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Atravesando el Canal de Panamá

A mediados del siglo pasado, desde el antiguo aeródromo de Tocumen eran 40 kilómetros de camino de cascajo, sin pavimentar, que cruzábamos en unas dos horas con múltiples paradas en el camino para aplacar el polvo y en su momento, detenernos en el río Pacora para un refrescante chapuzón.

Jaime Figuero Navarro | opinion@epasa.com | - Actualizado:

Atravesando el Canal de Panamá

En Panamá era costumbre, para aquellos que podían, ostentar una casita de playa o montaña. Fue así que mi familia poseía la finca La Garita en Chepo desde las postrimerías del siglo XIX. El peculiar nombre se debe a que los poblados en la colonia acostumbraban mantener un sitio de inspección, típicamente a su entrada, para indagar el proceder de los forasteros. La Garita de Chepo era una propiedad de varias hectáreas, sobre una loma, justo colindante al atrio del pueblo.

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A mediados del siglo pasado, desde el antiguo aeródromo de Tocumen eran 40 kilómetros de camino de cascajo, sin pavimentar, que cruzábamos en unas dos horas con múltiples paradas en el camino para aplacar el polvo y en su momento, detenernos en el río Pacora para un refrescante chapuzón. Por supuesto que el celular no existía, ni siquiera el teléfono. El único medio de comunicación con la capital y el mundo era a través de la telegrafía, donde los telegramas se remitían en clave y no solían ser muy floridos pues el pago era por la cantidad de palabras. Por ejemplo: "Se acabó la plata, manda más".

No era una propiedad de año completo, allí veraneábamos, nada más. Solíamos trasladarnos la semana después de Navidad para el retorno una semana antes del inicio del año escolar. Fueron veranos de infancia muy felices en profunda comunicación con la naturaleza.

Ya adolescentes, se vendió La Garita y la familia adquirió una propiedad de playa en San Carlos, en los años sesenta del siglo pasado, donde si frecuentábamos los fines de semana, a lo largo del año. Posterior a mis estudios en ultramar y al breve retorno al istmo, antes de continuar mi carrera en Estados Unidos, ese era el sitio de reunión familiar. A mi retorno a Panamá en 2003, poco a poco dejamos de ir a la playa por varios factores, el más notable, lo incómodo y estresante del desplazamiento y finalmente el tedio de repetir lo mismo siempre.

Ahora lo que acostumbramos, al desplazarnos a provincias, reservamos una habitación en un hotel, gozamos sus restaurantes y programamos actividades diversas. Ya no contamos ni con la propiedad, ni el dolor de cabeza de su manutención.

Asimismo, planificamos nuestras vacaciones anuales con bastante antelación, para lo que programamos viajes en cruceros, por ser ellos los más cómodos y más económicos para disfrutar el mundo. Nuestras incursiones iniciales fueron al Caribe, donde ya hemos visitado todas las islas, puertos e islotes.

Concentramos nuestros esfuerzos posteriormente en Europa, donde nuestro último viaje anterior a la pandemia incluyó un crucero a las islas griegas y el Mediterráneo desde Barcelona, para después viajar por tierra desde Italia hasta Croacia, visitando Suiza, Liechtenstein (cuya Princesa, Angela, es bocatoreña), Alemania, República Checa, Austria, Eslovaquia, Hungría y Eslovenia.

Nos sorprendió la pandemia en Buenos Aires en marzo de 2020, posterior a un crucero de 15 días a bordo de Norwegian Star, desde Santiago, cruzando el estrecho de Magallanes para conmemorar los 500 años del primer viaje de circunnavegación del globo terráqueo.

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A finales de 2021, hastiados por el encierro, optamos por un crucero de 19 días desde Roma a Miami, a bordo de Norwegian Breakaway, siguiendo símil ruta al primer viaje de Colón a las Américas.

Resultado de la cruenta guerra en Ucrania, por ahora nos mantenemos a distancia del teatro europeo. En octubre zarparemos desde Seattle, justo en la frontera canadiense en la costa oeste de Estados Unidos a bordo de Norwegian Encore con destino Miami, cruzando por vez primera las nuevas esclusas del Canal de Panamá, en travesía de 21 días, con escalas en San Francisco, Los Ángeles, San Diego, Cabo San Lucas, Puerto Vallarta, Acapulco, Puerto Quetzal, San Juan del Sur, Puntarenas, Amador y Cartagena. Por si no lo sabía, el destino más popular a nivel mundial para los cruceristas es el tránsito a través del Canal de Panamá.

Habría que desarrollar un proyecto ecológico de calidad mundial, nuestra torre Eiffel o estatua de la Libertad, en las riberas del Lago Gatún, para obligar el pernoctar de los cruceros y elevar nuestra categoría turística de fofa a genial, sacándole así el jugo al destino, que ya no sería un simple transito convirtiéndose en parada obligatoria. ¡Que lejos nos fuimos desde Chepo!

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