Indígenas se agarran a golpes por diversión
- Marcelino Rosario
Todos los fines de semana, los nativos que participan de la cosecha de café se invitan a pelear en un combate sin reglas. Después de la trifulca, continúan siendo amigos.
AMayra Montezuma, una joven ngöbe buglé de 24 años, no le quedó más alternativa que ver cómo su marido, Fernando Bejerano, se agarraba a golpes con su vecino Juan Salinas.
No era una riña callejera. El propósito es ver quién es el más fuerte, mientras las cervezas que se tomaron en la cantina de Río Sereno comenzaban a hacer su efecto.
El problema es que en la línea fronteriza entre Panamá y Costa Rica, todas las tardes de los sábados y los domingos, los indígenas que participan de la cosecha de café se agarran en un combate sin reglas.
Combate.
El inicio de cada contienda es invitarse uno con otro a pelear. Fernando le dijo a Juan si quería pelear, y sin ningún esfuerzo se quitaron la camisa.
El combate inició cuando se comenzaron a medir la distancia, y en cuestiones de segundos ya estaban echando sangre por la nariz, la boca y las cejas.
Es que los cabezazos de ambos contendores provocan las heridas sin ningún tipo de control hasta que se vence al otro rival. Ayer, la riña fue muy violenta. Más de 50 indígenas estaban peleando a la vez solo por deporte.
A pesar de que las autoridades policiales intentan evitar este tipo de enfrentamientos, los nativos se cruzan al lado costarricense para seguir el combate y cuando llegan los policías ticos, salen corriendo para Panamá.
No solo buscan burlarse de las autoridades competentes, sino que nada les impide que ellos hagan sus mejores dotes de boxeadores.
La larga semana de cosecha de café termina con una gran cantidad de indígenas en las cantinas y otros tirados en la calle de piedra o en los desagües completamente ebrios.
Los 180 dólares que muchos indígenas reciben como pago por la cosecha de café en una semana, a parte del salario que ellos también reciben de la cosecha de sus mujeres e hijos, terminan en la compra de bebidas alcohólicas. Estos nativos no dejan de libar hasta que hayan perdido el conocimiento.
Mientras Mayra seguía agarrada de la mano con su hijo, tanto el marido como el vecino tenían los pómulos tan hinchados como si fuera una pelea de campeonato mundial.
Comienzan muy jóvenes.
Los menores de edad también practican este rudo deporte, ya que estaban peleando por las muchachas jóvenes que llegan a las fincas cafetaleras.
Onelio Miranda, alcalde de Renacimiento, explicó que esta es una tradición de muchos años en la que el indígena pelea y cuando termina la tarde son amigos. El combate termina con un choque de manos, aquí no hay rencillas.
“Nosotros lo que hacemos es que la Policía va cuando están peleando y los separa, pero no se detiene a nadie porque es parte de su cultura. El indígena toma y pelea. Eso no es algo que afecte a las comunidades”, dijo.
El problema es que para la cosecha del café llegan delincuentes procedentes de otras regiones para tratar de quitarles el dinero a los nativos cuando quedan completamente ebrios.

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