El silencio, 21 años después
- Santiago Fascetto
Pasaron 21 años desde que un avión militar
del gobierno de Estados Unidos sacó de Panamá a Manuel Antonio Noriega, tras la invasión al país en 1989 y su posterior captura.
En la fotografía de Noriega subiendo al avión militar en la base de Howard, el 4 de enero de 1990, se puede observar a una persona vestida con mameluco verde militar, el pelo oscuro, robusto y con ojos desafiantes. Tenía 55 años.
Ya esa persona, la misma que llevó al país al abismo, dejó de existir. Noriega, encerrado en una cárcel en Miami (Florida) durante casi dos décadas años acusado por sus vínculos con un cartel de la droga colombiano, se convirtió en un señor mayor, encorvado y canoso. Así se lo vio durante su traslado de Estados Unidos a Francia, lugar en el que espera ahora su último viaje de regreso a Panamá.
También, Noriega se convirtió en una tumba de sus secretos.
En todos los años en el exterior, Noriega nunca reveló toda la información que sólo él sabe y que involucran a una parte importante de la sociedad panameña: desde empresarios, empleados y militares hasta políticos de todos los signos.
Todos ellos, todos los que convivieron con la dictadura de Noriega, deben conocer o saber algo del pasado cruento.
Y allí no hay excepciones. Porque en esa época no las había: a favor o en contra era la posición.
Y ese “en contra” significaba el exilio. El destierro.
Noriega deberá responder en Panamá, si llega al país antes de fin de años como se anunció, por sus acusaciones y las condenas que le impuso la Justicia de Panamá.
Y muchas otras personas deberán, además, comenzar a dar explicaciones cuando el hombre que manejó Panamá a sangre y fuego durante 6 años –con la complicidad de muchos- comience a hablar y haga trizas el absoluto silencio que se autoimpuso durante muchísimos años.
Sus años lejos del istmo.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.