirigida por el comisionado Luis Gordón.
Para activar el programa en una comunidad, los pobladores se reúnen previamente para decidir si desean aplicarlo en su sector. Una vez decididos, deben solicitar una cita con los coordinadores de "Vecinos vigilantes" a los teléfonos 315-0679 y 315-0657.
Posteriormente se inicia la etapa de orientación sobre cómo protegerse unos a otros, mediante charlas dictadas por personal capacitado para tal fin.
En la capital, lo aplican actualmente unas ocho barriadas y edificios, mientras que en el interior, se han sumado seis barriadas.
Además de las verjas de hierro y "Vecinos vigilantes", los ciudadanos han recurrido a las alarmas residenciales, especialmente en sectores como Chanis, Altos del Golf, San Antonio y en barriadas nuevas donde los ladrones saben que por estar poco pobladas, pueden actuar a sus anchas.
Existen unas 30 empresas en Panamá dedicadas a este menester, según informaciones suministradas por el propietario de una de estas organizaciones.
Una alarma residencial puede costar unos 600 balboas, si es propia, y alrededor de 35 balboas mensuales, si es alquilada.
Si se alquila, ésta está conectada a un sistema de monitoreo de la empresa que presta el servicio. De sonar, inmediatamente esta empresa llama a la Policía.
Ella funciona mediante alambrado con dispositivos especiales colocados en puertas y ventanas. Esto está conectado a un panel, en el cual se conecta una línea telefónica (que puede ser la misma de la vivienda). Si suena la alarma, ésta alerta la central telefónica computarizada.
Son tan sofisticadas, que al momento en que suenan, se sabe en cuál de las recámaras o piezas de la casa se está introduciendo el ladrón. Si la alarma es propia, entonces se pagan unos 15 balboas adicionales (mensualmente) por este servicio de monitoreo.
Estas son sólo algunas de las formas en que el panameño ha hecho frente a la delincuencia, en especial, a los robos en las residencias. Ahora son métodos más sofisticados. Pero antes, como hoy, el perro sigue siendo el más celoso guardián.

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