La verdad por encima de los nexos familiares
Publicado 2000/12/04 00:00:00
- Alex GarcÃÂa
El Panamá América, apegado a la verdad y a la crítica constructiva, criticó, cuando tuvo que criticar, y alabó cuando fue menester, la labor de Arnulfo Arias Madrid, hermano menor del también ex presidente y propietario de este medio, Harmodio Arias Madrid.
Un documento de la historiadora Patricia Puzzurno da cuenta de posiciones encontradas entre ambos hermanos con respecto a temas nacionales que fueron publicadas y que llevaron al periódico a ser calificado como "enemigo del presidente" (Arnulfo).
He aquí un recuento de esas críticas y alabanzas.
En 1939 Harmodio Arias fue el primero en celebrar la postulación de su hermano menor, Arnulfo, para Presidente de la República. Aunque se había prometido a sí mismo alejarse de la caprichosa política criolla, la candidatura de su hermano lo enfrentaba a compromisos familiares que consideraba insoslayables.
El doctor Harmodio había decidido en 1936, alejarse de las lides políticas, desengañado de los vicios de que ésta estaba viciada. Se dedicaría a la explotación de sus fincas agrícolas. No lo hizo así, sino que adquirió El Panamá América.
Desde esta trinchera, se propuso apoyar a su hermano porque estaba convencido de que por su inteligencia y preparación, sería el mandatario que necesitaba Panamá en víspera de la guerra europea.
Sin embargo, los planes y puntos de vista de Arnulfo no siempre coincidían con los de su hermano, ex presidente de la república.
Arnulfo Arias había vivido en Europa y tuvo contacto directo con las ideologías nacionalsocialistas y fascistas que imperaban en Alemania e Italia, respectivamente, que exaltaban los valores nacionales en detrimento de lo foráneo.
Estas tesis encontraron terreno fértil en Panamá, donde ya existía un movimiento encaminado a repatriar a los antillanos.
Cuando en 1939 regresó al país, Arnulfo fue recibido apoteósicamente por el pueblo panameño, con el cual estableció una relación difícil de explicar, lo que le hizo llegar tres veces a la Presidencia de la República. Fue un fenómeno social, un líder innato y personalista, que despertaba delirio entre las masas.
El Panamá América lo recibió con bombos y platillos, unos días después de la muerte sorpresiva del presidente Juan Demóstenes Arosemena.
Arnulfo Arias representaba, según el diario, "una promesa de progreso, de resurgimiento, de acción".
Igualmente se mostró con el candidato en cuanto a la política inmigratoria que debía imperar en el país, gracias a la cual se recomendaba "una inmigración seleccionada, regularizada y graduada, pues la misma como simple pretexto para aumentar nuestra población es positivamente un fracaso".
Señaló además, que Arnulfo "hizo profesión de democracia y de panameñismo Eso es de los más caros sentimientos del pueblo panameño".
No obstante, semanas antes de las elecciones de 1940, surgieron comentarios en la capital que señalaban que "el panameñismo" enunciado por Arnulfo Arias, serviría para perseguir a los extranjeros.
El Panamá América salió al paso de estos comentarios cuando en el editorial del 16 de mayo de 1940, señaló que los enemigos del panameñismo trataban de presentar esta ideología "como una doctrina de exclusión, de persecución, de chauvinismo... han querido ver en ella una enunciación del totalitarismo étnico que no puede estar más alejado de la esencia misma del panameñismo. El panameñismo no es una doctrina chauvinista... es simplemente una norma que tiende a darle a lo nacional la importancia y preminencia que se merece y desarraiga esa especie de complejo de inferioridad que por muchos años ha prevalecido en muchos sectores de la vida panameña".
SORPRENDIDO EN SU BUENA FE
Lastimosamente, El Panamá América fue sorprendido en su buena fe y el panameñismo tenía otras connotaciones. No era tan inofensivo como parecía.
