Fiestas de fin de año
Publicado 2002/12/28 00:00:00
- Katherine Palacio P./CrÃtica
Llamamos así a la Navidad y el recibimiento del Año Nuevo. La Natividad del Seño debiera significar algo más profundo que una época en que compramos regalos indiscriminadamente porque pareciera que fuera la única oportunidad de cumplir con las personas que, por una u otra razón, debemos demostrarles agradecimiento o cariño. Mientras los comerciantes nos anuncian sin límite los productos a la venta para quedar bien con los demás, nuestro bolsillo enflaquece y se convierte en bolsa vacía
Pero, no sólo es lo que se gasta, sino también el tiempo que se necesita desde que hacemos la lista (y siempre se nos queda alguien, a veces importante), decidimos qué regalar a cada uno o una, comprarlo, envolverlos y repartirlos. Cuando acabamos estamos tan cansados que las cenas a las que hemos sido invitados, no tienen atractivo. Preferiríamos acostarnos a las ocho de la noche y celebrar la Navidad de Tailandia.
¿Realmente, nos percatamos de lo que es el nacimiento de Jesús? ¿Qué significado tuvo para la humanidad y en qué forma cambió la vida de millones de personas? Es el Mesías esperado para redimir al mundo, es el hijo de Dios hecho hombre y la celebración de su cumpleaños debe ser de alegría, pero no de gastadera y comedera.
Panamá, como país pequeño y joven, tenía la influencia española de la Navidad. Cuando era niña en Las Tablas, nos vestían de pastores y pastoras para adorar al Niño Dios. Veníamos cantando desde una esquina, por la calle hasta la iglesia, cada uno con algo que ofrecerle y lo hacíamos en versos. Por ejemplo, recuerdo uno que decía: "Como buena pastora | venida de la granja | al Niño Dios le traigo| este ramo de naranjas. Así desfilábamos en ofrenda y con adoración. Cuando pedíamos regalos lo hacíamos al Niño Dios y arreglábamos nacimientos en las casas. Hoy no existen pastores ni pastoras; los nacimientos en las iglesias no llaman la atención, sólo vale la pena visitar algunos particulares que son hermosos y no les falta nada. Los arbolitos no faltan en las casas, igual que los adornos modernos; los niños piden sus regalos a Santa y los villancicos no son los españoles sino de Norteamérica. Ya sé que la vida cambia, no lo critico, sólo lo comento.
Pero, como la costumbre es regalar y comer, ¿qué hacemos con los pobres que no tienen, mientras para otros sobra?
¿Qué del Año Nuevo? Otra fiesta para parrandear, sin reflexiones, sin propósitos, sin metas para el año que viene, sin análisis del año que pasa para percatarnos de si hicimos bien o mal nuestras cosas, en qué fracasamos o triunfamos; qué nos quedó sin terminar o llevar a cabo y por qué. La metas en la vida son importantes; llenan nuestras expectativas cuando las tenemos y las cumplimos y sirven de enseñanza cuando las pensamos y no las terminamos. Esas metas son las que harán de la vida una etapa positiva o negativa; quienes no las tienen, no esperan futuro y aquellos que hacen la lista de metas y las guardan, no llenan sus esperanzas de salir adelante. Quienes se rezagan voluntariamente, pasan por la vida sin ilusiones, sin ambiciones ni aspiran a mejorar su forma de vida, accediendo a posiciones desde las que ven el triunfo al alcance de sus manos.
Sólo cuando nuestra autoestima es alta y sólida, superaremos los escollos que la vida pone siempre en nuestro camino. Cuando tenemos una sonrisa permanente, logramos lo que deseamos con mayor facilidad y sentimos la felicidad más cerca nuestra. Hace un día leía algo como sonríe siempre porque no sabes en qué momento alguien se enamorará de tu sonrisa. Ser feliz y estar satisfecho con uno mismo, van de la mano. Recordemos que la felicidad no viene, uno la hace o la deshace, la encuentra o la pierde. Hagamos el propósito de encontrarla permanente durante el próximo año para hacer de ella nuestra eterna compañera. Ser feliz debe ser nuestra meta. ¡Feliz Año!
Pero, no sólo es lo que se gasta, sino también el tiempo que se necesita desde que hacemos la lista (y siempre se nos queda alguien, a veces importante), decidimos qué regalar a cada uno o una, comprarlo, envolverlos y repartirlos. Cuando acabamos estamos tan cansados que las cenas a las que hemos sido invitados, no tienen atractivo. Preferiríamos acostarnos a las ocho de la noche y celebrar la Navidad de Tailandia.
¿Realmente, nos percatamos de lo que es el nacimiento de Jesús? ¿Qué significado tuvo para la humanidad y en qué forma cambió la vida de millones de personas? Es el Mesías esperado para redimir al mundo, es el hijo de Dios hecho hombre y la celebración de su cumpleaños debe ser de alegría, pero no de gastadera y comedera.
Panamá, como país pequeño y joven, tenía la influencia española de la Navidad. Cuando era niña en Las Tablas, nos vestían de pastores y pastoras para adorar al Niño Dios. Veníamos cantando desde una esquina, por la calle hasta la iglesia, cada uno con algo que ofrecerle y lo hacíamos en versos. Por ejemplo, recuerdo uno que decía: "Como buena pastora | venida de la granja | al Niño Dios le traigo| este ramo de naranjas. Así desfilábamos en ofrenda y con adoración. Cuando pedíamos regalos lo hacíamos al Niño Dios y arreglábamos nacimientos en las casas. Hoy no existen pastores ni pastoras; los nacimientos en las iglesias no llaman la atención, sólo vale la pena visitar algunos particulares que son hermosos y no les falta nada. Los arbolitos no faltan en las casas, igual que los adornos modernos; los niños piden sus regalos a Santa y los villancicos no son los españoles sino de Norteamérica. Ya sé que la vida cambia, no lo critico, sólo lo comento.
Pero, como la costumbre es regalar y comer, ¿qué hacemos con los pobres que no tienen, mientras para otros sobra?
¿Qué del Año Nuevo? Otra fiesta para parrandear, sin reflexiones, sin propósitos, sin metas para el año que viene, sin análisis del año que pasa para percatarnos de si hicimos bien o mal nuestras cosas, en qué fracasamos o triunfamos; qué nos quedó sin terminar o llevar a cabo y por qué. La metas en la vida son importantes; llenan nuestras expectativas cuando las tenemos y las cumplimos y sirven de enseñanza cuando las pensamos y no las terminamos. Esas metas son las que harán de la vida una etapa positiva o negativa; quienes no las tienen, no esperan futuro y aquellos que hacen la lista de metas y las guardan, no llenan sus esperanzas de salir adelante. Quienes se rezagan voluntariamente, pasan por la vida sin ilusiones, sin ambiciones ni aspiran a mejorar su forma de vida, accediendo a posiciones desde las que ven el triunfo al alcance de sus manos.
Sólo cuando nuestra autoestima es alta y sólida, superaremos los escollos que la vida pone siempre en nuestro camino. Cuando tenemos una sonrisa permanente, logramos lo que deseamos con mayor facilidad y sentimos la felicidad más cerca nuestra. Hace un día leía algo como sonríe siempre porque no sabes en qué momento alguien se enamorará de tu sonrisa. Ser feliz y estar satisfecho con uno mismo, van de la mano. Recordemos que la felicidad no viene, uno la hace o la deshace, la encuentra o la pierde. Hagamos el propósito de encontrarla permanente durante el próximo año para hacer de ella nuestra eterna compañera. Ser feliz debe ser nuestra meta. ¡Feliz Año!

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