Belisario Porras: Donde le dejamos
Publicado 2006/12/01 00:00:00
- Dr. Miguel Antonio Bernal
Seguimos "como arrieras sin pestañas", de tumbo en tumbo, mientras que la vocación de gobernar se ha visto obligada a ceder su lugar al afán de las principales autoridades por engañar, robar, lucrar, figurar.
EN EL sesquicentenario del nacimiento del más ilustre santeño, cabe recordar que: "La historia de la humanidad -nos dice Don Rafael Moscote- nos ofrece incontables ejemplos de figuras destacadas que lograron sintetizar las aspiraciones y los entusiasmos de sus contemporáneos y aun de las generaciones posteriores en la inevitable evolución sociológica de los pueblos. En el caso particular de la historia del Istmo, una de esas figuras prestantes que simbolizó toda una época, sobresaliente por mil motivos, es la del doctor Belisario Porras, varias veces Presidente de la República".
Nos dice Manuel Octavio Sisnett en su majestuosa obra "Belisario Porras o la Vocación de la Nacionalidad", (premiada con el Primer Premio en Concurso de Biografía del Centenario del Dr. Belisario Porras): "En Porras, el pedagogo afloraba en cada sentencia. Expresaba sus íntimas convicciones como también sus más caras ilusiones. No podía terminar sin mostrar lo que siempre fue, el moralista empedernido en constante lucha por el bien y por la vida virtuosa. Por moralista era severo y hasta llegar a veces a la crueldad porque era un despiadado con los transgresores de la moral y la virtud. El eco de su voz resonaba más fuerte que nunca: "No concluiré sin expresar la convicción de que la moralidad política prevalecerá en mi administración, pues no toleraré la menor violación de los deberes legales y morales que contraen todos los que van a entrar a colaborar en mi gobierno".
Es con Porras que aprendemos que: "Panamá por su situación excepcional, por su historia y por su independencia está más obligada a la unión de sus hijos más que ninguna otra nación. La garantía de nuestra conservación es solo efectivamente esa: la unión". Algo que ha sido alegre e irresponsablemente olvidado por quienes llevan -desde el gobierno actual- a nuestro país por derroteros contrarios a los intereses nacionales y sociales de las grandes mayorías.
El premeditado olvido del sesquicentenario del nacimiento del Doctor Belisario Porras, por parte de los responsables de los Órganos del Estado y de los rectores de las decenas de universidades que hay en Panamá, nos recuerdan que la crisis constitucional por la que atraviesa actualmente la formación social panameña es, cada día, más patética. La inversión de valores alcanza un nivel donde el cinismo y autoritarismo despachan a sus ansias.
Seguimos "como arrieras sin pestañas", de tumbo en tumbo, mientras que la vocación de gobernar se ha visto obligada a ceder su lugar al afán de las principales autoridades por engañar, robar, lucrar, figurar.
Y dado que cada día se tiende a olvidar -o ignorar- que la democracia es un proceso, una tarea pendiente, recurrir a la vida y obra de Belisario Porras, una de las pocas figuras del pasado siglo, cuya trayectoria como estadista, como político, como luchador, como polemista, como escritor, como profesor, no es muy apreciada por los actuales factores reales de poder. La sola mención de su nombre los desacredita y resalta la mediocridad que les caracteriza. Resulta entonces obligatorio para quienes rechazamos el secuestro de nuestros valores ciudadanos, de nuestras instituciones y garantías fundamentales.