Arnulfo triunfó cuando su contrincante Ricardo J. Alfaro se retiró de la contienda electoral y asumió la Presidencia el 1 de octubre de 1940.
Uno de sus más caros proyectos fue la reforma de la Constitución. Ya para mediados de ese mes, circulaba por la capital un proyecto de reformas constitucionales que El Panamá América se dedicó a analizar desde sus páginas.
Al respecto publicó: "la sugestión de la prórroga del período... no debemos interpretarla por ahora, sino como un gesto de algunos de los miembros de la comisión autora del proyecto que el Presidente Arnulfo Arias oportunamente declinará, para dejar en su puesto su nombre y salvar el principio republicano democrático, tantas veces proclamado por él como norma inspiradora de su gobierno".
Pero, una vez más, El Panamá América se equivocaba. El presidente consideraba que la extensión del mandato, al igual que la reelección, eran los principales aciertos del documento y no pensaba introducir reforma alguna en este sentido.
SE ENSANCHA LA BRECHA
Con el correr de los meses, la brecha entre los ideales del gobierno y los del periódico se fueron ensanchando cada vez más y surgieron discrepancias serias respecto a otros temas, tales como el juego, el ahorro, el estatus de los extranjeros, el planteamiento de las relaciones con los Estados Unidos.
Durante los dos meses transcurridos entre mediados de octubre y el 15 de diciembre, fecha de la convocatoria del plebiscito para decidir la suerte de la Constitución, El Panamá América dio a conocer las contradicciones que el documento presentaba en materia de educación, nacionalidad y sexo.
Denunció también el control que el Estado tendría sobre la economía nacional, mediante su intervención en los negocios y actividades privadas, lo que conduciría a la paralización de la economía, pues frenaría el impulso creador individual.
Además señaló que una economía controlada era precisamente lo que había aplicado Hitler en Alemania. Pero fue su extensión y prórroga del mandato constitucional lo que más encarnizadamente combatió El Panamá América.
El 5 de diciembre indicó que la adopción de estas cláusulas daban pie al absolutismo, al nacimiento de una monarquía criolla, a imitación de Nicaragua con Somoza, Guatemala con Jorge Ubico y Honduras con Tiburcio Carías.
Es más, a inicios de diciembre, Harmodio Arias fue convocado por el Jurado Nacional de Elecciones, con el fin de colaborar a organizar el plebiscito, pero se negó a presentarse pues, en su opinión, la convocatoria al plebiscito se apartaba de la Constitución.
Así lo consignó El Panamá América el 2 de diciembre en primera plana. En el editorial del 14 de diciembre, se leía que la independencia de que hizo gala a raíz de las reformas constitucionales, así como su compromiso de informar con la verdad y la campaña infatigable en contra del plebiscito, le valieron al periódico persecuciones y amenazas e incluso ser tildado de enemigo del presidente.
Este no fue el único tema que separó a El Panamá América del gobierno. También la "ola chauvinista" o el nacionalismo exacerbado del gobierno. Se había prohibido escuchar en los "jardines de cerveza" otra música que no fuera latina. Cualquier descuido era pagado con multas severas.
El periódico publicó: "Por doquier se respira un aire de patriotería chauvinista, salida de cauce, de nacionalismo convertido en mandoble para agredir a aquellas personas o entidades de extranjeros pacíficos que radican en el país que ha visto nacer a sus hijos bajo el tricolor nacional y han venido pagando religiosamente sus impuestos, han contribuido a darle a Panamá ese aire vivo y pintoresco de ciudad cosmopolita".
Había un ambiente "antiextranjero" y hasta se cancelaron visitas turísticas con destino a Panamá por este motivo. Todo esto afectaba la economía y la imagen del país en el exterior.
