Historia de la ruta
Estados Unidos y el Canal
- Mario Castro Arenas/Abogado, escritor y periodista
Abogado, escritor y periodista Después de que Estados Unidos decidiera consolidarse territorialmente con la adquisición de Alaska a los rusos, Florida a los españoles y Luisiana
Después de que Estados Unidos decidiera consolidarse territorialmente con la adquisición de Alaska a los rusos, Florida a los españoles y Luisiana a los franceses, el destino manifiesto miró hacia los mares. El viajero alemán Alexander von Humboldt, luego de explorar América Latina, escribió a Goethe: “Yo me sorprendería si los Estados Unidos dejasen escapar la oportunidad de realizar el trabajo con sus manos. No solo sería deseable, sino casi necesaria una comunicación más rápida entre la costa oriental y occidental de Norteamérica tanto por barcos mercantes como por buques de guerra”.
Cuando Humboldt presagió el destino talasocrático de Estados Unidos, esto es el dominio de los mares por Atenas, estaban en la liza los proyectos de construcción del canal interoceánico por Nicaragua y el istmo de Tehuantepec. Las incursiones de bucaneros y filibusteros ingleses por las costas sudamericanas y centroamericanas fueron las primeras señales del imperio británico para romper el monopolio comercial hispano. Después la Corona británica empezó a interesarse en forma oficial por su presencia en tierras americanas. Miles P. Duval Jr. recogió en su libro “Cádiz a Catay” la experiencia náutica del capitán Bartolomew Sharpe que cruzó el istmo hacia el río Tuira y dejó la información estratégica de que no había cadenas montañosas, sino anchurosos y bajos valles. Al conocer la información, el aventurero escocés William Paterson se lanzó al osado proyecto de establecer una colonia británica en Darién en 1695.
La penetración británica no se desalentó por el fracaso de Paterson, sino que logró desbaratar los controles españoles en Centroamérica, excitando a los misquitos a independizarse, pasaron a ser súbditos británicos y nombraron un rey misquito.
Benjamin Franklin fue uno de los primeros norteamericanos en convencerse de la viabilidad del canal por el istmo panameño. Recibió la carta de un galeote francés a favor de la unión de los mares por Panamá y Egipto. A partir de entonces empezó a germinar la estrategia norteamericana de anular los proyectos británicos mediante una astuta concepción de tratados diplomáticos para contener a la Santa Alianza; el objetivo era frenar a Inglaterra.
La declaración del presidente James Monroe en el mensaje anual al Congreso del 2 de diciembre de 1823 señaló como punto fundamental que “los continentes americanos no podrán considerarse ya como campo de futura colonización por ninguna nación europea”. Fue el secretario de Estado John Quincey Adams quien concibió la declaración como el motor de la política exterior norteamericana, hilvanada con los tratados Clayton-Bulwer de 1850, Hay-Pauncefote de 1901. Monroe consultó a Jefferson en su retiro de Monticello, quien le escribió una nota: “Nuestra primera y fundamental máxima sería nunca enredarnos con las riñas de Europa; nuestra segunda máxima: nunca tolerar que Europa se inmiscuya en nuestros asuntos del Atlántico. América, norte y sur, tiene una serie de intereses diferentes de aquellos de Europa que le son peculiares”.
Quedó despejado el campo para que Gran Bretaña se limitara a persistir en influir en el territorio de los misquitos. El tratado Clayton-Bulwer destacó en uno de sus artículos que “ningún gobierno sostendrá jamás para sí mismo ningún predominio sobre el canal nicaragüense, que ninguno mantendrá jamás fortificaciones que lo dominen o que estén en sus inmediaciones; ni ocupará ni fortificará, ni colonizará a Nicaragua, Costa Rica y la costa de Mosquitia”.
Sin embargo, la invasión de William Walker a Nicaragua, con la ayuda de Accesory Transit Company y con mercenarios norteamericanos, agrietó la formalidad jurídica del tratado Clayton-Bulwer. Gran Bretaña denunció como una maniobra de piratería las incursiones de Walker, que llegó a proclamarse dictador de Nicaragua. Bajo un alud de invectivas contra Estados Unidos.
Teniendo en cuenta las dificultades del canal de Nicaragua, Estados Unidos volcó el interés a Nueva Granada. Fruto de la estrategia fue la suscripción del convenio Sullivan-Samper Cuenca de 1869, el primer intento norteamericano de negociar un acuerdo con el Gobierno colombiano. El Senado de Estados Unidos desestimó ratificar el tratado. Cuando Ulises Grant asumió la presidencia se aproximó al tema del canal. Miles P. Duval transcribe párrafos de su primer mensaje anual al Congreso: “El asunto de un canal interoceánico para unir los océanos Atlántico y Pacífico a través del istmo del Darién es un proyecto en el cual está sumamente interesado el comercio. Se le han dado instrucciones a nuestro ministro de los Estados Unidos en Colombia para que trate de obtener una autorización a fin de que este gobierno haga un estudio y así asegure la factibilidad de tal empresa, y un derecho de efectuarlo por una empresa privada, si dicho estudio prueba que puede ser factible”.
La primera revolución industrial ayudó a los ingleses a construir barcos a vapor más rápidos que los de madera lentos y pesados que demoraban meses en cruzar el Cabo de Hornos. Los descendientes de los puritanos del Mayflower construyeron clips y veleros de acero más rápidos. Abrieron un canal por el istmo, desvaneciendo la ambición británica de hacerlo en Nicaragua o en Tehuantepec.
Cuando los políticos colombianos se enzarzaron en contiendas menudas acerca del canal ístmico, el destino manifiesto de Jefferson, siguió con Monroe y el primer Roosevelt para converger en la creación de una república en la cintura centroamericana. Para escándalo de los políticos bogotanos, un médico y un abogado nacidos en Nueva Granada -Manuel Amador Guerrero y Eusebio Morales- diseñaron en medio de tratados inequitativos, humillaciones personales y compras de conciencias, un nuevo país, un nuevo canal, un camino más corto para unir el mundo.

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