El desasosiego panameño postpandemia
- José Richard González R.
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- Cirujano Sub Especialista
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Nuestra época no es la primera de la historia del Istmo de Panamá en la que el sentimiento predominante es el desasosiego, la ansiedad, la incertidumbre, y en la que los hombres creen tener el doloroso privilegio de ser una generación con un destino excepcional. Como la historia es periódico de ayer, caemos fácilmente en el error de pensar que todos los periodos anteriores a los españoles, colombianos y gringos fueron pacíficos en comparación con el que vivimos hoy.
Ahora bien, sin exaltarse, podemos decir que la humanidad, en nuestro pequeño rincón de Centroamérica, está atravesando una crisis profunda y grave. Las grandes esperanzas heredadas de las tres décadas pasadas, sobre todo de la última, la esperanza de un bienestar general, de la democracia, la paz, se están desmoronando muy rápido. Ello no sería tan grave si se tratara tan solo fuera una desilusión que afecta a la clase media trabajadora particularmente preocupada por los problemas políticos y sociales. Pero en las condiciones actuales el desasosiego afecta a todos los aspectos de la vida humana y los corrompe, afecta a todas las fuentes de actividad, esperanza y felicidad. La vida privada, en su curso cotidiano, se halla cada vez menos separada de la vida pública, en todos los ámbitos.
La sensación de protección social se ve profundamente afectada en la actualidad; lo cual, por otro lado, no es un mal absoluto. Pero la ausencia total de protección social, sobre todo cuando las catástrofes que se temen no guardan proporción con los recursos que la inteligencia, la acción y el coraje podrían proporcionar, tampoco es favorable a la salud del alma del panameño. Hemos visto cómo, en otros países vecinos, la crisis económica por el desempleo producía estallidos sociales porque sus ciudadanos pensaban que se estaban privando a toda una generación de jóvenes de cualquier esperanza de poder algún día integrarse plenamente en la sociedad, ganar lo suficiente para vivir y alimentar a una familia. Y es probable que próximamente veamos a una nueva generación de jóvenes en el mismo callejón sin salida si no toman en cuenta para decisiones trascendentales.
Hemos visto y vemos cómo las actuales condiciones económicas hacen que la vejez, una vejez sin sostén, comience a los cincuenta años porque nadie los quiere emplear cuando les cesan sus trabajos a esa edad. El miedo a un desempleo generalizado, ha dejado de ser tema de conferencias y publicaciones para convertirse en una preocupación general, que se vuelve cada vez más cotidiana a medida que la canasta básica familiar es inalcanzable.
Los medios modernos de comunicación impregnan cada vez más el sentimiento de que el panameño no tiene control respecto a su futuro personal, ni participación en la democracia deliberativa. La recuperación de los trabajos debe ser el objetivo central de la política pública del país. Su disminución fue uno de los elementos centrales de protesta en las manifestaciones de la mina y la que se escucha en la calle.
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