"El Panamá América defendió el panameñismo desde sus albores, pero entendiéndolo como sana corriente de robustecimiento de las instituciones nacionales, no como mandoble perseguidor contra el extranjero de buena voluntad. Esto ya no es panameñismo, no es patriotismo. Se trata de una corriente de persecución, de una fobia grotesca, que debe ser contenida. Lo exigen nuestros intereses económicos. Lo exige nuestra tradición hospitalaria y acogedora. Lo exige hasta nuestra cultura que no deber ser desacreditada por los anunciadores de la patriotería barata e inculta", publicaba este medio.
El gobierno de Arnulfo Arias no estaba dispuesto a aceptar críticas y en febrero de 1941, expulsó de Panamá al editor de The Panama American, el estadounidense Ted Scott.
REGULACION DE JUEGOS DE AZAR
También El Panamá América confrontó al gobierno de turno por el uso de las máquinas tragamonedas, que representaban la negación absoluta del ahorro; propueso terminar con los juegos de azar y declarar la guerra "a la corporación del despilfarro y la tentación más clara para el cultivo de un vicio que destruye en sus hondos arraigos la organización familiar que es la base en que se apoya el Estado".
Le hizo ver a los gobernantes que así como reglamentaba las actividades económicas del país, era hora de que se regulara la explotación de los juegos de azar. Proponía que se usaran las ganancias de este vicio para el bien común, si bien hizo constar que no apoyaba la explotación de ese vicio de ninguna forma, "pero si se hace lícito, por lo menos que sea en beneficio del pueblo y no para explotar a éste exclusivamente".
La llamada economía controlada en otros aspectos, y las reglas poco claras impuestas por el gobierno de Arnulfo Arias, llegaban al extremo de exigirle al limpiabotas la obtención de una serie de documentos para poder trabajar, denunciaba el periódico.
También criticó la gran cantidad de dinero que circulaba en la zona de tránsito y que en lugar de invertirse, iba a parar a los bancos, sin que se destinase a la producción.
El medio y el gobierno tenían posiciones irreconciliables, con respecto a estos temas. Sin embargo, alababa la gestión de Arnulfo en lo concerniente a la creación de la Caja de Seguro Social, la contratación de empréstitos internos que fomentaban el ahorro privado, la defensa del idioma Español y la fundación del Banco Agropecuario e Industrial.
Pasó un año de gestión y el gobierno de Arnulfo Arias fue derrocado el 9 de octubre de 1941.
Un documento de la historiadora Patricia Puzzurno da cuenta de posiciones encontradas entre ambos hermanos con respecto a temas nacionales que fueron publicadas y que llevaron al periódico a ser calificado como "enemigo del presidente" (Arnulfo).
He aquí un recuento de esas críticas y alabanzas.
En 1939 Harmodio Arias fue el primero en celebrar la postulación de su hermano menor, Arnulfo, para Presidente de la República. Aunque se había prometido a sí mismo alejarse de la caprichosa política criolla, la candidatura de su hermano lo enfrentaba a compromisos familiares que consideraba insoslayables.
El doctor Harmodio había decidido en 1936, alejarse de las lides políticas, desengañado de los vicios de que ésta estaba viciada. Se dedicaría a la explotación de sus fincas agrícolas. No lo hizo así, sino que adquirió El Panamá América.
Desde esta trinchera, se propuso apoyar a su hermano porque estaba convencido de que por su inteligencia y preparación, sería el mandatario que necesitaba Panamá en víspera de la guerra europea.
Sin embargo, los planes y puntos de vista de Arnulfo no siempre coincidían con los de su hermano, ex presidente de la república.
Arnulfo Arias había vivido en Europa y tuvo contacto directo con las ideologías nacionalsocialistas y fascistas que imperaban en Alemania e Italia, respectivamente, que exaltaban los valores nacionales en detrimento de lo foráneo.
Estas tesis encontraron terreno fértil en Panamá, donde ya existía un movimiento encaminado a repatriar a los antillanos.
Cuando en 1939 regresó al país, Arnulfo fue recibido apoteósicamente por el pueblo panameño, con el cual estableció una relación difícil de explicar, lo que le hizo llegar tres veces a la Presidencia de la República. Fue un fenómeno social, un líder innato y personalista, que despertaba delirio entre las masas.