Es Porras el que pregona que: "La libertad es como la virginidad y como el pudor y como el honor. El despotismo es imposible cuando los hombres hacen usos de sus derechos y mantienen el culto de su libertad y practican sus virtudes ciudadanas". En su discurso ante la Asamblea Nacional el 1 de octubre de 1920, al tomar posesión de la presidencia de la República en su tercer mandato, refiriéndose al esfuerzo a realizar por el progreso del país, subrayaba: "El camino pudiera considerarse largo, pero ningún camino lo es tanto ni demasiado para el pueblo que avanza deliberadamente. Alguien ha hecho un cálculo de lo que andaría un hombre caminando con vigor tres horas diarias: recorrería en siete años un espacio igual al de la circunferencia del globo. De modo que la realización de nuestra cultura, de nuestro engrandecimiento y de nuestro progreso, como el éxito de todas las empresas, de las más grandes como de las más difíciles, depende sólo de la firmeza y de la perseverancia que son las virtudes romanas por excelencia, con las cuales se realizan, y no con la fuerza, todas las grandes obras. Son ellas, en efecto, las que dan poder al débil, riqueza al pobre, renombre al héroe, respeto y consideración al sabio, culto al santo y al patriota el amor a los pueblos".
Qué lejos estamos de donde dejamos a Porras. Es tiempo que nos acerquemos más al pensamiento y a la acción de quien nos enseñó que: "La Ley de la democracia, es la renovación y el cambio".
La precaria condición de los cementerios no es exclusiva del distrito de La Chorrera.
Allá y acá, en San Miguelito, ya no existe un espacio físico para enterrar a los muertos. Los camposantos del centro de la ciudad están saturados.
Ese el caso de los cementerios municipales de Concepción, Pueblo Nuevo, Juan Díaz y Amador.
Los cementerios hace poco fueron divididos por corregimientos y muchos sepelios no se podrán realizar en el mismo sector, porque no hay espacio para un muerto más.
Nilsa de Caballero, del Municipio de Panamá dice que en el 2003 se construyó el cementerio municipal de Utivé, pero que aunque el estudio de mercado apuntaba a 80 años de duración, sólo durará la mitad (40 años).
Pero, no todo queda allí. En el distrito de Panamá hay 11 cementerios y todos han sido auditados.
La morosidad en siete de ellos es alarmante.
Según informes del departamento de Servicios Funerarios, hasta el 31 de agosto de este año, la morosidad en el pago de la tasa de mantenimiento ascendía a B/.373 mil 775 con 95, mientras que al 31 de julio superó B/.375 mil 889 con 10.
En la actualidad la mora en los camposantos capitalinos es de B/.400 mil. Una fosa cuesta B/.48 y se debe pagar B/.10 anuales después de 3 años. En una bóveda se paga B/.135 y después de cuatro años se paga B/.30 anuales. En el cementerio de Juan Díaz una cripta cuesta B/.175.
Nos dice Manuel Octavio Sisnett en su majestuosa obra "Belisario Porras o la Vocación de la Nacionalidad", (premiada con el Primer Premio en Concurso de Biografía del Centenario del Dr. Belisario Porras): "En Porras, el pedagogo afloraba en cada sentencia. Expresaba sus íntimas convicciones como también sus más caras ilusiones. No podía terminar sin mostrar lo que siempre fue, el moralista empedernido en constante lucha por el bien y por la vida virtuosa. Por moralista era severo y hasta llegar a veces a la crueldad porque era un despiadado con los transgresores de la moral y la virtud. El eco de su voz resonaba más fuerte que nunca: "No concluiré sin expresar la convicción de que la moralidad política prevalecerá en mi administración, pues no toleraré la menor violación de los deberes legales y morales que contraen todos los que van a entrar a colaborar en mi gobierno".
Es con Porras que aprendemos que: "Panamá por su situación excepcional, por su historia y por su independencia está más obligada a la unión de sus hijos más que ninguna otra nación. La garantía de nuestra conservación es solo efectivamente esa: la unión". Algo que ha sido alegre e irresponsablemente olvidado por quienes llevan -desde el gobierno actual- a nuestro país por derroteros contrarios a los intereses nacionales y sociales de las grandes mayorías.
