¿Hacia dónde debe ir la salud?
Publicado 2001/03/03 00:00:00
Panamá ha iniciado un nuevo siglo en medio de profundos y complejos problemas sociales. Quizá la mejor expresión de la dificultad que afronta el país está dada por el alto grado de conflicto social que se manifiesta de muy diversas maneras: los altísimos niveles de criminalidad y otros tipos de violencia. Otra manifestación importante del conflicto social es la que evidencian las condiciones de vida de vastos segmentos de la población: gran porcentaje de los panameños vive con necesidades básicas insatisfechas, debatiéndose cada día en medio de la más abyecta miseria.
Se requiere un gran cambio, un compromiso fundamental de la sociedad con la educación, la cultura, el deporte y la formación para el trabajo, con la salud, con la familia, la niñez y la nutrición, capaz de reducir la pobreza, generar una mayor equidad y un mayor capital humano. Sin duda, este es el mejor vehículo para transitar, en un ambiente pacífico y de convivencia social, hacia una sociedad superior. Este compromiso social, además debe contribuir a reducir las condiciones de desigualdad que generan que la población más pobre se involucre en actividades ilegales, polarización social e inestabilidad y, por lo tanto, inestabilidad política.
Tal cambio debe estar fundamentado en una política social que contribuya a que la acumulación individual de capital humano y la formación colectiva de capital social se articulen equilibradamente para potenciar el desarrollo nacional y lograr un crecimiento y desarrollo económico sostenible, con cohesión social. Dicha política debe orientar hacia la búsqueda de una mayor cobertura, equidad, eficiencia y calidad. Uno de los sectores sociales que requiere mayor atención es el de la salud. En Panamá, se pueden identificar varios problemas en este sector que necesitan ser tratados:
Equidad: Aún cuando áreas urbanas cuentan con servicios médicos modernos y sofisticados, muchos panameños tienen un acceso limitado a los servicios, incluso a los de atención básica en salud. La distribución desigual de los gastos en salud concentra los recursos en instalaciones grandes, curativas, en detrimento de la atención preventiva primaria y de la población y rural. Además, los servicios de salud privados no son una alternativa viable para los pobres.
Eficiencia: La asignación de recursos para la salud ha sido insuficiente e ineficiente. Las instituciones de primer nivel reciben pocos fondos, mientras que los recursos se centran en los hospitales de II y III nivel de atención, dando como resultado una baja calidad en el servicio que prestan las instituciones de primer nivel, el congestionamiento de las instituciones de II y III nivel con el consiguiente sobrecosto, aunado a los pocos incentivos para una administración eficiente y a la ausencia de un efectivo sistema de remisiones. Así, la asignación general de recursos se inclina hacia atención curativa más costosa y no hacia un mejoramiento de la salud pública.
Calidad del servicio. La asignación de recursos también ocasiona que la calidad de la prestación de servicios de salud con frecuencia sea pobre, los medicamentos y suministros muchas veces no estén disponibles, y, a menudo, los usuarios tengan que realizar largas filas para recibir la atención.
Se requiere, en lo posible, garantizar la cobertura básica en salud y, con base en la solidaridad, lograr la eficiencia con adecuada calidad; esto es, mejorar la situación de salud mediante el fortalecimiento de la atención preventiva y primaria, reducir al máximo las pérdidas en la prestación de servicios y que estos cumplan con los estándares básicos de calidad, brindando así atención de la calidad más elevada, de acuerdo con los recursos disponibles.
Los problemas actuales -de tipo estructural- constituyen un enorme desafío para la administración de los recursos del sector, máxime en un ambiente en el que las decisiones están determinadas por la escasez de recursos disponibles y donde se requiere que dichas decisiones generen efectos externos positivos. Así, las decisiones de cómo combinar los recursos productivos escasos para obtener bienes y servicios que respondan a las necesidades de salud de la población es una labor que no sólo se requiere del concurso de los distintos actores sociales, sino también un elevado grado de rigurosidad científico técnica que permita, precisamente, la toma de decisiones basada en la evidencia. Entonces, no sólo se debe centrar la atención en la asignación de los recursos escasos de la sociedad sino en el logro de una adecuada asimilación de nuevos conceptos en el campo de la salud que han permitido a muchos sistemas sanitarios significativos avances en cobertura, eficiencia y calidad.
Es esencial un cambio, que en gran medida encuentre su origen en la academia y que permita la incorporación, en la gestión de la salud, de profesionales con capacidades orientadas a promover la búsqueda de la justicia social, el bienestar y el desarrollo del ser humano, mediante la investigación y análisis de la problemática del sector salud, su estructura, factores causales, interrelaciones y dinámica, entendiendo la salud-enfermedad como un proceso multicausal, intersectorial y de relatividad hostócico-cultural, con el fin de formular políticas de salud coherentes con las necesidades de la población, con los recursos, y que se constituyen en pilar de un sistema de seguridad social integral. Así como diseñar y guiar sistemas, redes y organizaciones hacia el mejoramiento del nivel de salud de la población en el contexto de la eficiencia, la calidad y la equidad social.