El Panamá América lo recibió con bombos y platillos, unos días después de la muerte sorpresiva del presidente Juan Demóstenes Arosemena.
Arnulfo Arias representaba, según el diario, "una promesa de progreso, de resurgimiento, de acción".
Igualmente se mostró con el candidato en cuanto a la política inmigratoria que debía imperar en el país, gracias a la cual se recomendaba "una inmigración seleccionada, regularizada y graduada, pues la misma como simple pretexto para aumentar nuestra población es positivamente un fracaso".
Señaló además, que Arnulfo "hizo profesión de democracia y de panameñismo Eso es de los más caros sentimientos del pueblo panameño".
No obstante, semanas antes de las elecciones de 1940, surgieron comentarios en la capital que señalaban que "el panameñismo" enunciado por Arnulfo Arias, serviría para perseguir a los extranjeros.
El Panamá América salió al paso de estos comentarios cuando en el editorial del 16 de mayo de 1940, señaló que los enemigos del panameñismo trataban de presentar esta ideología "como una doctrina de exclusión, de persecución, de chauvinismo... han querido ver en ella una enunciación del totalitarismo étnico que no puede estar más alejado de la esencia misma del panameñismo. El panameñismo no es una doctrina chauvinista... es simplemente una norma que tiende a darle a lo nacional la importancia y preminencia que se merece y desarraiga esa especie de complejo de inferioridad que por muchos años ha prevalecido en muchos sectores de la vida panameña".
SORPRENDIDO EN SU BUENA FE
Lastimosamente, El Panamá América fue sorprendido en su buena fe y el panameñismo tenía otras connotaciones. No era tan inofensivo como parecía.
Arnulfo triunfó cuando su contrincante Ricardo J. Alfaro se retiró de la contienda electoral y asumió la Presidencia el 1 de octubre de 1940.
Uno de sus más caros proyectos fue la reforma de la Constitución. Ya para mediados de ese mes, circulaba por la capital un proyecto de reformas constitucionales que El Panamá América se dedicó a analizar desde sus páginas.
Al respecto publicó: "la sugestión de la prórroga del período... no debemos interpretarla por ahora, sino como un gesto de algunos de los miembros de la comisión autora del proyecto que el Presidente Arnulfo Arias oportunamente declinará, para dejar en su puesto su nombre y salvar el principio republicano democrático, tantas veces proclamado por él como norma inspiradora de su gobierno".
Pero, una vez más, El Panamá América se equivocaba. El presidente consideraba que la extensión del mandato, al igual que la reelección, eran los principales aciertos del documento y no pensaba introducir reforma alguna en este sentido.
SE ENSANCHA LA BRECHA
Con el correr de los meses, la brecha entre los ideales del gobierno y los del periódico se fueron ensanchando cada vez más y surgieron discrepancias serias respecto a otros temas, tales como el juego, el ahorro, el estatus de los extranjeros, el planteamiento de las relaciones con los Estados Unidos.
Durante los dos meses transcurridos entre mediados de octubre y el 15 de diciembre, fecha de la convocatoria del plebiscito para decidir la suerte de la Constitución, El Panamá América dio a conocer las contradicciones que el documento presentaba en materia de educación, nacionalidad y sexo.
Denunció también el control que el Estado tendría sobre la economía nacional, mediante su intervención en los negocios y actividades privadas, lo que conduciría a la paralización de la economía, pues frenaría el impulso creador individual.
Además señaló que una economía controlada era precisamente lo que había aplicado Hitler en Alemania. Pero fue su extensión y prórroga del mandato constitucional lo que más encarnizadamente combatió El Panamá América.
El 5 de diciembre indicó que la adopción de estas cláusulas daban pie al absolutismo, al nacimiento de una monarquía criolla, a imitación de Nicaragua con Somoza, Guatemala con Jorge Ubico y Honduras con Tiburcio Carías.