El premeditado olvido del sesquicentenario del nacimiento del Doctor Belisario Porras, por parte de los responsables de los Órganos del Estado y de los rectores de las decenas de universidades que hay en Panamá, nos recuerdan que la crisis constitucional por la que atraviesa actualmente la formación social panameña es, cada día, más patética. La inversión de valores alcanza un nivel donde el cinismo y autoritarismo despachan a sus ansias.
Seguimos "como arrieras sin pestañas", de tumbo en tumbo, mientras que la vocación de gobernar se ha visto obligada a ceder su lugar al afán de las principales autoridades por engañar, robar, lucrar, figurar.
Y dado que cada día se tiende a olvidar -o ignorar- que la democracia es un proceso, una tarea pendiente, recurrir a la vida y obra de Belisario Porras, una de las pocas figuras del pasado siglo, cuya trayectoria como estadista, como político, como luchador, como polemista, como escritor, como profesor, no es muy apreciada por los actuales factores reales de poder. La sola mención de su nombre los desacredita y resalta la mediocridad que les caracteriza. Resulta entonces obligatorio para quienes rechazamos el secuestro de nuestros valores ciudadanos, de nuestras instituciones y garantías fundamentales.
Es Porras el que pregona que: "La libertad es como la virginidad y como el pudor y como el honor. El despotismo es imposible cuando los hombres hacen usos de sus derechos y mantienen el culto de su libertad y practican sus virtudes ciudadanas". En su discurso ante la Asamblea Nacional el 1 de octubre de 1920, al tomar posesión de la presidencia de la República en su tercer mandato, refiriéndose al esfuerzo a realizar por el progreso del país, subrayaba: "El camino pudiera considerarse largo, pero ningún camino lo es tanto ni demasiado para el pueblo que avanza deliberadamente. Alguien ha hecho un cálculo de lo que andaría un hombre caminando con vigor tres horas diarias: recorrería en siete años un espacio igual al de la circunferencia del globo. De modo que la realización de nuestra cultura, de nuestro engrandecimiento y de nuestro progreso, como el éxito de todas las empresas, de las más grandes como de las más difíciles, depende sólo de la firmeza y de la perseverancia que son las virtudes romanas por excelencia, con las cuales se realizan, y no con la fuerza, todas las grandes obras. Son ellas, en efecto, las que dan poder al débil, riqueza al pobre, renombre al héroe, respeto y consideración al sabio, culto al santo y al patriota el amor a los pueblos".
Qué lejos estamos de donde dejamos a Porras. Es tiempo que nos acerquemos más al pensamiento y a la acción de quien nos enseñó que: "La Ley de la democracia, es la renovación y el cambio".
La precaria condición de los cementerios no es exclusiva del distrito de La Chorrera.
Allá y acá, en San Miguelito, ya no existe un espacio físico para enterrar a los muertos. Los camposantos del centro de la ciudad están saturados.
Ese el caso de los cementerios municipales de Concepción, Pueblo Nuevo, Juan Díaz y Amador.
Los cementerios hace poco fueron divididos por corregimientos y muchos sepelios no se podrán realizar en el mismo sector, porque no hay espacio para un muerto más.
Nilsa de Caballero, del Municipio de Panamá dice que en el 2003 se construyó el cementerio municipal de Utivé, pero que aunque el estudio de mercado apuntaba a 80 años de duración, sólo durará la mitad (40 años).
Pero, no todo queda allí. En el distrito de Panamá hay 11 cementerios y todos han sido auditados.
La morosidad en siete de ellos es alarmante.
Según informes del departamento de Servicios Funerarios, hasta el 31 de agosto de este año, la morosidad en el pago de la tasa de mantenimiento ascendía a B/.373 mil 775 con 95, mientras que al 31 de julio superó B/.375 mil 889 con 10.
En la actualidad la mora en los camposantos capitalinos es de B/.400 mil. Una fosa cuesta B/.48 y se debe pagar B/.10 anuales después de 3 años. En una bóveda se paga B/.135 y después de cuatro años se paga B/.30 anuales. En el cementerio de Juan Díaz una cripta cuesta B/.175.

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