86 años de la inauguración del Canal de Panamá
Publicado 2000/08/15 23:00:00
El Canal de Panamá que hoy se constituye en una de las obras más portentosas creadas por el hombre en el siglo XX, fue concebido desde los inicios de la Epoca Hispana por los propios conquistadores españoles a principios del siglo XVI, cuando en 1534, el rey Carlos I ordenó los primeros estudios topográficos en el istmo con ese fin. Sin embargo, no fue hasta enero de 1880 cuando los franceses, encabezados por el Conde Fernando de Lessepps, iniciaron la construcción de este proyecto que ya para 1887, tuvo que ser suspendido al quebrar la Compañía Universal del Canal Interoceánico, con lo cual se originó una situación financiera caótica tanto en Panamá como en Francia, donde después de la desilusión por el fracaso inevitable, se abrió un proceso judicial de grandes magnitudes para castigar a los culpables.
Pero el deseo y la necesidad de construir una vía que uniera los dos océanos más importantes del mundo se mantuvo latente. Es así que después de ser rechazado el Tratado Herran-Hay por el senado colombiano, los intereses norteamericanos y panameños coincidieron en 1903 para lograr la separación de Panamá de Colombia, a la vez que se firmaba el Tratado Hay-Bunnau Varilla, con el cual Estados Unidos iniciaría la construcción del Canal de Panamá en 1904.
El ingeniero George Goethals dirigió la obra en la que 40 nacionalidades diferentes aportaron su trabajo y hasta sus propias vidas, mientras que el señor William Gorgas combatía las enfermedades tropicales como la malaria y la fiebre amarilla, saneando la región, lo que permitió garantizar el éxito de la empresa. Finalmente, el 10 de octubre de 1913 se oprimió, desde los Estados Unidos, el botón eléctrico que provocó la explosión que derribó el último dique que evitaba la unión de los dos mares para beneficio del mundo.
La ceremonia inaugural se realizó oficialmente el 15 de agosto de 1914. Al rayar el alba, el vapor Ancón recorrió por primera vez las 50 millas que hay entre los dos océanos, iniciando de esta forma lo que el Dr. Julio Yan definió como el "Calvario de un pueblo".
Por esto, al conmemorarse, ayer, el LXXXVI aniversario de este hecho histórico de trascendencia universal, el momento es propicio para reflexionar sobre las realidades y los retos que la situación actual nos presenta: Primero un canal bajo la plena jurisdicción nacional, en un país con soberanía total, en donde existe una sola bandera, en un solo territorio, situación que debemos preservar a cualquier costo para honra de los mártires de enero de 1964.
Pero por otra parte, tenemos el serio compromiso de garantizar el funcionamiento eficiente de la vía, que debe permanecer abierta a todos los países del mundo sin distinción alguna. Tampoco podemos olvidar el peligro evidente de intervención norteamericana en el país, representado por el Tratado de Neutralidad, que con sus enmiendas Num y de Concini debe ser reformado o eliminado. De la misma forma, debemos abordar el problema de la contaminación de las áreas aledañas al Canal y de otras partes de nuestro territorio, producto de muchos años de prácticas militares norteamericanas. Estas áreas deben ser saneadas con la mayor brevedad por los autores materiales del hecho.
Pero el reto más importante que tenemos es cambiar esa concepción muy arraigada de que el territorio y el pueblo panameño deben estar en función del Canal de Panamá para beneficio de los armadores de barcos y el comercio mundial. Es preciso hacer saber al mundo que el año 2000 con la reversión del Canal, es la coyuntura propicia para exigir un Canal que esté en función de las grandes necesidades del pueblo, para que de esa manera todos los panameños y panameñas podamos disfrutar integralmente las ventajas que por muchos siglos ha brindado la privilegiada posición geográfica que tiene nuestro querido istmo de Panamá.
Pero el deseo y la necesidad de construir una vía que uniera los dos océanos más importantes del mundo se mantuvo latente. Es así que después de ser rechazado el Tratado Herran-Hay por el senado colombiano, los intereses norteamericanos y panameños coincidieron en 1903 para lograr la separación de Panamá de Colombia, a la vez que se firmaba el Tratado Hay-Bunnau Varilla, con el cual Estados Unidos iniciaría la construcción del Canal de Panamá en 1904.
El ingeniero George Goethals dirigió la obra en la que 40 nacionalidades diferentes aportaron su trabajo y hasta sus propias vidas, mientras que el señor William Gorgas combatía las enfermedades tropicales como la malaria y la fiebre amarilla, saneando la región, lo que permitió garantizar el éxito de la empresa. Finalmente, el 10 de octubre de 1913 se oprimió, desde los Estados Unidos, el botón eléctrico que provocó la explosión que derribó el último dique que evitaba la unión de los dos mares para beneficio del mundo.
La ceremonia inaugural se realizó oficialmente el 15 de agosto de 1914. Al rayar el alba, el vapor Ancón recorrió por primera vez las 50 millas que hay entre los dos océanos, iniciando de esta forma lo que el Dr. Julio Yan definió como el "Calvario de un pueblo".
Por esto, al conmemorarse, ayer, el LXXXVI aniversario de este hecho histórico de trascendencia universal, el momento es propicio para reflexionar sobre las realidades y los retos que la situación actual nos presenta: Primero un canal bajo la plena jurisdicción nacional, en un país con soberanía total, en donde existe una sola bandera, en un solo territorio, situación que debemos preservar a cualquier costo para honra de los mártires de enero de 1964.
Pero por otra parte, tenemos el serio compromiso de garantizar el funcionamiento eficiente de la vía, que debe permanecer abierta a todos los países del mundo sin distinción alguna. Tampoco podemos olvidar el peligro evidente de intervención norteamericana en el país, representado por el Tratado de Neutralidad, que con sus enmiendas Num y de Concini debe ser reformado o eliminado. De la misma forma, debemos abordar el problema de la contaminación de las áreas aledañas al Canal y de otras partes de nuestro territorio, producto de muchos años de prácticas militares norteamericanas. Estas áreas deben ser saneadas con la mayor brevedad por los autores materiales del hecho.
Pero el reto más importante que tenemos es cambiar esa concepción muy arraigada de que el territorio y el pueblo panameño deben estar en función del Canal de Panamá para beneficio de los armadores de barcos y el comercio mundial. Es preciso hacer saber al mundo que el año 2000 con la reversión del Canal, es la coyuntura propicia para exigir un Canal que esté en función de las grandes necesidades del pueblo, para que de esa manera todos los panameños y panameñas podamos disfrutar integralmente las ventajas que por muchos siglos ha brindado la privilegiada posición geográfica que tiene nuestro querido istmo de Panamá.

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