Es más, a inicios de diciembre, Harmodio Arias fue convocado por el Jurado Nacional de Elecciones, con el fin de colaborar a organizar el plebiscito, pero se negó a presentarse pues, en su opinión, la convocatoria al plebiscito se apartaba de la Constitución.
Así lo consignó El Panamá América el 2 de diciembre en primera plana. En el editorial del 14 de diciembre, se leía que la independencia de que hizo gala a raíz de las reformas constitucionales, así como su compromiso de informar con la verdad y la campaña infatigable en contra del plebiscito, le valieron al periódico persecuciones y amenazas e incluso ser tildado de enemigo del presidente.
Este no fue el único tema que separó a El Panamá América del gobierno. También la "ola chauvinista" o el nacionalismo exacerbado del gobierno. Se había prohibido escuchar en los "jardines de cerveza" otra música que no fuera latina. Cualquier descuido era pagado con multas severas.
El periódico publicó: "Por doquier se respira un aire de patriotería chauvinista, salida de cauce, de nacionalismo convertido en mandoble para agredir a aquellas personas o entidades de extranjeros pacíficos que radican en el país que ha visto nacer a sus hijos bajo el tricolor nacional y han venido pagando religiosamente sus impuestos, han contribuido a darle a Panamá ese aire vivo y pintoresco de ciudad cosmopolita".
Había un ambiente "antiextranjero" y hasta se cancelaron visitas turísticas con destino a Panamá por este motivo. Todo esto afectaba la economía y la imagen del país en el exterior.
"El Panamá América defendió el panameñismo desde sus albores, pero entendiéndolo como sana corriente de robustecimiento de las instituciones nacionales, no como mandoble perseguidor contra el extranjero de buena voluntad. Esto ya no es panameñismo, no es patriotismo. Se trata de una corriente de persecución, de una fobia grotesca, que debe ser contenida. Lo exigen nuestros intereses económicos. Lo exige nuestra tradición hospitalaria y acogedora. Lo exige hasta nuestra cultura que no deber ser desacreditada por los anunciadores de la patriotería barata e inculta", publicaba este medio.
El gobierno de Arnulfo Arias no estaba dispuesto a aceptar críticas y en febrero de 1941, expulsó de Panamá al editor de The Panama American, el estadounidense Ted Scott.
REGULACION DE JUEGOS DE AZAR
También El Panamá América confrontó al gobierno de turno por el uso de las máquinas tragamonedas, que representaban la negación absoluta del ahorro; propueso terminar con los juegos de azar y declarar la guerra "a la corporación del despilfarro y la tentación más clara para el cultivo de un vicio que destruye en sus hondos arraigos la organización familiar que es la base en que se apoya el Estado".
Le hizo ver a los gobernantes que así como reglamentaba las actividades económicas del país, era hora de que se regulara la explotación de los juegos de azar. Proponía que se usaran las ganancias de este vicio para el bien común, si bien hizo constar que no apoyaba la explotación de ese vicio de ninguna forma, "pero si se hace lícito, por lo menos que sea en beneficio del pueblo y no para explotar a éste exclusivamente".
La llamada economía controlada en otros aspectos, y las reglas poco claras impuestas por el gobierno de Arnulfo Arias, llegaban al extremo de exigirle al limpiabotas la obtención de una serie de documentos para poder trabajar, denunciaba el periódico.
También criticó la gran cantidad de dinero que circulaba en la zona de tránsito y que en lugar de invertirse, iba a parar a los bancos, sin que se destinase a la producción.
El medio y el gobierno tenían posiciones irreconciliables, con respecto a estos temas. Sin embargo, alababa la gestión de Arnulfo en lo concerniente a la creación de la Caja de Seguro Social, la contratación de empréstitos internos que fomentaban el ahorro privado, la defensa del idioma Español y la fundación del Banco Agropecuario e Industrial.
Pasó un año de gestión y el gobierno de Arnulfo Arias fue derrocado el 9 de octubre de 1941.

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