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La Tierra se calienta y arden los bosques del mundo

Los incendios forestales contribuyen al cambio climático no sólo porque liberan a la atmósfera dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero, sino también porque matan árboles y vegetación, que eliminan del aire las emisiones que elevan las temperaturas.

Kendra Pierre-Louis - Publicado:

Campesinos en Amazonia hacen quemas para desmontar tierras. Algunos dicen que aceleran el cambio climático. (Victor Moriyama para The New York Times)

 

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En Sudamérica, la cuenca del Amazonas arde. En África central, inmensas extensiones de la sabana están en llamas. Las regiones árticas en Siberia se están quemando a un ritmo sin precedentes.

Aunque los incendios en Brasil se han convertido en una crisis internacional, son sólo una de muchas áreas significativas donde los incendios hoy hacen estragos en el mundo. Su mayor severidad y propagación a sitios donde antes rara vez se veían incendios provoca temor de que el cambio climático esté exacerbando el peligro.

Las temperaturas más calientes y condiciones más secas “van a seguir coadyuvando al potencial de un incendio”, dijo John Abatzoglou, profesor adjunto del Departamento de Geología en la Universidad de Idaho, al describir el riesgo de que haya “incendios grandes e incontrolables en todo el mundo”, si continúan las tendencias del calentamiento.

Los incendios forestales contribuyen al cambio climático no sólo porque liberan a la atmósfera dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero, sino también porque matan árboles y vegetación, que eliminan del aire las emisiones que elevan las temperaturas.

Desde julio, los incendios han reducido a cenizas unos 2.4 millones de hectáreas de bosques siberianos. En Alaska, los incendios han consumido más de un millón de hectáreas de tundra y bosques de nieve, llevando a los investigadores a decir que la combinación del cambio climático y los incendios forestales podrían alterar de manera permanente los bosques de la región.

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El Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del planeta y algunas investigaciones han señalado que, a medida que se calienta, “también se espera que haya más descargas eléctricas”, afirmó Abatzoglou. Y, en áreas remotas, los relámpagos son una causa importante de incendios.

Y a pesar de que se suele describir a la Amazonia como el Pulmón del Mundo, aludiendo a la capacidad de este bosque para producir oxígeno y almacenar dióxido de carbono, otros bosques como los de Siberia son igual de importantes para el sistema climatológico del mundo como los bosques tropicales.

Una de las razones por las que los incendios en los bosques árticos son particularmente preocupantes es que, además de que se queman árboles y pastizales, también se incendia la turba, un material orgánico parecido a la tierra en el suelo que al quemarse emite mucho más dióxido de carbono por hectárea que los árboles. Antes, los incendios de turba en climas septentrionales eran raros porque había más humedad, que ahora desaparece a medida que la región se vuelve más cálida y seca.

No hay una manera sencilla de categorizar los incendios forestales. Cada uno es diferente y puede representar una mezcla de causas de raíz.

La crisis en la Amazonia es un ejemplo de incendios provocados, a fin de desmontar tierras que se usan para cultivar o para que el ganado paste. En el caso de Brasil, la razón es la demanda mundial de soya y ganado vacuno.

Entre el 2004 y el 2012, la deforestación en la región había disminuido, pero eso cambió en el 2013.

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Jair Bolsonaro, electo Presidente de Brasil en el 2018, ha defendido la expansión de la industria agrícola y descartó la idea de extender protecciones a grupos indígenas que viven en la selva, provocando preocupación de que el ritmo de la deforestación pueda aumentar más.

Las comunidades indígenas en la Amazonia han usado fuego en la selva durante generaciones, aunque suelen cultivar áreas mucho más pequeñas, sembrar un número relativamente diverso de cultivos y cambiar a parcelas nuevas después de unos años para que la selva pueda volver a crecer.

“Es importante mencionar que son capaces de controlar esas quemas”, dijo Laura C. Schneider, profesora adjunta del Departamento de Geografía de la Universidad de Rutgers.

Eso difiere mucho de lo que está sucediendo en la Amazonia, donde la agricultura más industrializada de la actualidad significa que las tierras deforestadas suelen quedarse desmontadas de manera permanente.

Se está dando un patrón similar en el sureste asiático, pues el 71 por ciento de las turberas se ha perdido en Sumatra, Borneo y Malasia peninsular entre 1990 y el 2015. En muchos casos los bosques fueron remplazados por granjas que producen aceite de palma, que se usa en todo desde galletas hasta lociones.

En el 2015, el esmog y la bruma del fuego en las turberas fueron tan severos que es probable que hayan ocasionado la muerte de 100 mil personas, de acuerdo con un estudio. El Gobierno indonesio adoptó una serie de medidas para reducir el número de incendios, pero este año, la bruma ha regresado.

Aunque ambos involucran la quema de turba, los incendios en Indonesia son bastante diferentes de los que están sucediendo en las zonas septentrionales del mundo, como el Ártico. Este verano se desataron incendios forestales en toda la región —incluyendo en Alaska, Groenlandia y Siberia— en lugares que no solían incendiarse.

El fuego se enciende a causa de las temperaturas más altas que secan las plantas y las hace más inflamables. Muchos investigadores dicen que el calor es una señal del cambio climático en una región que se ha calentado con mayor rapidez que el resto del planeta. Este verano, partes de Alaska batieron récords: Anchorage alcanzó una temperatura máxima de 32 grados centígrados el 4 de julio, cuando la temperatura promedio para esa fecha es de 24 grados.

Conforme se han propagado estos incendios, también lo han hecho sus emisiones de dióxido de carbono.

Tan sólo durante los primeros 18 días de agosto, los incendios en el Ártico emitieron 42 megatoneladas de dióxido de carbono. Eso hizo que el total para junio, julio y la primera mitad de agosto sumara más de 180 megatoneladas, más o menos tres veces y media más de lo que Suecia emite en un año.

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Los incendios también pueden exacerbar el calentamiento global debido al hollín que se produce con la quema de turba, que es rica en carbón. Cuando el hollín se asienta en los glaciares cercanos, el hielo absorbe la energía del sol en lugar de reflejarla, lo cual acelera el derretimiento del glaciar.

En algunos lugares hay un ciclo estacional de incendios que desempeña un papel importante en el ecosistema. Un ejemplo es el oeste estadounidense.

Una razón por la que lugares como California parecen tener incendios todos los años es porque ese Estado, junto con gran parte del oeste y suroeste de Estados Unidos, es lo que los investigadores llaman ecosistemas adaptados al fuego.

En otras palabras, algunas zonas han evolucionado con el tiempo no sólo para tolerar el fuego, sino que en realidad lo necesitan. Por ejemplo, el pinus contorta, un árbol perennifolio común en el oeste de Estados Unidos, necesita del calor para liberar sus semillas.

Puede verse un patrón similar en algunos de los incendios en África subsahariana que han atraído la atención del mundo últimamente. “En realidad este es el ecosistema más propenso a incendiarse en el mundo. Es la combinación precisa de estar lo suficientemente mojado para tener la cantidad justa de combustible y suficientemente seco para quemarse”, dijo Abatzoglou.

 

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