"El presidente chen-chen"
Publicado 2001/06/04 23:00:00
Con el mantenimiento de relaciones diplomáticas con Taiwan, Panamá viola el Artículo 4 de la Constitución Nacional conforme al cual "la República de Panamá acata las normas del Derecho Internacional". Una de esas normas señala que los Estados miembros de organizaciones internacionales deben cumplir fielmente sus decisiones. La ONU decidió hace tres décadas reconocer que existe una sola China y que su legítimo representante lo es el gobierno de la República Popular China. Es por ello que la República Popular China tiene un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que la casi totalidad de los Estados miembros mantienen relaciones con el gobierno de Beijing.
Con el ofrecimiento del canciller José Miguel Alemán de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China a la vez que se mantienen las relaciones actuales con Taiwan, Panamá viola el Artículo 4 de la Constitución Nacional, porque nuestro país estaría reconociendo dos Estados, independientes el uno del otro, en un acto que constituiría una grave intervención tanto en los asuntos internos de la República Popular China como de Taiwan. En el primer caso, porque ni el pueblo ni el gobierno de la República Popular China aprueba la independencia total de Taiwan, mucho menos la noción de perder una parte de su territorio nacional, aparte de que el gobierno de Beijing realiza extraordinarios esfuerzos por la unificación pacífica con Taiwan. En el caso de Taiwan, porque-diga lo que dijere su presidente--no puede decirse que el pueblo taiwanés apoya la independencia completa y su separación de China continental, habida cuenta de las posiciones contradictorias sobre este punto en amplios sectores de Taiwan. La propuesta del canciller Alemán constituye un atentado al principio de la integridad territorial de la República Popular China porque Taiwan forma parte inalienable del territorio de China Popular, así como un desconocimiento del principio de la autodeterminación tanto de China como del pueblo taiwanés. De tal forma, Panamá viola el principio de no intervención al inmiscuirse en los asuntos internos de otros Estados; atenta contra la soberanía de la República Popular China al violar el principio del respeto a la integridad territorial y el principio del derecho a la autodeterminación, los dos principios esenciales sobre los que descansa la soberanía nacional.
Con el mantenimiento de relaciones diplomáticas con Taiwan, Panamá está desconociendo el principio de reciprocidad (que tan solemnemente invocan en el caso de Cuba para negarles la extradición de terroristas consumados). Taiwan jamás apoyó la lucha de Panamá por su soberanía en la Zona del Canal ni antes, ni durante ni después de las negociaciones de los tratados. En cambio, la China Popular siempre apoyó las reivindicaciones de Panamá frente a Estados Unidos de manera incondicional, desde el 9 de enero de 1964, cuando cientos de millones de personas en las principales ciudades chinas se manifestaron en solidaridad con el pueblo panameño hasta marzo de 1973, cuando el embajador Huang Hua de la República Popular China apoyó los objetivos panameños de materializar su integridad territorial y su independencia nacional en el mismo Palacio Legislativo donde ahora el presidente de Taiwan, que nunca apoyó a Panamá, ha venido a pronunciar palabras insensatas, impertinentes e incoherentes.
El presidente de Taiwan ha dicho que su pueblo tiene derecho a la independencia total, porque su población es de 23 millones de habitantes y la isla nunca ha sido gobernada por Beijing. Estos datos deben confrontarse con 1,200 millones de chinos del continente que rechazan la mutilación territorial. Si el razonamiento de Chen Shui-bian fuera correcto, ello equivaldría a decir que exactamente 2 % o dos centésimas partes de una persona panameña que viva en un pequeñísimo islote perdido en el archipiélago de San Blas o de Las Perlas tendría el derecho a solicitar la independencia nacional. Tal es la proporción de 23 millones de taiwaneses en relación con los 1,200 millones de habitantes de China Popular.
Nuestra política exterior sobre Taiwan/China no descansa sobre principios de Derecho Internacional ni está basada en consideraciones propias de nuestros intereses nacionales. Por el contrario, parece estar basada en factores de otro orden, sean caprichos, complejos coloniales, oportunismo, intereses particulares o personales. Pero también, en el desconocimiento de los métodos de conducción de una política exterior.
El canciller Alemán dijo en su discurso que el gobierno actual dispuso "orientar nuestra política exterior sobre la base de ciertos principios universales, entre los que sobresalen el respeto por la soberanía popular y el derecho a la autodeterminación; la supremacía del sistema democrático de gobierno y la plena vigencia de los derechos humanos."
Independientemente de lo que pensemos al respecto, el hecho es que ni el respeto por la soberanía popular ni la supremacía del sistema democrático de gobierno constituyen "principios universales" como proclama el canciller Alemán. En cambio, la integridad territorial, que sí es un principio universalmente aceptado y reconocido, no aparece mencionado en el discurso de nuestro ministro de Relaciones Exteriores. Es que el reconocimiento de este principio -que rige aunque no sea reconocido por algunos Estados-daría un espaldarazo a los reclamos de Beijing sobre Taiwan, así como un apoyo a Panamá frente a las pretensiones de Estados Unidos de continuar violando nuestra integridad territorial. Ello explica muchas cosas.