Se requiere un gran cambio, un compromiso fundamental de la sociedad con la educación, la cultura, el deporte y la formación para el trabajo, con la salud, con la familia, la niñez y la nutrición, capaz de reducir la pobreza, generar una mayor equidad y un mayor capital humano. Sin duda, este es el mejor vehículo para transitar, en un ambiente pacífico y de convivencia social, hacia una sociedad superior. Este compromiso social, además debe contribuir a reducir las condiciones de desigualdad que generan que la población más pobre se involucre en actividades ilegales, polarización social e inestabilidad y, por lo tanto, inestabilidad política.
Tal cambio debe estar fundamentado en una política social que contribuya a que la acumulación individual de capital humano y la formación colectiva de capital social se articulen equilibradamente para potenciar el desarrollo nacional y lograr un crecimiento y desarrollo económico sostenible, con cohesión social. Dicha política debe orientar hacia la búsqueda de una mayor cobertura, equidad, eficiencia y calidad. Uno de los sectores sociales que requiere mayor atención es el de la salud. En Panamá, se pueden identificar varios problemas en este sector que necesitan ser tratados:
Equidad: Aún cuando áreas urbanas cuentan con servicios médicos modernos y sofisticados, muchos panameños tienen un acceso limitado a los servicios, incluso a los de atención básica en salud. La distribución desigual de los gastos en salud concentra los recursos en instalaciones grandes, curativas, en detrimento de la atención preventiva primaria y de la población y rural. Además, los servicios de salud privados no son una alternativa viable para los pobres.
Eficiencia: La asignación de recursos para la salud ha sido insuficiente e ineficiente. Las instituciones de primer nivel reciben pocos fondos, mientras que los recursos se centran en los hospitales de II y III nivel de atención, dando como resultado una baja calidad en el servicio que prestan las instituciones de primer nivel, el congestionamiento de las instituciones de II y III nivel con el consiguiente sobrecosto, aunado a los pocos incentivos para una administración eficiente y a la ausencia de un efectivo sistema de remisiones. Así, la asignación general de recursos se inclina hacia atención curativa más costosa y no hacia un mejoramiento de la salud pública.
Calidad del servicio. La asignación de recursos también ocasiona que la calidad de la prestación de servicios de salud con frecuencia sea pobre, los medicamentos y suministros muchas veces no estén disponibles, y, a menudo, los usuarios tengan que realizar largas filas para recibir la atención.
Se requiere, en lo posible, garantizar la cobertura básica en salud y, con base en la solidaridad, lograr la eficiencia con adecuada calidad; esto es, mejorar la situación de salud mediante el fortalecimiento de la atención preventiva y primaria, reducir al máximo las pérdidas en la prestación de servicios y que estos cumplan con los estándares básicos de calidad, brindando así atención de la calidad más elevada, de acuerdo con los recursos disponibles.
Los problemas actuales -de tipo estructural- constituyen un enorme desafío para la administración de los recursos del sector, máxime en un ambiente en el que las decisiones están determinadas por la escasez de recursos disponibles y donde se requiere que dichas decisiones generen efectos externos positivos. Así, las decisiones de cómo combinar los recursos productivos escasos para obtener bienes y servicios que respondan a las necesidades de salud de la población es una labor que no sólo se requiere del concurso de los distintos actores sociales, sino también un elevado grado de rigurosidad científico técnica que permita, precisamente, la toma de decisiones basada en la evidencia. Entonces, no sólo se debe centrar la atención en la asignación de los recursos escasos de la sociedad sino en el logro de una adecuada asimilación de nuevos conceptos en el campo de la salud que han permitido a muchos sistemas sanitarios significativos avances en cobertura, eficiencia y calidad.
Es esencial un cambio, que en gran medida encuentre su origen en la academia y que permita la incorporación, en la gestión de la salud, de profesionales con capacidades orientadas a promover la búsqueda de la justicia social, el bienestar y el desarrollo del ser humano, mediante la investigación y análisis de la problemática del sector salud, su estructura, factores causales, interrelaciones y dinámica, entendiendo la salud-enfermedad como un proceso multicausal, intersectorial y de relatividad hostócico-cultural, con el fin de formular políticas de salud coherentes con las necesidades de la población, con los recursos, y que se constituyen en pilar de un sistema de seguridad social integral. Así como diseñar y guiar sistemas, redes y organizaciones hacia el mejoramiento del nivel de salud de la población en el contexto de la eficiencia, la calidad y la equidad social.

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