En todo caso, sugiero a don Chito Montenegro realizar una investigación en torno a las sumas de dinero donadas, entregadas, puestas a la disposición de Panamá y de panameños políticos durante los últimos siete años para determinar públicamente su finalidad y utilización. Algunos se refieren al presidente Chen Shui-bian como el "presidente chen-chen".
Con el ofrecimiento del canciller José Miguel Alemán de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China a la vez que se mantienen las relaciones actuales con Taiwan, Panamá viola el Artículo 4 de la Constitución Nacional, porque nuestro país estaría reconociendo dos Estados, independientes el uno del otro, en un acto que constituiría una grave intervención tanto en los asuntos internos de la República Popular China como de Taiwan. En el primer caso, porque ni el pueblo ni el gobierno de la República Popular China aprueba la independencia total de Taiwan, mucho menos la noción de perder una parte de su territorio nacional, aparte de que el gobierno de Beijing realiza extraordinarios esfuerzos por la unificación pacífica con Taiwan. En el caso de Taiwan, porque-diga lo que dijere su presidente--no puede decirse que el pueblo taiwanés apoya la independencia completa y su separación de China continental, habida cuenta de las posiciones contradictorias sobre este punto en amplios sectores de Taiwan. La propuesta del canciller Alemán constituye un atentado al principio de la integridad territorial de la República Popular China porque Taiwan forma parte inalienable del territorio de China Popular, así como un desconocimiento del principio de la autodeterminación tanto de China como del pueblo taiwanés. De tal forma, Panamá viola el principio de no intervención al inmiscuirse en los asuntos internos de otros Estados; atenta contra la soberanía de la República Popular China al violar el principio del respeto a la integridad territorial y el principio del derecho a la autodeterminación, los dos principios esenciales sobre los que descansa la soberanía nacional.
Con el mantenimiento de relaciones diplomáticas con Taiwan, Panamá está desconociendo el principio de reciprocidad (que tan solemnemente invocan en el caso de Cuba para negarles la extradición de terroristas consumados). Taiwan jamás apoyó la lucha de Panamá por su soberanía en la Zona del Canal ni antes, ni durante ni después de las negociaciones de los tratados. En cambio, la China Popular siempre apoyó las reivindicaciones de Panamá frente a Estados Unidos de manera incondicional, desde el 9 de enero de 1964, cuando cientos de millones de personas en las principales ciudades chinas se manifestaron en solidaridad con el pueblo panameño hasta marzo de 1973, cuando el embajador Huang Hua de la República Popular China apoyó los objetivos panameños de materializar su integridad territorial y su independencia nacional en el mismo Palacio Legislativo donde ahora el presidente de Taiwan, que nunca apoyó a Panamá, ha venido a pronunciar palabras insensatas, impertinentes e incoherentes.
El presidente de Taiwan ha dicho que su pueblo tiene derecho a la independencia total, porque su población es de 23 millones de habitantes y la isla nunca ha sido gobernada por Beijing. Estos datos deben confrontarse con 1,200 millones de chinos del continente que rechazan la mutilación territorial. Si el razonamiento de Chen Shui-bian fuera correcto, ello equivaldría a decir que exactamente 2 % o dos centésimas partes de una persona panameña que viva en un pequeñísimo islote perdido en el archipiélago de San Blas o de Las Perlas tendría el derecho a solicitar la independencia nacional. Tal es la proporción de 23 millones de taiwaneses en relación con los 1,200 millones de habitantes de China Popular.
Nuestra política exterior sobre Taiwan/China no descansa sobre principios de Derecho Internacional ni está basada en consideraciones propias de nuestros intereses nacionales. Por el contrario, parece estar basada en factores de otro orden, sean caprichos, complejos coloniales, oportunismo, intereses particulares o personales. Pero también, en el desconocimiento de los métodos de conducción de una política exterior.
El canciller Alemán dijo en su discurso que el gobierno actual dispuso "orientar nuestra política exterior sobre la base de ciertos principios universales, entre los que sobresalen el respeto por la soberanía popular y el derecho a la autodeterminación; la supremacía del sistema democrático de gobierno y la plena vigencia de los derechos humanos."
Independientemente de lo que pensemos al respecto, el hecho es que ni el respeto por la soberanía popular ni la supremacía del sistema democrático de gobierno constituyen "principios universales" como proclama el canciller Alemán. En cambio, la integridad territorial, que sí es un principio universalmente aceptado y reconocido, no aparece mencionado en el discurso de nuestro ministro de Relaciones Exteriores. Es que el reconocimiento de este principio -que rige aunque no sea reconocido por algunos Estados-daría un espaldarazo a los reclamos de Beijing sobre Taiwan, así como un apoyo a Panamá frente a las pretensiones de Estados Unidos de continuar violando nuestra integridad territorial. Ello explica muchas cosas.
En todo caso, sugiero a don Chito Montenegro realizar una investigación en torno a las sumas de dinero donadas, entregadas, puestas a la disposición de Panamá y de panameños políticos durante los últimos siete años para determinar públicamente su finalidad y utilización. Algunos se refieren al presidente Chen Shui-bian como el "presidente chen-chen".

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